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Binner y el socialismo santafesino: ¿solo una piedra en el zapato del proyecto nacional y popular?

Desde el triunfo de Binner en 2007 Santa Fe ha constituido un problema para el kirchnerismo. La existencia de un gobierno provincial exitosos, de claro perfil progresista, y  no allanado a la voluntad política del gobierno nacional constituyó desde entonces una molesta piedra en el zapato kirchnerista. Frente a ello, desde la Casa Rosada se desarrollaron tres estrategias sucesivas.

La primera de ellas consistió en un apenas velado intento de cooptación. Durante 2007 y comienzos de 2008 Néstor Kirchner avanzó confiado en sus intentos de atraer hacia el oficialismo nacional al gobernador socialista y a otros dirigentes importantes del PS provincial, incluyendo al intendente de Rosario Miguel Lifschitz. Además de la supuesta afinidad ideológica, confiaba sobre todo en el poder de las transferencias fiscales discrecionales que tan bien habían funcionado con los gobernadores radicales.

Aunque Binner supo tener gestos de acercamiento al gobierno, diversos factores – entre los cuales no es menor y merece destacarse la existencia de una organización partidaria- lo llevaron a conservar la autonomía, lo cual le permitió suscribir ciertas decisiones del gobierno nacional y tomar distancia de muchas otras.

El fracaso de la operatoria de cooptación llevó al gobierno a implementar la estrategia de guerra fría. Mientras desde los ministerios de economía y planificación se aplicaban y dosificaban los castigos correspondientes retaceando y demorando transferencias, o suspendiendo obras públicas, los voceros del progresismo kirchnerista debieron hacer un importante esfuerzo para ignorar que en la tercera provincia argentina se estaba desarrollando una experiencia de gobierno por muchas – y buenas – razones, novedosa. Ese esfuerzo incluyó, por ejemplo, y entre otras muchas cosas, mirar para otro lado cuando los intentos del gobierno santafesino por gravar los ingresos de las grandes empresas eran boicoteados por las bancadas peronistas de la provincia para evitar un “impuestazo a la producción”. Pactar con el reutemanismo hasta el límite que éste decidiera  también fue parte de esta estrategia.

Finalmente, y ante la proximidad de las elecciones provinciales sumadas a la postulación presidencial de Binner, la estrategia viró hacia la confrontación abierta. Ésta se inició mediante una campaña de denuncias promovida por el aparato de propaganda del gobierno nacional y fue coronada por las críticas directas de la presidenta al gobernador y a su gestión, seguidas por los insultos de Rossi.

Como había ocurrido en la Ciudad de Buenos Aires, la campaña de descalificación del adversario no cosechó enormes adhesiones, el gobierno provincial fue ratificado por la voluntad electoral, y el candidato representante del gobierno nacional obtuvo un resultado magro de acuerdo a las expectativas. El agravante en este caso, a la hora de explicar – o culpar- el voto de los santafesinos, es que quien se ha impuesto sobre los candidatos del gobierno no es un neoliberal empresario sino un tradicional partido socialdemócrata que organizó un eficiente sistema de salud pública, que paga los mejores salarios docentes del país del país y que, para colmo, apoyó en el Congreso la estatización de las jubilaciones y de aerolíneas.

En cualquier caso, la decisión de la presidenta de involucrarse personalmente en el tramo final de la campaña sugiere que la idea planteada originalmente por los voceros del gobierno respecto a que las esperables derrotas provinciales en cadena no harían mella en las chances de Cristina ha sido cuanto menos revisada desde el vértice del poder político nacional. O el gobierno no ha hecho con su intervención otra cosa que “hacerle el juego a la oposición mediática”, dándole a esta seguidilla de elecciones una relevancia que no tenían, o ha evaluado en cambio que duros traspiés sucesivos en Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba pueden efectivamente afectar el clima de triunfo por demolición que el kirchnerismo intentó instalar. Si esta última fuera la razón, quedan pocas dudas de que los principales beneficiados hasta el momento por la intervención presidencial son Hermes Binner y su Frente Progresista. Los resultados de Córdoba del próximo domingo – a partir de la suerte que en ellos tenga Luis Juez – podrían acentuar o moderar esta tendencia.

Posted in Elecciones 2011, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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8 Responses

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  1. fernando says

    El artículo olvida citar el voyo a favor del PS la “ley de medios” y su silencio desde el 2003 ante la megakorrupción.

  2. ju says

    a ver tenemos que entender que el ps tiene una linea que va mucho mas allá dse lo que quieran los medios de comunicacion y las oposiciones por oponerse. El PS discute puertas adentro y en funcion a su programa e ideales acompaña o rechaza. La ley de medios en unp principio fue rechazada porq poretendia sustituir un monopolio por otro el de las telefonicas, cuandio este art se cambió el ps aompaño el sentido demoicratico de la ley, no el potencial uso negativo por parte de alguien. Cuando paso lo de la 125 no fue que voitaron porq prendian fuego la pocia de santafe, sino porque tenian u op proyecto que segmentaba las retenciones. En fin pocas oposiciones son tan pedidas en el sentido de su predisposicion al dialogo y a lpos consensos y tan menos preciadas desde el circo mediatico y la oposicion por oponerse como la de este centenario partido

  3. fernando says

    Yo diría que con opositores como el PS, el kirchnerismo tuvo y tiene motivos pra estar muy tranquilo. Insisto, nunca denunciaron la megakorrupción. Nunca.

  4. pablo says

    para autocomplaciente y sesgado prefiero el analisis de Sarlo de hoy en La Nacion, que demostrando afinidad idelogica con Binner lo promocionan a la presidente ¿se habra vuelto progresista La Nacion o Binner con su ruralidad desbarranco para la derecha?

  5. Guido says

    Creo que habría que hacer una distinción. En términos estrictamente políticos, si bien es cierto que el PS coincidió en varias oportunidades con el FPV en el congreso y no fue demasido contudente a la hora de “plantarse” frente a la corruptela oficial, hay que tener en cuenta que es la primera vez que gobierna una provincia, que no es precisamente la Capital Federal, bajo un régimen con claras derivas centralistas. Aún así, el PS fue capaz de conservar cierta independencia de criterios, especialmente si se lo compara con otros gobernadores (se me viene Fabiana Ríos a la cabeza). Ahora bien, en términos ideológico-políticos, el triunfo de Bonfatti no creo que represente un gran inconveniente para el gobierno nacional, en comparación de la herida que le puede causar Del Sel. Suponer que el PS le puede disputar los votos progresistas al gobierno nacional implica asumir que este último está efectivamente a la izquierda. Esto es muy discutible, pero no creo que lo sea tanto el hecho de que el electorado no se deja llevar por esta clase de clivajes, sino tan solo la franja “ilustrada” de la sociedad. Lo que queda es la pura puja territorial, y acá, como siempre, se las va a tener que arreglar con una forma tradicional de hacer política.

  6. fernando says

    Muy bueno tu análisis Guido, pero sos muy tibio al hablar de “corruptela”. Acertada la comparación con Borocotó Ríos, la foto de Randazzo levantándole la mano de la noche de la elección la describe muy bien (la misma que como diputada denunciaba la korrupción en la peska)

  7. Pablo Díaz says

    lindo análisis pro-PS. pero a propósito de PRO, acá falta el batacazo de Del Sel, no? Cierto, le sacó muchos más votos al PJ que al PS, los votos reutemistas-duhaldistas. Pero igual es un asunto macroscópico que no puede faltar en un análisis sobre estas elecciones.
    Además, Binner se desgastó mucho: perdió 10% de votos desde 2007, perdió senadores a manos de su socio UCR, perdió ahora Diputados con Ma.Ea. Bielsa…saludos

  8. Marcos Novaro says

    Si con tan poco Del Sel le dio semejante susto al frente progresista, sin duda que cabe hacer alguna reflexión autocrítica: una interna desgastante con quien en principio era su candidato mejor instalado, Giustiniani, y la indisposición a sumarlo una vez derrotado, debería estar entre los asuntos fundamentales a destacar, también la dificultad para ubicarse en una postura de “oposición constructiva” por llamarla de alguna manera, frente a un gobierno nacional que se lleva todo por delante. No sólo en términos de contestar más duramente los ataques, sobre todo de asumir que en algunos “gestos de colaboración” hubo simplemente error de evaluación: por ejemplo, la ley de medios. Saludos