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Lo que Macri ganó y lo que Cristina perdió

El kirchnerismo corrió riesgos al confeccionar sus listas de candidatos, que en su momento se justificaron por el interés en crear una base de apoyo más “propia” que la peronista de siempre, y mostrar que había una sola jefa y una sola dueña de los votos. La apuesta no pudo dar peor resultado en Capital Federal (igual que en Santa Fe). Superando un ya acendrado hábito de perder por veinte puntos frente a Macri, el kirchnerismo porteño, que es tal vez una de sus expresiones más auténticas y puras en el país, dejó ver las limitaciones de este fenómeno, sus dificultades para convencer y crear sentido común, para convertir una enorme masa de recursos en políticas y política.

¿Lo que Cristina perdió guarda proporción con lo que ganó Macri? Una discusión que ha estado rebotando de aquí para allá es si él hizo bien en bajarse de la presidencial. Como ganó se podría pensar que sí, pero como lo hizo por un margen mucho mayor al que esperaba se podría sospechar que no. Que tal como en el terreno intelectual le sucediera a Beatriz Sarlo y otros observadores, se asustó en demasía ante la supuesta hegemonía e invencibilidad K. E igual que ella, con sus propios actos, sin querer, terminó mostrando que no era para tanto.

Recordemos que el jefe de gobierno debió tomar su decisión en el peor momento para la oposición, cuando los candidatos de Cristina habían ganado en Catamarca, parecía que también en Chubut, y Solanas, replegado a la ciudad, todavía parecía competitivo. Apenas unas semanas después, con la agenda dominada por escándalos y peleas en el oficialismo, eso suena a historia antigua. Pero lo fundamental es que si Macri le hizo más mal a Cristina bajándose a la ciudad del que tal vez le hubiera hecho como candidato presidencial, fue porque abonó el clima propicio para que la propia Cristina se hiciera a sí misma el mayor de los males: difícilmente se hubiera revelado tan soberbia y facciosa en la confección de las listas oficiales si aquél no hubiera declinado su candidatura.

Aunque también es probable que ahora, pensando en 2015, el jefe de gobierno no esté interesado en llevar las cosas hasta el final, y al contrario, lo esté en reparar parte de ese daño: no puede descartarse que las declaraciones de Vidal y del propio Mauricio en cuanto a que podrían votar a Cristina en octubre fueran tanto una señal para seguir sumando votos en la segunda vuelta como otra para dejar sentado su desinterés en apoyar a cualquier opositor en las presidenciales que vienen, no vaya a ser que les echen sombra para las siguientes. Algo no muy distinto al equilibrio que está intentando De la Sota en Córdoba.

¿La gente votó “a favor” o “en contra de”?, ¿el problema de Filmus fue que no aprovechó los errores de la gestión de Macri y el mérito de este que expresó una “bonanza sin crispasión”? Pudo haber un poco de cada cosa. Lo que en conjunto permite sacar otras dos conclusiones. Primero, la fuerza del conformismo: en la doble competencia entre “quienes administran no del todo mal los recursos públicos” y los que “no violan la ley ni abusan demasiado del poder en su beneficio” Macri fue sin duda superior, aunque pocos puedan considerarlo un modelo envidiable. Si el ejemplo cunde, todos los que anuncian que “venimos bien”, con Scioli a la cabeza, podrán dormir tranquilos. Y las cosas seguirán después de octubre más o menos como han sido hasta aquí. Segundo, el kirchnerismo no ha podido alterar una ecuación inscrita en su mismo origen, la que conjuga los enormes recursos fiscales con que cuenta con votos y demás instrumentos políticos que le son ajenos. Y en su constante y desgastante pelea por romper ese molde ha perdido más de lo que ha ganado. Aunque, cabe preguntarse: si abandonara ese afán, ¿qué quedaría de él? Descartada la opción de corregirse, lo que seguro no podrá permitirse, como no pudo ante este final anunciado del balotaje porteño, es la resignación.

Publicado en el diario La Nacion del 1 de agosto de 2011.

Posted in Elecciones 2011, Internas abiertas, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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4 Responses

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  1. Pablo Díaz says

    El punto es que hoy no hay candidato presidencial competitivo. El único se bajó: Macri. Más allá de que Ella se hubiera comportado con más prudencia al hacer las listas. Igual el cuadro no hubiera cambiado sustacialmente. Y Mauricio ahora juega a la buena convivencia con Ella (las llamadas telefónicas benefician a los dos: él le pidió ser “más maduros”). Todo bien, pero el hueco sigue ahí. Falta uno, y se nota. El 14 se verá. Ahí se termina la fiesta de Clarín. Creo.

  2. Marcos Novaro says

    Bueno, Pablo, parece que MM está corrigiéndose sobre la marcha, y de hablar del 2015 y una convivencia madura con Cristina, pasó hoy a anunciar que va a jugar con alguien en octubre. Habrá que ver si lo hace y en qué consiste esa jugada, pero puede que también para él se estén corriendo los márgenes muy velozmente y ya no sea tan claro lo que le conviene hacer. Yo ya no apostaría tanto a que el 14 se cierra el ciclo de auge opositor con el peso de los votos bonaerenses y el interior profundo, ni a que ninguno de los que están en la oposición pueda ser competitivo. Alfonsín sigue tecleando, pero Duhalde y Binner al menos no están metiendo la pata.

  3. Guido says

    Sobre el retorno de Macri a la ciudad, algunos comentaban que finalmente declinó su candidatura presidencial porque ni Michetti ni Larreta (ni ambos juntos) le aseguraban el triunfo en la capital. Sea como sea, hoy esto parece inverosimil, acaso no tanto por el triunfo abrumador del PRO (aunque con Macri a la cabeza), sino por las torpezas del kirchnerismo porteño. ¿Que hubiera pasado si Filmus se hubiese enfrentado contra alguno de ellos sin las equivocaciones que terminaron desgastando su campaña contra la de Macri? Quizá fue una de las hipótesis que hicieron que Mauricio se jugara por su distrito de origen. Pero claro, después de la contundencia con que se expresaron los porteños, incluso esto resulta difícil de imaginar.
    Además, personalmente creo que el 14 de agosto puede ser una oportunidad para la oposición o, para ser más preciso, para quien quede mejor parado despues de las internas. Pero de aquí a deducir que Macri pudiese haber tenido una buena performance a nivel nacional me parece un poco tirado de los pelos. Me pregunto, ¿Existe el PRO en el interior, además de Salta (donde perdió casi por goleada) y Mendoza (donde apenas está germinando)? ¿En la provincia de BsAs, alcanza con Jorge Macri?

  4. Marcos Novaro says

    Estimado Guido, efectivamente, ahí el PRO no existe, y dependía de alquilar el aparato peronista, o una fracción no menor del mismo, lo que se complicó cuando parecía que Cristina arrasaba. La discusión contrafáctica sirve apenas para evaluar las decisiones de los actores, no para sacar muchas conclusiones sobre el proceso político general, yo también diría que aunque Macri hubiera apostado a la nación lo más probable es que hubiera perdido, pero bueno, perdía conservando la ciudad y construyendo en serio un electorado propio a nivel nacional, aunque fuera con la intermediación del peronismo disidente. Ahora depende de muchos más imponderables para poder llegar a la presidencia: que Cristina no lo hunda con ella si su segunda gestión es muy mala, que en el peronismo no haya tiempo de una recomposición antik, ni tampoco una sucesión negociada y unificadora, en suma, no sólo depende directamente de Cristina, también de lo que hagan Scioli, De la Sota, Urtubey, Massa, en fin, muchos que tienen tantos votos como él y además ya tienen un partido. Saludos