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¿Techint como modelo empresarial? Un análisis de las críticas desde el Estado a partir del conflicto por la conformación del directorio

La pelea desatada entre Techint y el gobierno por la designación de representantes estatales en el directorio de la empresa pone en evidencia un conflicto que escaló más allá de lo previsto por ambas partes y que –de no mediar cierta mesura posterior- hubiera sido perjudicial para los dos, asentando un ejemplo negativo para el resto de las relaciones entre Estado y empresarios.

El conflicto comenzó cuando la empresa quiso influir en la designación de los nuevos representantes estatales en la empresa. Techint ya poseía un representante estatal con anterioridad al conflicto.  Por ende, la disputa no implicaba un tema de principios en contra de la intervención estatal en la empresa, puesto que Techint ya contaba con una experiencia cercana en cuanta a la presencia del Estado en el directorio de la firma.  La familia Rocca (principales accionistas del grupo) aún tiene una clara mayoría en el directorio con lo cual el management y control operativo de la firma no estaba amenazado.  No obstante, la intención de incrementar la cantidad de directores por parte del Estado y algunas declaraciones del principal candidato estatal para formar parte del directorio pusieron en alerta a los altos directivos de la firma.

Resulta interesante analizar en detalle el debate teórico e ideológico, como así también las consecuencias en el plano de estrategia empresarial, detrás de las críticas realizadas desde el ámbito del gobierno. Axel Kicillof,  en ese entonces principal candidato a ser el representante estatal en el directorio de Techint (quien efectivamente terminó ocupando ese lugar), criticó el hecho de que Techint no distribuyera la mayor parte de sus utilidades y que concentrara sus esfuerzos de expansión en el exterior.  Ambas críticas merecen una evaluación más profunda que la que se dio en los principales medios.  La primera porque lo que se critica generalmente de las empresas argentinas es su poca capacidad de ahorro e inversión.  La menor distribución de utilidades implica un incremento de la capacidad de ahorro de la empresa que potencialmente (aunque no necesariamente) podría ser utilizado para incrementar los niveles de inversión.  La mayor distribución de utilidades no genera ninguna potencialidad de inversión dentro de la firma, sólo beneficiando directamente a los accionistas.  En consecuencia, es difícil de comprender las críticas a una empresa que justamente parece tener una visión de mediano y largo plazo, que no es la regla en el caso argentino.

La segunda crítica implica un debate teórico más interesante y resulta útil analizarla en forma comparativa.  El marco teórico bajo la crítica de Kicillof acerca de las inversiones en el exterior de Techint en detrimento de las locales, es el de la escasez de capital reinante en los países en vías de desarrollo.  En ese sentido, las inversiones en el exterior estarían exportando capital en un ámbito de escasez del mismo.  Recursos de capital que podrían ser utilizados en el país son finalmente invertidos en otros países.  Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta todas las externalidades que poseer una gran empresa nacional en el exterior podrían generar.  Entre ellas, la importancia geoestratégica de tener multinacionales argentinas, la generación de empleo calificado y de investigación y desarrollo en el país debido a que aquí están los headquarters (Techint es una de las pocas empresas argentinas que efectivamente invierte en I&D dentro de Argentina), la posibilidad de tener empresas que estén en el estado del arte internacional en tecnología y estrategias de management, etc.

Este mismo debate sobre la inversión de empresas locales en el exterior también se dio en Brasil.  En el país vecino, el principal órgano de financiamiento estatal (BNDES) tenía originalmente prohibido por estatuto suministrar préstamos para inversiones en el exterior.  El motivo justamente era el explayado en el párrafo anterior con respecto a la escasez de capital.  Sin embargo, en el transcurso del gobierno de Lula hubo un debate sobre este tema, los estatutos fueron modificados y se decidió promover la internacionalización de empresas brasileras.  En consecuencia, se creó un departamento especial dentro del BNDES para financiar las compras de empresas brasileras en el exterior.  Tal vez un ejemplo importante sea el de la firma JBS-Friboi quien, principalmente con financiamiento del BNDES, adquirió Swift Armour en la Argentina y posteriormente Swift a escala global.  Hoy en día JBS-Friboi es una de las empresas emblema de Brasil, está entre las líderes dentro del sector alimenticio a nivel global y es una de las 7 empresas brasileras que figura entre la lista de 500 firmas más grandes del mundo que elabora la revista Forbes.  Es necesario señalar a modo comparativo que Argentina no posee ninguna firma dentro de esa lista.

Para concluir es de resaltar el hecho de que finalmente Techint y el gobierno hayan podido llegar a un acuerdo.  No hay nada que parezca indicar que el normal funcionamiento y la toma de decisiones de la empresa se verán afectados por la participación estatal.   El hecho de que las utilidades hayan sido distribuidas bajo los parámetros dispuestos por Techint previo al surgimiento del conflicto parece confirmar este supuesto.  Asimismo, algunos medios de comunicación han indicado que parte del acuerdo tácito junto a la conformación del nuevo directorio fue efectivamente que el gobierno acompañe a la firma con apoyo político en sus actividades en el exterior.  Más allá del debate sobre la distribución de utilidades y las inversiones en el exterior, una mejora en las relaciones entre Techint y el gobierno es un buen ejemplo a imitar tanto desde la perspectiva empresarial como Estatal.  Mayor coordinación y una mejora en la relación empresas y Estado es necesaria para promover el crecimiento y expansión de firmas nacionales.

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