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¿2011 se parecerá a 1995 o a 1952?

Para ser una elección en que se decidía poco (ningún cargo, pocas candidaturas) las primarias terminaron siendo sorprendentemente atractivas para la ciudadanía y significativas para el sistema político. Esto se debió a que unas cuantas cuestiones inciertas y relevantes terminaron, sino resolviéndose, al menos aclarándose con ellas.

La primera fue la incertidumbre sobre el real grado de adhesión al gobierno y a su continuidad. Desde octubre de 2010 las encuestas hablaban de una nueva ola de adhesión ciudadana al kirchenrismo, pero las encuestas se sabe son poco creíbles y los medios y los políticos opositores objetaron que se trataba de una ola transitoria, solo emotiva, difícil de traducir en legitimidad política. Este proceso de traducción se concretó, y muy exitosamente, el domingo.

El segundo interrogante que atravesaba la vida política se refería a la relación de poder entre la presidente y sus fieles y el peronismo, en particular las figuras que reciben apoyo de la ciudadanía y actúan más en las fronteras del oficialismo que en la oposición. Con los resultados de las más importantes elecciones distritales esta cuestión se puso al rojo vivo y pareció que la respuesta desfavorecía al kirchnerismo: sus candidatos fueron derrotados, incapaces de alinear detrás suyo siquiera a una porción mayoritaria de los votos peronistas, o debieron alinearse detrás de un peronista no kirchnerista para participar de una victoria ajena. Pese a todo, se ha visto que, si no el kirchnerismo, al menos Cristina es más fuerte que en 2007: no depende como entonces de que el gobernador bonaerense, ni ningún otro, arrastre votos en su favor.

La tercera cuestión que las primarias debía resolver era la interna de la oposición, aunque al respecto las expectativas fueron exageradas: no sólo porque nadie iba a resignar su candidatura, sino porque no hubo voto estratégico anticipado. El resultado ha sido muy desfavorable para quienes lo buscaron con más ahínco: Alfonsín y Duhalde. Y si hubo cierta decantación, en detrimento de Carrió, Solanas y Rodríguez Sáa, el único que puede considerarse beneficiario de ella es Binner, que sacó más votos que los pronosticados e instaló al FAP como una opción no testimonial, una novedad en un campo opositor envejecido.

Así como algunas inquietudes se disiparon, otras se han abierto o incrementado. La principal, la actitud que adoptará el oficialismo tras este contundente espaldarazo. Aun tiene que ganar en octubre, pero puede imaginarse ya que su campaña apuntará a “llenar de contenido” la victoria, para legitimar lo más posible sus pasos futuros. ¿Cuáles serán estos contenidos y pasos? ¿Se radicalizará? ¿Acelerará el paso para sacar el mayor provecho posible de la oportunidad que se ha creado? Si nos atenemos a lo que hemos visto y oído en los últimos tiempos es de esperar que opte por ampliar su autonomía para disipar límites y obstáculos a un proyecto que se piensa recién ahora está maduro, listo para fructificar. Y si no sonara demasiado trillado podríamos advertir en ello la corporización de un fantasma que viene recorriendo el país desde hace tiempo, el del triunfo plebiscitario de un kirchnerismo recargado que, bajo la invocación de Evita, ponga en plena operación su ideario populista y refundacional. El problema que podría haber es que la maduración de este ciclo político coincida, en paradójica semejanza con lo sucedido en los años cincuenta, con el inicio del fin del ciclo económico que hasta aquí fuera su principal combustible. Y que se revele encima en ese momento que lo que la gente votó no era ese plan sino algo bastante menos ambicioso.

Publicado en el diario Clarin el 16 de agosto de 2011.

Posted in Elecciones 2011, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Populismo.

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2 Responses

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  1. Guido says

    Respecto a la segunda interrogante, todavía se me hace difícil pensar cómo CFK pudo alcanzar semejante volumen de votos sin la ayuda de Scioli (y, por ende, del resto de los oficialismos nacionales). En realidad, durante estos últimos días, todos los ensayos y análisis esbozados para dilucidar la casuística electoral resulta bastante paradójica, ¿Acaso no son los votos que CFK obtuvo en las provincias en donde sus delfines fueron previamente derrotados aquellos que pueden considerarse como exclusivamente propios? Si este es el caso, yo al menos lo creo así, ¿No significa que la “victoria” K dependió de lo que Scioli pudo arrastrar? Así se repetiría el escenario de 2007, aunque en nuestro caso quizá los resultados de la nación y de la provincia de Buenos Aires no terminen siendo un calco como en aquel entonces.

    En relación al desempeño de la oposición, es evidente que el electorado no quiso hacer el trabajo que ésta le delegó, es decir, decidir cómo se debían aunar sus fuerzas, bajo qué liderazgo. Las fuertes disidencias en la UCR y en el peronismo disidente no contribuyeron a aglutinar la oferta, pero, como se lo escuché decir a algunos radicales, la reforma política también resultó ser una trampa, al no otorgarles el tiempo suficiente para poder resolver sus internas y dar comienzo a la campaña presidencial. ¿El papel del FAP fue tan auspicioso? Es cierto, para ser su primera elección, diez puntos no son para nada desdeñables. Sin embargo, Binner ni siquiera ganó en su propia provincia.

    Y la última pregunta, para no seguir molestando: ¿Hasta qué punto inciden cuestiones como el asistencialismo, el clientelismo y las oscuridades en el desarrollo del acto comicial (falta de boletas, fiscales y otro tipo de irregularidades aún más graves) en instancias tan importantes cómo estas? Entiendo que cada una de estas cuestiones es un mundo aparte y que muchas veces funcionan como recursos fáciles para deslegitimar al ganador y, en definitiva, no explicar nada. Pero, suponiendo de manera muy arbitraria, que esto repercute en un porcentaje que ronda los 5 puntos ¿Es lo mismo un oficialismo triunfante con un 50% de los votos que con un 45%? Lo primero como que se asemeja a la “hazaña” del ’52, ¿cierto?

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Guido, insistiría en el hecho de que CFK como candidata hoy es mucho más eficaz que en 2007 o 2005, y que por ese lado se sostiene al argumento de que no necesita a Scioli, aunque sea cierto que tampoco puede reemplazarlo, de hecho, dejaron que Mariotto se escondiera en las faldas del gobernador sin protestar cuando pareció que podía haber rebelión del voto peronista.
    En cuanto a Binner que no haya ganado en Santa Fe no quita que haya hecho mejor elección de la esperada y que pueda hacer una aun mejor en octubre. No es por cierto un campeón electoral, si tuviera además de sus credenciales como gobernador las dotes de orador de Chacho Álvarez la elección se pondría interesante, pero es probable que no llegue a tanto. Con todo, al lado del resto, es como si fuera Gardel. Un abrazo