Skip to content


El ciclo de poder suma cero

¿Cuáles son las causas que se esconden detrás de un triunfo electoral tan contudente como el del oficialismo en las pasadas primarias? Se ha dicho que los efectos materiales de las políticas sociales, conjugados con el crecimiento económico, la recuperación del empleo, y el aumento del poder de compra del salario, hacen la diferencia a favor del gobierno. Aunque me parece innegable, dejar de buscar otros factores sería incurrir en un grueso economicismo. Estimo que hay al menos otros dos, de índole nítidamente política. El primero es una identificación con el liderazgo de Cristina Kirchner. Esta identificación se incrementó, y se consolidó, a partir del impacto emocional generado por la muerte de Nestor Kirchner. Hubo allí una empatía con una mujer que, desvalida, cargaba ahora un país en sus espaldas. Pero no es sólo eso: Cristina hizo gala desde entonces de un estilo de uso del poder que la mostró cualquier cosa menos desvalida. Un manejo de la decisión y de la autoridad en ocasiones brutal (piénsese en el sometimiento de la ANSES), pero siempre determinado, en sintonía con la naturaleza de “príncipes democráticos” de las cabezas de los presidencialismos contemporáneos. Esta demostración de capacidad personalizada de gobierno suele tener un efecto político electoral nada despreciable y ha estado presente en esta oportunidad. El segundo factor consiste en que el kirchnerismo (?) fue eficaz en la creación de un clima de época. Un clima de época, de tiempos de cambio. En este caso, la creencia en que la Argentina es otra, que dejó atrás los males que la afligieron en los 90, el neoliberalismo y la entrega del patrimonio, pero también llagas de largo plazo, como la exclusión y la decadencia, el sometimiento de la política a las corporaciones, etc. En la Argentina, no hay elecciones que se ganan por la mitad de los votos si no tienen lugar bajo un clima de época. Fue el caso de Alfonsín, que supo trazar una frontera entre la Argentina autoritaria y la Argentina democrática, y ciertamente el de Menem a mediados de los 90, que estableció un clima de época entre la inflación y el primer mundo. Y cuando estos príncipes se encuentran en el ápice de sus trayectorias, la corrupción, por mucho que esto pueda frustrar a las oposiciones, no les hace mella, como es el caso hoy y como fue obviamente el caso de Menem hasta su reelección.

Este breve examen de los factores del triunfo de la formación oficial viene muy a cuento para colocar este triunfo en perspectiva, más exactamente en la perspectiva de un ciclo político muy conocido por los argentinos, que denominaré el ciclo de poder suma cero. Este ciclo comienza cuando hay un marco externo muy favorable (fácil acceso al crédito internacional barato o excelentes precios internacionales para nuestras exportaciones). La Argentina entonces se siente opulenta, y el presidencialismo imperial corporiza esa condición, que se estima definitiva. Los que están al timón son muy pronto atacados por el síndrome de la grandeza Argentina, que colorea nuestra política exterior. Los negocios públicos se confunden con los privados y el Estado es utilizado para extraer ingresos de la sociedad y distribuirlos ilegalmente entre un bastante numeroso – y ávido – grupo de amigos, sean funcionarios, empresarios, sindicalistas, etc. El príncipe se rodea de acólitos, que lo son precisamente por carecer de todo poder representativo propio, mientras aquellos que sí lo tienen son vistos con desconfianza. La corrupción es rampante, el Estado es en parte arrasado y las instituciones políticas en parte aplastadas o menospreciadas. Las oposiciones podrán protestar, pero no tienen casi juego.

Pero tarde o temprano se hace evidente la debilidad extrema de los fundamentos del poder acumulado en una lógica de suma cero. Un disparador de la reversión del ciclo suele ser la brusca mutación de los términos de intercambio. El príncipe democrático prudente podría organizar una estrategia anticíclica antes de que aparezcan las manifestaciones de la reversión. Sobre todo porque esta reversión puede combinarse peligrosamente con problemas inmanentes a los liderazgos de suma cero, en especial al problema de la sucesión. La puja dentro de las fuerzas oficialistas se hará más intensa a medida que se aproxime el fin del segundo mandato presidencial. Pero hay dos cursos de acción muy diferentes de encarar estos problemas. Uno de ellos es enteramente consistente con la lógica de suma cero: ir a por todo anticipándose a la lucha interna con iniciativas que polaricen nuevamente el campo político y hagan posible que la presidenta se suceda a sí misma (por ejemplo, la muy mencionada reforma constitucional). Pero en este camino no harían más que ahondarse los riesgos del ciclo de suma cero. La alternativa es intentar seguir el ejemplo de Lula, que empleó su capital político para sostener una candidatura (al cabo triunfante), con el menor daño posible a las instituciones.

La formación oficialista se encuentra en la cúspide de su ciclo mientras la oposición, con escasas excepciones, está lamiéndose las heridas. Aunque están de por medio las elecciones de octubre, muy probablemente las mismas no cambiarán este cuadro. Quienes desde el gobierno y la oposición prefieran trabajar constructivamente para neutralizar los peligros a la vista, deberían observar más allá de octubre con una perspectiva adecuada.

Posted in Elecciones 2011, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

Tagged with , , , .


7 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Marcos Novaro says

    Estimado Vicente, me parece interesante tu argumento general pero se me ocurren dos objeciones a las aplicaciones que podrían darsele en relación a las perspectivas del gobierno de CFK: primero, si todo depende tanto del precio de la soja, entonces el ciclo que vivimos puede ser bastante más largo que otros en el pasado, tal vez tanto como el inaugurado con la carne y el trigo 130 años atrás, así que preparémonos para envejecer con Cris, segundo, si es cierto que las oposiciones no tienen mucho que hacer, y todo depende de que el oficialismo no opte por la “rere” sino por buscar un sucesor amigable imitando a Lula, entonces habría que olvidarse de Macri, de Binner y demás y ayudar a que el gobierno no se equivoque demasiado, es decir, asumir que el único juego político importante es el que se hace en donde se definirá el futuro, como en la época de gloria del PRI, y participar de ese juego o dedicarse a la filosofía o la antropología. No me parece que las cosas sean necesaria ni siquiera muy probablemente así, el ciclo político ya en 2007 tuvo poco que ver con el ciclo económico, y en la oposición pasan más cosas que lo que vos creo que subestimás como “escasas excepciones”. Si Binner hace las cosas bien, si Macri trabaja en serio por un proyecto nacional, y si en el peronismo no kichnerista no se suicidan, las cosas pueden diferir y mucho del cuadro que vos ya das por seguro para octubre para pensar tan poco entusiastamente en el futuro. Saludos

  2. Lucas says

    Los análisis más sofisticados dicen que los actuales precios de las commodities estarán en este nivel por lo menos 10 años más. Con mínimos ajustes y manotazos a nuevas cajas (e.g. las obras sociales), el frente económico no debería darles dolores de cabeza importantes. El principal problema del gobierno es asegurarse la sucesión.
    Veremos si después de octubre el kirchnerismo decide “radicalizar el populismo” o tomar una postura de falsa moderación e institucionalidad.

  3. Vicente says

    Me parece que el artículo no fue lo suficientemente claro porque ha sido entendido tanto por Marcos como por Lucas, que el movimiento del ciclo depende sin más de los precios internacionales. Aunque el ciclo comienza ahí, en el comportamiento posterior son más importantes variables propiamente políticas que creo que confieren esa potencialidad explosiva, tal el caso de los problemas de sucesión. Segundo, sí, tiendo a creer que las oportunidades de la oposición dependen, en el corto y mediano plazo, de las fisuras que se abran en la coalición de gobierno; coincido con las menciones de Binner, Macri y los peronistas en el comentario de Marcos pero el impacto que pueda tener que estos hagan bien las cosas creo que depende de iniciativas del gobierno. Pero, con lo de imitar a Lula, no estoy sugiriendo que el gobierno ganaría en ese hipotético cuadro necesariamente, podría perfectamente perder. Por fin, las predicciones más sofisticadas en materia de precios internacionales no me parecen necesariamente confiables.

  4. Politicol says

    Cada uno resalta en este artículo lo que más le interesa desde su punto de vista. Encuentro que los más interesante es, en contra de los propios intereses del autor, la primer parte, en la que se destaca la posibilidad de una identificación política que va más allá de lo propiamente material, una substancia político simbólica que nutre el así llamado “clima de época”. Y es interesante justamente como respuesta al artículo previo en el blog escrito por Marcos, que remarca la miopía de los jóvenes votantes de Cristina, que se dejan llevar por meros incentivos materiales sin comprender sus costos a futuro, prendidos a la ola del optimismo oficial. Efectivamente, como en otras etapas del pasado, se ha consolidado un “clima de época”, y eso es acción política. Y los jóvenes sobre los que indaga Marcos viven esa como su propia época, aquella con la que se identifican y de la que se sienten parte. Y por supuesto, en la cima, ni consideran el ocaso; al contrario, van por más.

  5. Marcos Novaro says

    No entendí Politicol si para vos la miopía es de los jóvenes que votan a Cristina o de mi artículo que analiza a esos jóvenes y no valora en su real dimensión el “clima de época”. Yo insistiría en que la eficacia del discurso oficial es acotada, y mucho más relevante es la masa de recursos que distribuye, pero bueno, debe ser por materialismo miope. Saludos

  6. Politicol says

    Marcos está convencido y también susceptible. Sí intentaba marcar que como resalta el inicio del artículo de Tito también hay un importante componente de adhesión política simbólica, una retórica que en ésta su época está jugando su papel independiente. Saludos

  7. Matías says

    Me parece que hablar de los jóvenes como totalidad es un ejercicio vano, soy profesor en varios secundarios de la provincia de Buenos Aires y los chicos no perciben ningún “clima de época” ni exhiben ninguna adhesión política, simplemente operan con las posibilidades económicas que hay hoy pero no lo ven como un logro de algún actor político sino como algo dado, algo así como “puedo sacar la moto en cuotas, celulares, ropa”. No piensan en el futuro, pero basado en mi experiencia diría que es más una condición bastante estable históricamente de la juventud que algo negativo y propio de un clima de época. Me parece que el gobierno ha sido efectivo en escenificar cierto apoyo de la juventud que no es tal, más allá de algunos grupos muy activos mediáticamente ( La Cámpora por ejemplo), tan activos como pueden ser los jóvenes del PO o Socialismo con el espacio mediático del que dispone este gobierno y una productora atrás al servicio de generar esa escena. Es todo un logro del gobierno.