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Luego de la victoria K, ¿Hacia un sindicalismo más dependiente?

Luego de la rutilante victoria del oficialismo en las elecciones primarias, una de las principales incógnitas que giran en torno al futuro del sindicalismo es si el kirchnerismo promoverá el surgimiento de una nueva conducción de la CGT más dependiente y dócil a su “modelo”.

Si el kirchnerismo ha evidenciado, en reiteradas oportunidades y en diferentes ámbitos, su tendencia hacia la faccionalización y concentración del poder: ¿por qué no esperar, entonces, la misma preferencia con respecto al mundo del trabajo? ¿Por qué el gobierno estaría dispuesto a conceder autonomía a una conducción que durante todo el año se ha mostrado desafiante y rebelde (que discute los números de la inflación, que incorpora problemáticas incómodas como la inseguridad o que presiona con pautas salariales excesivas)? ¿Por qué dejaría a Hugo Moyano continuar con su estrategia de autonomización del gobierno – señalizada en el coqueteo con otras fuerzas políticas– cuando ha logrado obtener el voto de los trabajadores formales prescindiendo de su ayuda?

Más que sobre las preferencias de acumulación de poder del kirchnerismo, por demás estables, deberíamos preguntarnos acerca de si el resultado de las PASO y la muy probable victoria K en octubre pueden generar una ventana de oportunidades para avanzar hacia un sindicalismo más kirchnerista. La pregunta sería, entonces, ¿Qué chances hay de que luego de octubre se inicié, al interior de la CGT, un proceso de faccionalización y división entre sectores, tal como la que vive hoy en día la CTA, favorable al disciplinamiento y el castigo de los díscolos?

Hay al menos dos motivos para creer que esto no sucederá en el corto plazo. En primer lugar, lo que ha evitado hasta ahora el surgimiento de divisiones internas en la central obrera ha sido la ausencia de una verdadera competencia por el liderazgo. Moyano sigue siendo desde el 2005 el único interlocutor legítimo de los intereses de los trabajadores formales frente al gobierno. Julio Piumato sugirió, en esa línea, que “los liderazgos no se consiguen de la noche a la mañana”.

En segundo lugar, aún cuando el puesto de Moyano se viera amenazado, difícilmente algún líder sindical adhiera a una candidatura promovida abiertamente por el gobierno, que pueda suponer el debilitamiento de la independencia que gozan como organización. Este deseo de conservación de la autonomía, por parte de los gremialistas de primera línea, es lo que explica la ausencia de coaliciones anti-moyanistas en un momento en el que abundan las razones para aliarse contra el camionero (como por ejemplo, el proceso de expansión horizontal del gremio de camioneros, por el cual se ha apropiado de un sinnúmero de afiliados pertenecientes a otros gremios) o la utilización del relato oficial para discutir entre sí por espacios de poder.

En consecuencia, parece poco probable que el éxito electoral kirchnerista favorezca un proceso de faccionalización de la CGT como en la CTA. Es más esperable que la CGT se convierta, luego de octubre, en uno de los pocos espacios de resistencia al gobierno nacional, más que de colonización. En definitiva, si Moyano es sucedido, probablemente lo haga por alguien elegido entre sus pares por su capacidad para defender la autonomía de la CGT y no para rifarla.

Posted in Elecciones 2011, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Sindicalismo.

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2 Responses

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  1. Marcos Novaro says

    Estimado, no te parece además que el empresariado esta haciendo en esto su aporte “productivista”, y puede fomentar aun mas distancia entre la CGT y el gobierno? Donde se ira a detener este giro si la situación económica se complica en serio?

  2. Enzo Benes says

    Marcos, sí, probablemente si la situación económica se agravara se abrirían más instancias de disputa. Por lo pronto, uno de los posibles escenarios de resistencia puede ser el control de las obras sociales sindicales. Si bien son sólo rumores, se habla de que el gobierno querría avanzar en su estatización. Algo prácticamente imposible, pero quizás se este preparando el terreno para avanzar con reformas más moderadas y negociadas en el sistema de salud que aumenten la dependencia del los sindicatos con respecto al gobierno, algo que “de facto” esta sucediendo con las cuotas de los reintegros a las obras sociales. Saludos