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Siempre Hay una Primera Vez

En la celebración del día de la industria realizada en Tecnópolis el primero de septiembre la Presidenta Cristina Kirchner ironizó sobre los discursos hechos por los representantes empresariales para la ocasión, resaltando que esa era la primera vez que no debía utilizar su presentación para responder a cuestionamientos sobre sus políticas hacia el  sector de negocios.  Más allá de la ironía, este comentario podría expresar la posible progresión en las relaciones entre el empresariado y el gobierno.

Diversos elementos sugieren que los empresarios no tendrán ni muchos incentivos ni mucho margen para generar acciones confrontativas en el futuro cercano: el contexto económico, la alta legitimidad del gobierno que históricamente toma estrategias fuertes ante actores que se le oponen públicamente y las señales de aumentos salariales prudenciales, harían que resulte lógico para las organizaciones empresariales tener una actitud conciliadora con el gobierno en el futuro próximo.

El resultado electoral en las PASO y la casi segura reelección de Cristina Kirchner en octubre dejan al gobierno en una posición de gran aprobación y legitimidad para continuar con las políticas económicas actuales.  En ese sentido, si los desafíos abiertos -como el caso de la negativa inicial de Techint a la nominación de representantes del Estado en el directorio de la empresa- no habían sido efectivos antes de las PASO, la fortaleza que cuenta hoy el gobierno desalienta una oposición abierta y directa por parte del empresariado.  Salvo un giro brusco de políticas tras las elecciones, es de esperar que los primeros años del segundo mandato de la Presidenta estén caracterizados por una mejora –al menos formal- en las relaciones entre las diversas organizaciones de representación empresarial y el gobierno.  En consecuencia, estratégicamente no parecería prudente que el sector empresario genere frentes de desafíos abiertos al gobierno.

La mesa de negociaciones entre el empresariado y el gobierno no estará vacía.  Habrá varios temas importantes que moldearán su agenda como los ajustes de una posible devaluación del Real brasilero, los efectos de la crisis mundial, evolución del dólar, el siempre presente nivel de precios, etc.   Sin embargo, en uno de los principales temas que preocupa al empresariado –los ajustes de salarios de los trabajadores- ya ha habido convenios resueltos con cierta mesura y sin descolocar a este sector: la negociación del salario mínimo y el acuerdo de aumento del 25% está más cercano a la oferta inicial de la UIA (19%) que a la propuesta de Moyano y la CGT (41%).  Aún teniendo presente el distanciamiento del gobierno con Moyano, este acuerdo puede ser interpretado como una señal del gobierno de comprometerse a no realizar cambios drásticos que modifiquen sustancialmente las perspectivas de los empresarios.

Más allá de las preferencias electorales del empresariado, la casi segura reelección de Cristina Kirchner presenta un panorama de relativa continuidad en el marco general de las políticas económicas que facilita las previsiones y el planeamiento estratégico del empresariado.  Si bien los términos de intercambio han venido deteriorándose a lo largo de los últimos años debido al incremento de los costos internos, que no fueron acompañado por un ajuste en el tipo de cambio, se espera que el crecimiento se mantenga como así también una persistencia de los altos precios de los commoditties.  Estos elementos en última instancia influyen favorablemente en los positivos resultados industriales.

Sin embargo, aún cuando en algunos sectores industriales más abiertos a la competencia externa las condiciones propicias (ligadas al tipo de cambio) de los primeros años del período de mandato kirchnerista ya están muy erosionadas, es poco aconsejable para estos sectores una confrontación abierta con un gobierno que se encuentra en su pico de poder y aprobación ciudadana.  De modo que, es improbable que dichos sectores logren que sus reclamos sean finalmente elevados y manifestados públicamente por las asociaciones empresarias.  Esto sería una estrategia errada tanto para dichos empresarios como para las propias asociaciones.  El poder y nivel de aprobación del gobierno limitan el accionar de los sectores empresarios con mayores diferencias con las políticas actuales.

En conclusión, si bien existen demandas insatisfechas y elementos de las políticas económicas en las que el empresariado desearía ver algunas modificaciones, un enfrentamiento abierto sería poco recomendable y previsible.  Es de esperar que esta “primera vez” de la Presidenta -en cuanto a encontrar menores cuestionamientos públicos- se vuelva algo común en los próximos encuentros abiertos entre ambos actores.  Mientras no haya alteraciones drásticas en el terreno político económico, los reclamos empresariales probablemente serán moderados y/o canalizados por vías de menor exposición mediática.

Posted in Política, Politica Argentina, Politica Económica.

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3 Responses

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  1. Politicol says

    Concuerdo con el análisis de Diego. Y algo parecido salió a decir De Vido: – ¿Qué cree que cambió? “Creo que fue la prueba irrefrenable de los resultados en materia económica y por supuesto también el amplio consenso que tuvo la presidente el 14 de agosto”, “Que el Gobierno esté respaldado es muy bueno para sus intereses y proyectos … la base indispensable para la previsibilidad que quieren los empresarios”: http://www.ambito.com/noticia.asp?id=601248

  2. Diego says

    Politicol:
    gracias por el link. Efectivamente esta tendencia y “armonía” con el sector empresario ya se ha reproducido en otro evento posterior a la celebración de Tecnopolis. Creo que este comportamiento empresarial se va a convertir una moneda corriente en el corto plazo
    Sds

  3. Marcos Novaro says

    Estimado Diego: no se si las muestras de adhesión y los abrazos son tan nuevos, lo que sí me parece nuevo es el reconocimiento a la UIA como tal. Durante la mayor parte del ciclo kirchnerista, las relaciones entre gobierno y empresarios han estado signadas por pautas que dificultaron o directamente impidieron que estos actuaran a través de sus asociaciones representativas: discrecionalidad, opacidad y particularismo fueron las reglas de oro con que se fijaron precios, tarifas, subsidios, cuotas de mercado, tasas impositivas, barreras al comercio exterior y casi todo lo demás. No es casual que los más audaces y en su momento exitosos intentos de actuar colectivamente en el campo empresario surgieran en oposición al gobierno, más que en su apoyo: la Mesa de Enlace y AEA son dos buenos ejemplos de ello. Lo que está sucediendo actualmente con la UIA y su relación con el gobierno es entonces novedoso, pero: ¿revela un giro profundo en la estrategia oficial para relacionarse con el mundo de los negocios? ¿Detrás de este giro está la apuesta por un pacto de productividad que remede los intentos de Perón y Menem en ese sentido? ¿O se trata sólo de maquillar con nuevos colores y con más glamour la misma estrategia de cooptación que ya conocimos en el pasado y en muchos otros terrenos? Y tal vez lo más importante: ¿sabrá Cristina dónde quiere llegar con la mano que ha tendido a la UIA?, ¿no estará abriendo una puerta que la obligue, a la postre, a hacer bastante más de lo que hubiera deseado en su provecho, y sobre todo a resignar excesivamente espacio para actuar a voluntad, como siempre ha buscado? Saludos