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Reelección y sucesión

La presidente logra su reelección en condiciones envidiables: amplia popularidad y ventaja abismal sobre las demás candidatos, disposición de todos los grupos de interés a colaborar con ella, amplias mayorías parlamentarias y control del territorio a través de un partido que se reunifica bajo su liderazgo. Sin embargo, por primera vez desde 2003 se enfrenta sin solución a la mano al que ha sido el talón de Aquiles de los proyectos circunstancialmente exitosos en el país: el control de la sucesión. Tras bambalinas, en la disputa por la conducción de la CGT, en las relaciones entre Moyano y Scioli, en las posiciones de gobernadores y ministros, ya hoy esto está en discusión.

La sucesión es la cuestión esencial que todo sistema político debe resolver. Que la política argentina haya chocado reiteradamente contra esta piedra habla de su precariedad y explica en buena medida su ir y venir entre la hegemonía y el desgobierno. ¿Será diferente esta vez? ¿Lo será para bien de las instituciones republicanas o a su costa?

El peronismo no pudo hasta ahora lidiar con este asunto. Y ello le dificultó convertir su enorme poder en un factor de estabilidad y cumplir un rol efectivo como fuerza dominante. No lo resolvió Perón, que cerró su largo periplo con la enigmática y a la postre destructiva sentencia de que sólo el pueblo lo heredaría; ni Menem, empecinado en sucederse a sí mismo aun al precio de la unidad partidaria trabajosamente conseguida bajo su éjida y de la salud de la economía.

El kirchnerismo no halló una solución mas sí una escapatoria, una fórmula ad hoc, familiar, prescindente del partido y las reglas institucionales, y adecuada para concentrar el poder: la alternancia matrimonial. Ahora que ella ya no es posible, pero la unidad partidaria tiende a restablecerse, el gobierno podría encarar este asunto, y no sólo para 2015 sino para el largo plazo. El problema es que la tentación opuesta, la de seguir sacando provecho de la falta de reglas para extender lo más posible la vida útil del propio poder, seguirá operando. Y además la opción de autolimitarse y establecer reglas requerirá no sólo de un costoso cambios de hábitos, sino de una compleja ingeniería, de la colaboración y de la confianza mutua de muchos actores.

Si la presidente se decidiera por una regla de sucesión, le convendría aprovechar la luna de miel para imponerla a los eventuales perjudicados. Pero eso supondría renunciar a las ventajas de mantener el mayor tiempo posible la incertidumbre, para que todos busquen congraciarse con ella en aras de ser favorecidos por su dedo.

En cuanto a las reglas en sí, podría optar entre una solución partidaria, que recree el tipo de competencia que se inauguró en 1988 y se bloqueó desde fines de los noventa, aunque ahora se dificulta por la Reforma Política, que suprime los premios consuelo para quienes pierdan una interna. O una constitucional, parlamentarista, para que sean las elecciones generales las que distribuyan el poder entre las facciones partidarias y sobre esa base se formen las mayorías de gobierno. Pero ello sólo sería aceptable para la interna peronista y las demás fuerzas si la presidente se autoexcluyera de la competencia, algo difícil de hacer creer, dados los incumplimientos a promesas de este tipo.

En cambio, dejar correr la hipótesis de una reforma que consolide la hegemonía y no la república, o promover una o varias candidaturas vicarias, sobre todo la de una figura como Boudou que no pueda ser reelecto ni tenga chances de liderar el peronismo, serían opciones más fáciles de manejar y favorables para prolongar su poder. El riesgo de que al seguir este camino se pierda la oportunidad de tener un control al menos acotado del proceso al final del mandato tal vez no pese en el ánimo de una presidente que, hoy por hoy, puede no ver límite alguno a su voluntad.

Posted in 8 años de Kirchnerismo, Elecciones 2011, Política, Politica Argentina.


4 Responses

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  1. Fernando Manuel Suárez says

    Estimado Marcos:

    Excelente, aunque escueto, análisis. Me parece que la interna ya está declarada, por lo menos en la Provincia de Buenos Aires donde Scioli llevó adelante una campaña personalísima con el estridente naranja de sus carteles y las frases evagélicas, y, por su puesto, la ausencia de su flamante vice e ídolo de la juventud K Gabriel Mariotto.

    Sin sobresaltos ni exabruptos, que por otro lado no condicen con su personalidad, Scioli ya planteó un escenario en el cual no será fácilmente postergado (insisto que no sé cuántas chances tiene de posicionarse fuera de la provincia por sobre el “Cristinismo”, pero tampoco me parece quimérico). Creo que esto se hizo particularmente evidente en distritos como Mar del Plata o La Plata donde las colectoras de la lista nacional llevaban candidatos locales que se referenciaban en uno u otro sector. Ni hablar de la campaña desmesurada a algunos legisladores provinciales que ni siquiera figuraban en los primeros lugares, replicando otra vez el naranja que identifica al gobernador reelecto.

    Por último te planteo una duda, ¿Cuál creés qué es el papel que pueden llegar a jugar los sectores externos al peronismo (Basteiro, Sabbatella, Ibarra, Heller), declaradamente “Cristinista”, en esta interna? ¿La interna peronista se tendrá como protagonistas a los “arrepentidos” y “retornados” (Solá, Das Neves, Reutemann)?

    Saludos
    Fernando

  2. Marcos Novaro says

    Por de pronto, el dato de que la eleccion no sirvio para resolver la interna entre peronismo y kirchnerismo, como esperaba la Rosada que sucediera, debe haberle caido bastante mal a Cristina. Se vio que ni Mariotto sirvió para espantarle votos moderados a Scioli, ni Sabbatella para atraerle muchos votos progres a Cristina. Asi que yo no daria mucho por todos los demás que vos nombras.

  3. Politicol says

    Con los caminos sinuosos del peronismo no se entiende porqué se da por sentado que Boudou no pueda en estos años a la vez presentarse como delfín de Cristina y desde esa posición construir poder institucional propio dentro del partido (tan habituado a seguir a quien se presente como líder con chances reales).

  4. Marcos Novaro says

    Estimado Politicol, claro que no hay que descartarlo. Si al gobierno le va medianamente bien y conserva el control centralizado de recursos es la opción que tendrá más chances porque, igual que pasó esta vez, correr desde fuera, contra ese poder estatal va a ser muy difícil, incluso para gobernadores con base territorial como Scioli o De la Sota.
    Es este poder del estado central el que actuó como reaseguro del “modelo” durante la crisis de 2008-2009, y puede volver a hacerlo en la que se viene y para adelante, en el procesamiento de la sucesión, siempre que no se cometan errores demasiado graves desde el vértice.
    Mi argumento es que esos errores pueden surgir tanto de una tentación por la re-re como de una apuesta por postergar la cuestión de la sucesión y sacar provecho de la incertidumbre. Eso significaría, en relación a Boudou, dejarlo que se lance pero no respaldarlo demasiado, darle aire también a otros aspirantes, dejar hablar y actuar a los partidarios de la reforma constitucional, en suma, seguir el juego harto conocido en la política peronista de fortalecer al vértice a costa de sus propios seguidores.
    Mi impresión es que Cristina puede evaluar que le conviene este camino, postergar una decisión, para no pagar costos iniciales y para simular que puede dejar a todos contentos. Yo no la veo comprometiéndose ni con Boudou, ni con ningún otro, ni tampoco apostando a que en el seno del PJ se resuelva la cuestión. Me parece que va a tratar de seguir siendo ella la que tome todas las decisiones, y Boudou dependerá de que acierte y le vaya bien, aunque tal vez no demasiado bien.
    Saludos