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Cristina vs Moyano, ¿es kirchnerismo contra peronismo?

El conflicto desatado en los últimos días entre las dos personas más poderosas del país sorprende por la velocidad y virulencia pública que adquirió, aunque no puede decirse que sea en sí mismo imprevisto.

Es que tiene, por un lado, visibles motivos económicos, bien fundados para ambos contendientes: si el gobierno quiere evitar que el enfriamiento de la economía se convierta en estanflación, y no acepta hacer un programa de estabilización como se debe, con devaluación, ajuste de tarifas, reducción de impuestos, de emisión monetaria y del gasto global, y metas de inflación, le queda la opción de ajustar puntualmente sus gastos, como viene haciendo con los subsidios, y refrenar la inercia de los aumentos salariales; en tanto el jefe cegetista, consciente de la situación y del modo en que el gobierno busca resolverla, apuesta con buen criterio a elevar el costo político que para éste significará instrumentar esa opción, para que la modere, o mejor aun lo reemplace por otra más amigable para los intereses sindicales. Hasta aquí, nada que sorprenda.

Por otro lado, sin embargo, están las desinteligencias políticas, que se vienen acumulando desde la muerte de Néstor y se potenciaron con la confección de las listas de candidatos por parte de la presidente: Moyano exigió entonces, recordemos, su recompensa por haber sostenido al gobierno cuando éste fue abandonado por la opinión pública y buena parte del peronismo territorial, en el período que va de la crisis del campo de principios de 2008 a las elecciones de mediados de 2009; pero el Ejecutivo actuó guiado por la idea de que el mérito por la inesperada recuperación y la victoria electoral debía ser sólo suyo, pues no podía confiar más que en sus propias fuerzas y había llegado la hora de liberarse de todo compromiso con quienes pudieran condicionarlo en el futuro, o traicionarlo; de allí su opción por listas “presidenciales”, un gabinete monocolor y disciplinado, y por una ofensiva sin cuartel sobre los poderes autónomos que, siendo parte de su coalición, podrían eventualmente abandonarla. Como es el caso de Scioli, y lo es también el de Moyano.

Nótese ante todo la diferencia entre los factores económicos y los políticos que intervienen en el conflicto: respecto a los primeros los contendientes comparten un mismo diagnóstico, que los pone en veredas enfrentadas porque las circunstancias han limitado la disponibilidad de los bienes a distribuir, por lo que de volverse a una situación en que ellos abunden la convivencia podría restablecerse; en cambio en el terreno político se enfrentan porque no comparten el diagnóstico en cuanto a la capacidad de daño que cada uno tiene sobre el otro, y porque creen que pase lo que pase en la actual coyuntura lo más probable es que el futuro los encontrará en veredas opuestas.

Son, en suma, las apuestas políticas las que potencian y aceleran un conflicto que de otro modo podría procesarse sin demasiada pirotecnia ni escándalo. Sin ir más lejos, recordemos que durante la crisis de 2009 la CGT se avino a topes salariales similares a los que ahora rechaza. Y también que los retrasos en los pagos a las obras sociales se vienen acumulando desde hace años. Conclusión: el motivo decisivo del divorcio no está en ninguno de estos asuntos, sino en que las partes no pueden ya imaginarse resolviéndolos de común acuerdo y cada uno cree, por los motivos opuestos, que le conviene confrontar a esperar.

Muchos piensan que uno de los dos, o los dos a la vez, se equivocan, se desconfían mutuamente por paranoias que el abuso prolongado de poder ha agigantado, o el deseo de “ir por todo” los ha vuelto intolerantes hasta con sus socios más necesarios. Se suele decir además que el gobierno, en la cúspide de su poder, quiere hacer y deshacer a su antojo, mientras que Moyano sería algo así como un kamikaze que prefiere morir peleando que esperar a que lo aíslen y tiren por la borda como ha visto le pasó a tantos ex aliados del kirchnerismo.  Algo de todo esto puede haber, pero seguimos viendo sólo la superficie. Detrás de todo esto tal vez no haya tanto error o desinteligencia, sino un problema más definido y concreto, de orden temporal, que revela que el gobierno no es tan omnipotente como pretende, ni lo será en el futuro, y lo será aun menos si no resuelve problemas serios de sustentabilidad que enfrenta en relación a su propia coalición.

La clave política del conflicto está, finalmente, en las dificultades que enfrenta ya en este momento el kirchnerismo para controlar la sucesión presidencial. Y ello por el hecho de que las recientes elecciones fueron su mayor victoria, pero tal vez la última a la que puede acceder, a menos que cambie drásticamente las reglas de juego. Y en ellas para colmo, pese a todos los esfuerzos hechos para evitarlo, o disimularlo, no se terminó de dirimir la disputa entre el poder electoral del kirchnerismo y el del peronismo tradicional. A este respecto, el conflicto con Moyano adquiere pleno sentido a la luz del simultáneo agravamiento de las tensiones en La Plata, en torno a un gobernador que ha mostrado no tener límite en su voluntad de conciliación con la presidente, pero también ser más eficaz de lo esperado para conservar autonomía electoral: a pesar del esfuerzo de Mariotto por espantarle votos moderados, y del de Sabbatella por robarle los kirchneristas, empardó a la presidente; si los resultados hubieran sido otros tal vez la Rosada no estaría tan urgida en cortarle las alas a los que pueden eventualmente construir una coalición alternativa desde el peronismo, y acrecentar así sus chances de burlar de algún modo su fecha de defunción. Ni Scioli y en particular Moyano estarían tan convencidos de que, finalmente, se trata de aguantar, porque el vendaval k no tardará en amainar, y dejará a la vista que el peronismo de siempre es lo único que sobrevive al paso del tiempo.

Imposible saber hoy quién acierta y quién se equivoca. Son apuestas, y su validación depende de un montón de otras acciones y contingencias.

 publicado en cronista.com el 23/12/2011

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina, Sindicalismo.