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Los desafíos de las oposiciones ante un gobierno omnipotente

Hoy parece que no cuentan. Que pesan aun menos en el reparto de poder de lo poco que pesaron en el reparto de los votos. Porque el gobierno no les da ni chance de opinar, porque aun quienes los votaron se sienten defraudados por su flaco desempeño y los acusan con razón o sin ella de haber dilapidado sus oportunidades, y porque tampoco se lo perdonan los pocos medios y periodistas independientes que van quedando, después de haber hecho tantos esfuerzos por levantarles el ánimo y relativizar ante el público sus defectos.

¿Seguirá siendo así en la etapa que se abre? El desequilibrio de poder existente entre quienes controlan el estado y quienes luchan desde el llano nunca fue tan grande como en estos días, y no permite ser muy optimista. El futuro depende, con todo, también de la dimensión de los problemas que enfrente el gobierno, más serios y variados de lo que el clima de fiesta preelectoral hacía pensar; así como de lo que sean capaces de hacer los opositores sobrevivientes al vendaval cristinista.

¿Se decidirá Macri a levantar una fuerza política nacional, o seguirá esperando que los disidentes del peronismo hagan el esfuerzo por él y le provean de la necesaria estructura territorial? ¿Podrá Binner, sobre el piso electoral conseguido este año por el FAP en los distritos más grandes con la promesa de “un progresismo honesto y verdadero”, en el mejor de los casos atractiva para un número acotado de los electores, conducir a sus ya heterogéneos aliados a la construcción de una coalición más amplia, con actores sociales y políticos aun más diversos? Finalmente, ¿serán capaces los radicales de salir del torbellino sin fondo de una crisis que los conduce, si no a la extinción, al menos a la marginalidad, a una similar, paradoja de la historia, a la que el propio radicalismo impuso a las fuerzas conservadoras un siglo atrás?

Las respuestas a estos interrogantes están bastante conectadas entre sí. Si Macri vuelve a apostar al peronismo disidente difícilmente pueda al mismo tiempo cooperar con los radicales, pero si quiere construir una fuerza propia puede que lo haga aun menos, porque necesitará absorber retazos locales de la UCR. Y algo parecido sucede con el FAP, que puede apostar a ocupar por sí mismo el centro político, o a cooperar con la UCR para atraerlo. En contra de la cooperación pesan la desconfianza y la experiencia: ¿por qué creer que si ahora los ayudamos luego nos retribuirán del mismo modo, si ya en el pasado, incluso en el más reciente, han tomado la mano tendida en momentos de dificultad y luego buscaron crecer a costa del prójimo para restablecer el añorado bipartidismo? Pero a favor de la cooperación pesa la debilidad del conjunto frente a un gobierno que tiende a llevarse todo por delante y la precariedad de las identidades a cuya defensa convocan los espíritus facciosos: lo que cada uno tiene para cuidar como “propio” es tan poco, y lo que está en juego en la competencia, y puede poner el juego el gobierno con sus iniciativas, es tanto, que la voz de la concordia tal vez termine imponiéndose, y lo haga en forma más sostenida y consistente que entre 2008 y 2010.

Los obstáculos para que ello prospere serán de todos modos muy variados. Ya están bien a la vista los que surgen de las relaciones con el oficialismo: ¿qué conviene, cohabitar o criticar? En años pasados fue el socialismo el que más buscó una vía media entre el oficialismo y la oposición dura, por ejemplo ante proyectos de ley como el de servicios audiovisuales, la estatización de los fondos previsionales, etc.; ahora es el macrismo el que apuesta a ello, incluso en asuntos bastante complicados como la selección de jueces; pero también algunos radicales que antes eran anti K, como Moreau, dicen desear la cohabitación, en su caso con la mira puesta, más que en leyes o jueces, en la distribución de recursos de la legislatura bonaerense.

Puede que alguna combinación de cohabitación y crítica sea posible y hasta deseable para el caso de los gobiernos porteño y santafecino. Pero si las oposiciones no logran reconstruir la diferencia significativa que existe entre sus propuestas y las del kirchnerismo no les será fácil convencer a los votantes de que de su mano el país mejoraría. Eso los peronistas lo entienden bien: cuando llegue la hora, si llega, habrá unos cuantos de ellos ofreciéndose para representar la diferencia, enfrentando sin problema a quien dos minutos antes era su madre espiritual. Por ahora otean el horizonte, a ver qué pasa con la economía, con los gremios, con los empresarios. Así que atención: si los demás se duermen, la lucha política será, como en otras ocasiones, una comedia o una tragedia, pero en cualquier caso una actuada, escrita y dirigida sólo por peronistas.

Posted in Política, Politica Argentina.

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