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Un decálogo K para la re-re

Con las justificaciones que vienen dando al proyecto re-reeleccionista los más entusiastas defensores del actual gobierno tal vez hayan dado un paso en falso: ¿les convenía entrar en este momento en semejante polémica? La respuesta tal vez sea que no podían evitarlo, tensionados como están entre dos males difíciles de mensurar: el de que el tiempo horade su actual consenso y sea ya tarde para mantener unida su coalición cuando haya madurado un proyecto continuista, o que al anticipar la solución que prefieren para la sucesión, que ella no exista, se desencadene una crisis tanto en su relación con la opinión pública como con sus aliados menos firmes. Sólo el tiempo dirá cuál de los dos era el mal mayor, y si se equivocaban los entusiastas o los más prudentes. Por de pronto lo que es seguro es que el proyecto de re-re está permitiendo activar una voluntad de combate y articular todo un conjunto de ideas y promesas políticas, que con el ajuste económico y los disgustos sindicales y empresarios de los últimos meses venían a maltraer. La iniciativa al respecto ofrece, por tanto, una magnífica oportunidad para ver en acción el relato kirchnerista.

 Dado que la continuidad en el poder es el máximo objetivo de cualquier elite gobernante, y lo es en grado sumo en la que nos tocó en suerte, no es de asombrarse que para conseguirla ahora que se enfrenta un obstáculo contundente se convoque todo el menú de creencias y empeños que forman el particular “mundo kirchnerista”. Que, como todo orden político, aunque un poco más que otros porque en él la política está dedicada especialmente a producir un mundo de verdades selladas contra toda evidencia en contrario, está hecho de palabras utilizadas de forma sólo inteligible dentro de sus propios códigos y su sistema. Orientarse en él requiere, por tanto, un buen diccionario de esos códigos y un mapa del sistema, es decir, de la relación entre el orden de significados k y sus referentes en el mundo que, a falta de mejor calificativo, podemos llamar “de sentido común”. A continuación se ofrece un muy elemental decálogo de esas sentencias que configuran el mundo kirchnerista, tal como ellas están siendo utilizadas para justificar la absoluta prioridad que tendría la continuidad de Cristina en el poder respecto a cualquier otra consideración, y algunas señas para guiarse en él, yendo de dichas sentencias a las duras realidades de nuestra vida política.

  1. “El gobierno popular es débil y está amenazado por enemigos muy poderosos, que esperan la salida de Cristina del poder para retrotraer todo lo que hasta aquí él logró”. Al mando de un estado que recauda y gasta el 36% del PBI, del cual alrededor del 75% está en manos del gobierno nacional y la mitad se gasta a voluntad del presidente, y habiendo legitimado el uso partidista de todas las agencias públicas, desde el Banco Central a la AFIP, pasando por la distribución de publicidad oficial y los medios públicos, no sólo se impone firmemente en el territorio sino que ha logrado identificarse como la única solución disponible para el país y someter a sus condiciones aun a los intereses más poderosos.
  2. “Si no hay más competencia y pluralismo es culpa de la oposición, porque es su rol crear la diferencia política y su carencia de ideas le impide hacerlo”. Reverso de la sentencia anterior, completa el argumento de que hay que elegir entre el gobierno y el caos, y en caso de que el ciclo kirchnerista concluya nos someteríamos una vez más a la amenaza de la ingobernabilidad. Con lo que se vela de paso el hecho de que nunca ha sido tan marcado como hoy el desequilibrio de recursos entre quien está en control del estado y quien debe competir por acceder a él desde el llano.
  3. “La política de comunicación oficial busca que se escuchen voces marginadas por los grandes medios, pues así como toda voz es interesada, sólo la del gobierno defiende un interés que es general”. La función pública de reequilibrio de las desigualdades presentes en la sociedad se ha utilizado así para legitimar un régimen monopólico de la verdad política, por completo opuesto a la noción de ´lo público´.
  4. “La polarización sincera una lucha entre intereses que ya antes existía pero estaba oculta a la vista del público, y esta mayor publicidad asegura más calidad institucional y auténtica transparencia política que cualquier regla liberal”. Versión actualizada de la vieja distinción entre democracia real y formal, justifica el desprecio por los procedimientos y las reglas de juego, a favor de una visión populista radicalizada de la democracia en que ningún interés posee autonomía, siquiera entidad propia, fuera de las necesidades del “gobierno popular”.
  5. “La sociedad y en particular la juventud se han repolitizado en estos años gracias al impulso del gobierno, que promueve en ellos los valores del pensamiento crítico y la autonomía”. La hiperpolitización oficialista ha generado disciplinamiento y seguidismo en las filas propias y más retraimiento y conformismo que pensamiento y acción en la sociedad. En la gran mayoría de los votantes pocas veces fue tan bajo el interés por siquiera estar informados, y los movimientos sociales se han visto sometidos a la cooptación y se han fracturado y debilitado.
  6. “El gasto discrecional del estado se justifica por sus fines redistributivos, que en verdad es lo que irrita a quienes critican los procedimientos”. Como se observa en el caso de los subsidios, y lo mismo podría decirse de la obra pública, los controles de precios e importaciones, etc., la discrecionalidad nada tiene que ver con la justicia social, persigue exclusivamente la reproducción del actual poder político.
  7. “El modelo económico k se enfrenta globalmente a otro opuesto, y permite vivir con lo nuestro, promover la industrialización y protegernos de la crisis internacional”. Pocas veces como en estos años la economía argentina ha dependido de factores externos para su progreso y ha sido, correlativamente, tan frágil a las malas noticias del exterior, así como ha sido tan ostensible su concentración y primarización.
  8. “La inflación es expresión de una puja distributiva en que el capital resiste el avance de los sectores populares, ante lo cual el gobierno toma partido por ellos, con controles de precios, con una política de ´bolsillos llenos´ y, también desarmando el corsé político que a través de los índices aquél busca imponerle al proyecto de cambio”. La estabilidad económica vendría a ser, en estos términos, en esencia reaccionaria, y los grandes empresarios, además de responsables de la inflación, los que quieren usarla como arma política para volver a imponerle sus condiciones a la política. La conclusión es que sincerar los índices y volver a hacer de la lucha contra la inflación una prioridad es parte de esa regresión antipopular que “la derecha” busca imponer. Cuando en verdad lo que sucede es que la inflación precariza el estándar de vida de los desfavorecidos, y los vuelve así dependientes de quien administra salarios y gastos.
  9. “El regreso del estado ha permitido mejores políticas de educación, salud y vivienda pero todavía podría ser revertido por un cambio de gobierno”. Abundan los datos tanto para desmentir lo primero, ya que en general lo que se ha hecho en la última década es gastar más pero mal, en los mismos bienes y servicios que se ofrecían ya con bastante ineficiencia en el pasado, como lo segundo, pues un estado inéditamente rico no sólo podría sobrevivir sino fortalecerse y mejorar sus rendimientos con la alternancia.
  10. “Gobiernos como los kirchneristas son más reformistas e innovadores que los tibios gobiernos no populistas de otros países de la región, que no se han atrevido a alterar el orden preexistente y se sometieron a sus reglas”. También a este respecto las comparaciones distan de favorecer al kirchnerismo: los países de la región han mejorado con gobiernos de derecha, de izquierda, liberales y populistas, pero sólo con éstos últimos enfrentan problemas serios de inflación, falta de inversiones, pérdida de libertades y partidización del estado. Aunque, claro, es natural que el relato oficial en todos ellos diga otra cosa, para justificar que nadie sino sus líderes pueden hacer progresar a esas sociedades y todo lo que tienen lo perderían si dejaran de ser gobernados por ellos, que es finalmente el mensaje que se busca transmitir.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.


2 Responses

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  1. Adrian says

    El texto no es, evidentemente, un análisis imparcial. Lo cual resulta curioso para quien se presenta y acredita como un científico social. Cae, por lo tanto, en la categoría de un escrito con intencionalidad política. El hecho de preocuparse por la continuidad de CFK coloca al autor en el terreno de la opinión corriente. Un dogma de la supervivencia política indica que debe blandirse la amenaza de la continuidad, so pena de empezar a ser velado antes de dejar de respirar. El propio Menem lo entendió así, lo cual le permitió mantener a la sociedad en vilo hasta sus últimos momentos, preservando una necesaria reserva de poder político. El hecho de que un profesional del estudio de la política “compre” el discurso re re eleccionista implicaría: 1) qué su profesionalismo es considerablemente limitado o, 2) esta “jugando” politicamente con un interés determinado.

  2. Marcos Novaro says

    Es notable en los últimos tiempos el interés de muchos kirchneristas intoxicados de politología por atribuir rigor e incluso “imparcialidad” científica a sus argumentos y negársela a los de sus adversarios y críticos. Y bue, allá ellos.
    En el caso de Adrián, se lo hace encima con particularmente escaso tino: “un dogma de la supervivencia política indica que debe blandirse la amenaza de la continuidad”, es una frase evidentemente poco científica, palmariamente dogmática, y con poca o ninguna evidencia empírica a su favor. Para peor, la evidencia que Adrián trae a colación es autoflagelante: “Menem lo entendió así, lo cual le permitió mantener a la sociedad en vilo hasta sus últimos momentos”, no sólo es inútil como argumento para sostener el punto, porque lo cierto es que Menem falló en asegurar tanto su continuidad como el control sobre su propio partido, y no hubiera tal vez fallado si hubiera buscado promover un sucesor amistoso en él, sino que además detrás de su pretendida astucia hay una evidente incapacidad para pensar comparativamente: en los sistemas políticos estables la continuidad se asegura respetando las reglas, no violándolas, ni cambiándolas para acomodarlas a las necesidades del momento, ni tampoco amenazando con hacer una cosa o la otra, eso es lo que está en juego en la discusión que se plantea hoy en día respecto a una posible nueva reforma para habilitar un tercer turno de Cristina.
    Adrián sugiere que los gobernantes astutos como Menem y Cristina, y los politólogos igualmente astutos que simpatizan con ellos y que entienden realmente cómo ellos actúan, saben que hay que blandir la amenaza de la re-re pero para engañar a la gilada y “preservar la reserva de poder político”, pero si los dos casos fueran tan parecidos entonces sería difícil justificar a la vez la predicción de que no se vaya a intentar esta vez convertir la amenaza en una solución efectiva. Tal vez sea mejor que lo piense con un poco más de detenimiento y menos admiración.