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Moyano, los soviets y la república

Hugo Moyano fue bastante más lejos que Carlos Pagni cuando nos advirtió esta semana contra el espíritu soviético que estaría ganando influencia en el gobierno de Cristina Kirchner. No se limitó a señalar a este o aquel funcionario, ni a criticar sus lecturas o formación académica. El problema que enfrentamos, según él, ha echado raíz en el corazón del gobierno y se propaga desde su mismo vértice.

Fuente: www.unosantafe.com.ar

De más está decir que el juicio del camionero está algo influido por su incómoda situación personal: el haber pasado en poco tiempo, y parece que de forma irreversible (igual que varios otros compañeros de ruta del kirchnerismo de la política y el empresariado), de beneficiario a enemigo, con buenas chances de convertirse pronto en víctima, lo incentiva a agitar temores que podrían considerar exagerados incluso quienes desde siempre se alinean en la más dura oposición. Si sus circunstancias fueran otras, es muy probable que el líder de la CGT seguiría hoy pensando igual que en el pasado, que la forma de actuar de la presidente y sus funcionarios, más allá de algunas notas propias de su formación setentista y de su ocasional necesidad de atender al electorado progre, a las que no habría que prestar demasiada atención, hacen honor a la más pura y clásica escuela peronista. Pero dejemos de lado esta cuestión, y analicemos la estrategia de Moyano en sí, y su posible impacto en el proceso político.

Lo primero que hay que decir es que lo que está haciendo el jefe cegetista no es ni más ni menos que pagarle a Cristina con su misma moneda, usando las armas que ella viene utilizando en contra suyo desde el año pasado, unas que le permiten polarizar la arena de conflicto para presentarse ante la sociedad, en particular ante las porciones de ella que tienen más motivos para desconfiar del gobierno, como la menos mala de las opciones peronistas y el único instrumento disponible, por tanto, para evitar que se imponga la peor de ellas.

Es indiscutible que Cristina sacó bastante provecho de esta fórmula: ante todo, logró atraerse unos cuantos votos independientes en octubre pasado al poner límites a las pretensiones moyanistas y dar a entender que no protegería la corrupción sindical. Desde entonces, como se sabe, viene intentando descalificar las “extorsiones gremiales”, con miras a descargar en los salarios al menos parte del costo del inconfesable ajuste que se impone en la economía, desconocer reclamos que desequilibrarían aun más las cuentas públicas y de paso limitar la autonomía del poder sindical.

El problema es que esta apuesta oficial ha tenido un rendimiento declinante. Y aunque no pasa semana sin que el gobierno eche algún funcionario afín a Moyano, aliente las causas que se le siguen aquí y afuera, o de pasos para lograr su reemplazo al frente de la CGT, la crisis y su olfato le están permitiendo al camionero invertir el juego, tanto dentro como sobre todo fuera del mundo gremial: lo que él nos viene diciendo en los últimos tiempos es que el peronismo más peligroso para la sociedad no es el suyo, sino el de la presidente. Primero lo fundamentó en el mismo ajuste, en que el gobierno desoye a los trabajadores y está “perdiendo el rumbo”; luego agregó una nota política, planteando que el gobierno actual se parece cada vez más al de Menem; ahora apunta directamente al corazón del kirchnerismo, a sus pretendidos rasgos distintivos e innovadores frente a la tradición peronista, que según Moyano son presentados bajo los lemas del espíritu anticorporativo y el ideario progresista al solo efecto de disfrazar una vocación estalinista y totalitaria.

La pregunta que cabe hacerse es qué resultado podría arrojar un conflicto así planteado, cuán dañino o positivo puede llegar a ser para nuestra convulsionada democracia. A priori podría creerse que los argumentos de cada uno invalidan los del otro, por lo que la balanza quedaría equilibrada y lo mejor sería no tomarse muy en serio lo que dice esta o aquel: quienes detestan la burocracia y la patota sindical, esperan cambios en la administración de las obras sociales y más moderación en las protestas y huelgas podrían ver con buenos ojos que Cristina se imponga, mientras que los que esperan que los salarios no se deterioren con la crisis, o desean que el poder del gobierno encuentre un límite, se asegure un mínimo pluralismo político y se reabra un escenario de competencia podrían en cambio simpatizar con la causa de Moyano; pero más allá de esto y aquello a unos y otros les convendría no creerles demasiado a ninguno de los dos, igualmente dispuestos como están a cambiar de libreto en cuanto les resulte conveniente.

Con todo, y más allá de sus malos antecedentes en la materia y de lo exagerado y poco sincero que puedan ser sus recientes críticas al gobierno, hay muchos que sospechan que en la suerte de Moyano se puede cifrar el futuro de la república: en su guerra contra la presidente puede ser que la subsistencia del orden republicano esté finalmente en juego, pues el camionero es el único capaz de ponerle un freno a sus desbordes, vista la impotencia de la oposición, el repliegue a sus asuntos locales de los gobernadores y la silenciosa y temerosa inclinación de los empresarios a hacer todo lo que se les manda (a lo que podría sumarse también la reticencia hasta aquí mostrada por la Corte Suprema a involucrarse, para no “judicializar la política”).

Fuente: lanacion.com.ar

¿El camionero podría realmente brindar ese inesperado favor a la república, en un país estragado por la concentración de poder y los atropellos de un gobierno sin otros contrapesos? No hay que descartarlo, aunque el problema probablemente se vuelva más complejo. Y no sólo porque así como él encarna uno de los pocos poderes mínimamente autónomos de la Presidencia que quedan en pie en el país, encarna también la más rancia tradición gremial, facciosa, corrupta y violenta. ¿Habrá que elegir entonces entre pluralismo y competencia política o puesta en caja de la patota sindical? El dilema así planteado puede terminar enredando aun más a las débiles fuerzas de oposición. De allí que muchos en ellas miren con desconfianza el ingreso de Moyano a su territorio y se manifiesten neutrales en su pelea con Cristina, en la esperanza de no ser triturados por las revolcadas en que miden sus fuerzas los dos voluminosos paquidermos del poder peronista.

Además, quienes menos chances tienen de desentenderse del resultado de esta batalla serán, obviamente, los propios peronistas. Si CFK se saliera con la suya, no sólo podrá seguir adelante con su idea de descargar en los salarios al menos parte de los costos de los desequilibrios acumulados por su anterior gestión. También tendrá un obstáculo menos para avanzar con sus planes de control de las provincias y habilitación de su propia continuidad, sumando otra arma a la discrecional asignación de recursos fiscales. Pero si se impusiera Moyano los problemas para el peronismo no serían menos graves: el riesgo de ingobernabilidad podría reaparecer y con ella la disputa por el control del partido podría volverse una batalla campal. Más aun, el jefe cegetista les habría ganado de mano a los gobernadores que sueñan con suceder a la actual presidente y se convertiría en articulador necesario de cualquier coalición interna alternativa. Sería un precio justo por haber corrido riesgos cuando nadie se animó a hacerlo, pero eso no quita que se convertiría en una carga tal vez demasiado pesada para la tarea de fundar un proyecto poskirchnerista.

Como sea, para bien o para mal, lo cierto es que Moyano está logrando que su suerte adquiera un significado político mucho más amplio del previsto, y del que tendría en un país con fuerzas políticas y reglas de juego más sólidas. Y si algo comparten sus anteriores y sus potenciales nuevos aliados es el temor a las consecuencias que de ello se derivarán.

Publicado en tn.com.ar el 26 de marzo de 2012

Posted in Politica Argentina, Sindicalismo.

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One Response

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  1. desvinchado says

    El ajuste quedo a medio camino y el tema competitividad/salario se cayo de la ecuación con las medidas aduaneras…igualmente falta mucho para que termine el año. Saludos!!