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La causa Malvinas en América Latina: ¿”estamos ganando”?

La crítica más difundida a la política del actual gobierno sobre Malvinas es por lo menos exagerada. Ella sostiene que lo único que quiere Cristina es agitar el fervor nacionalista para ganarse un poroto ante los ciudadanos y distraerlos de los problemas domésticos que su gobierno no resuelve, la inflación, el enfriamiento de la economía, el transporte, la falta de combustible, etc. Puede que esto sea cierto en el caso de YPF, pero en relación a Malvinas no es tan así: hay una política que viene de largo y se explica por sus propios objetivos;  además Cristina y su gente creen que ella les está permitiendo avanzar y pueden conseguir logros importantes si perseveran.

Ahora bien: que Malvinas no sea sólo una cortina de humo, ¿habla bien o mal de las decisiones que se vienen tomando al respecto? Esto es harina de otro costal: que sea menos hipócrita de lo que muchos piensan no quiere decir que sea eficaz o prudente, tal vez al contrario. Veamos.

El gobierno actúa guiado por la convicción de que las circunstancias actuales juegan claramente a favor de ejercer mayor presión, incluso recurrir a amenazas diplomáticas y comerciales contra los británicos. Enumeremos esas circunstancias. Primero, las dificultades que enfrentan Gran Bretaña, Europa y más en general el mundo desarrollado, que les impedirían reaccionar desde posiciones de fuerza. Segundo, los reducidos costos que pagaría Argentina por ejercer esas presiones y amenazas, dada su situación financiera y comercial: no necesitamos que nos renueven ningún crédito, ni los organismos internacionales o gobiernos centrales avalen la emisión de bonos o algún gran proyecto de inversión, porque hemos renunciado de movida a ellos, y si dejaran de comprar nuestros productos podemos reemplazar esos mercados por otros más amigables (¿Angola?) y tendremos más argumentos para seguir cerrando las importaciones. Y tercero, lo fundamental, la solidaridad que ha cosechado la causa Malvinas en la región, gracias a la UNASUR, el eje bolivariano y la capitalización de pasiones contrarias al viejo mundo y EEUU, a los que ya en su momento Galtieri describió como “las plutocracias decadentes de Occidente”.

Habría que sumar una cuarta, que es tal vez la mejor fundada: las iniciativas unilaterales de exploración petrolera encuentran a Gran Bretaña “floja de papeles”, como suele decirse en la Cancillería, en medio de una creciente controversia diplomática, y ello permite elevar el riesgo de los inversores. Esto no es descabellado: se ha visto ya que es posible incidir en sus cotizaciones bursátiles, y por tanto en su acceso al crédito, así que estaría abierta la posibilidad de convertir a esos inversores en un factor complementario de presión sobre el gobierno inglés, que lo aliente a buscar algún acuerdo con Argentina que facilite sus negocios.  Pero esto se verificaría sólo en caso de que un arreglo razonable entre las partes se viera como factible; de otro modo, esas empresas preferirán aguantar el chubasco alineadas con la posición británica, hasta que se haya verificado que Argentina no puede hacer mucho para concretar sus amenazas e invertir en Malvinas es tan o más seguro que hacerlo, pongamos el caso, en Oriente Medio. Los costos impuestos a esas empresas habrían sido entonces sólo pasajeros, sus cotizaciones se recuperarían y Argentina se quedaría con las manos vacías.

Para que suceda lo primero, y el “factor petrolero” funcione según el plan oficial deberían verificarse las tres hipótesis anteriores, y eso es más que dudoso. Es claro que, por más crisis que haya en el hemisferio norte, Argentina no puede contar con que desde allá no se le responda con su misma moneda. Por si hacía falta una prueba, esta semana Obama se ocupó en persona de brindarla. Por otro lado, las crecientes dificultades de nuestro comercio exterior deberían desalentar al gobierno de mostrarse prepotente: Gran Bretaña es uno de los pocos mercados con los que tenemos aun un superávit amplio y genuino, igual que España, y es ridículo querer reemplazarlo con Angola u otro invento morenista. Y el cuadro no es menos desalentador en relación a América Latina, el supuesto gran logro de la política oficial, el terreno en que, parafraseando aquel hito de la cultura malvinera, “estamos ganando”.

Ya en 1982 el nacionalismo civil y militar, así como la izquierda antimperialista, se convencieron de que, aun perdiendo, se había sacado algún provecho de la guerra, porque Argentina se había parado por fin donde debía, enfrentando a sus reales enemigos y del lado de sus aliados naturales. Por eso se festejó que Galtieri y Bignone llevaran de vuelta al país al movimiento de no alineados y a la patria grande sudamericana. Desde que el kirchnerismo empezara a revertir la “vergonzosa sumisión menemista al imperio” se reavivaron estas ideas y esos sectores festejan ahora cada vez que algún gobierno de la región rinde homenaje a nuestro reclamo, prohibiendo una bandera o haciendo una declaración. Se pasa por alto así que, en particular para los países más cercanos, este se ha vuelto un negocio redondo, porque Argentina es la única que paga costos por agitar el antimperialismo,  mientras ellos elevan su valor como socios comerciales y políticos de los británicos. No tenemos por qué reprocharles que lo hagan: simplemente han asumido algo que cada vez es más evidente para el mundo, que el foco del conflicto que hay que resolver no es Malvinas, es Argentina.

Publicado en el diario Perfil el 1/04/2012

Posted in Kirchnerismo, Nacionalismo Sano, Política, Política Exterior.

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2 Responses

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  1. Andrés says

    Buenas Marcos,

    Leyendo la nota percibo que tu principal criterio para evaluar el acierto de la política actual sobre Malvinas es el de “ganar o perder” a corto plazo, pero no recuerdo haber leído en notas pro-K o del mismo gobierno los términos ganar o perder. Tampoco el gobierno habla de una disyuntiva “UK o Angola”.

    La apuesta actual es la de ejercer presión para incomodar lo máximo posible a UK a fin de que se le haga cada vez más costosa la ocupación. Muchos aspectos juegan a favor de la Argentina, entre ellos algunos miembros del Commonwealth que estarían por abrirse de la monarquía (Jamaica), el posible referendum escocés (que podría significar un mazaso para la corona) y el altísimo endeudamiento público-privado de UK, el más alto de Europa (500% del PBI en deuda pública+privada+corporativa según The Economist).

    A eso se le suma que UK, por más que explore y encuentre grandes yacimientos, sin el apoyo de al menos un país de la región (fundamentalemente Brasil o Chile) no puede desarrollar la plataforma física y de negocios necesaria para explotar esos descubrimientos.

    Saludos,

    Andrés

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Andrés, creo que tu comentario es pertinente aunque no se despega de las tesis que discuto en el artículo. Efectivamente la explotación unilateral del petroleo por parte de GB es problemática y buscar apoyo latinoamericano para forzar a los británicos a negociarla, para poder participar de ella en alguna medida, sería una política razonable. El problema es que esa no parece ser la prioridad del gobierno argentino: nadie desmintió que yo sepa la información de que los ingleses habrían querido abrir una vía de diálogo al respecto y Timerman se habría negado. Si a la larga consigue más por ser más duro en la negociación es algo que ahora no podemos saber, pero cabe sospechar que lo que busca no es negociar sino imponer la agenda antes de sentarse, y por esa vía corre el riesgo de quedarse sin nada.
    En cuanto a lo que decís respecto a que no se trata de “ganar o perder ahora”, sino a mediano o largo plazo, se contradice con lo que afirmás a continuación: “La apuesta actual es la de ejercer presión para incomodar lo máximo posible a UK a fin de que se le haga cada vez más costosa la ocupación”. Eso suena precisamente a un objetivo de corto plazo, poner a GB entre la espada y la pared, aprovechando sus problemas domésticos, que creo vos también evaluás elevados y crecientes sin mucha evidencia a tu favor: los problemas argentinos son también crecientes, y seguro tiene menos espalda para aguantar dificultades comerciales, financieras, etc., por más problemas que ellos tengan con Jamaica, Escocia o lo que sea, ser duros frente a Argentina no les cuesta nada dado que se trata de un país cada vez menos creíble y confiable.
    Saludos