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¿Será este el 2 de abril de Cristina?

Un sorpresivo atropello del derecho y el orden internacionales, justificado con el argumento bueno o malo de la “necesaria reparación de un daño a la soberanía nacional que se venía arrastrando desde hacía demasiado tiempo”, y que impulsa a la mayoría a respaldar al gobierno, incluso a muchos a hacerlo a disgusto, en la clave de la lucha contra los poderosos del mundo y a favor de las grandes causas nacionales, y a los disidentes a callar por temor a ser tachados de traidores, disparando un conflicto de impredecibles consecuencias en el que un declinante gobierno de turno se juega la posibilidad de tener aun un futuro, mientras que el resto del país lo que se juega es apenas conservar una ilusión, a riesgo de perder, y mucho. La analogía entre Malvinas e YPF se venía tejiendo hace meses. Y tal vez fuera inevitable que ella se coronara a toda orquesta, en un gran acto reparador equivalente a un salto al abismo. ¿Por qué íbamos a dejar pasar la oportunidad de disfrutar de otro de esos momentos refundacionales, otra entusiasmada y heroica comunión entre pueblo y gobierno en que nos jugamos a suerte o verdad? Parece que cada tanto preferimos una buena pelea a cualquier gris y triste negociación, que necesitamos recrear la escena en que “se define nuestro destino”.  ¿Será esta vez mejor el resultado?

En principio, es seguro que no será igual de destructivo, porque lo que está en juego en YPF es afortunadamente sólo dinero. Una cuestión de dinero es lo que decidirá a su vez a España a inclinarse por un mal arreglo o una buena pero larga y desgastante pelea. Finalmente, y como la propia presidente ha dicho, Repsol ya ganó suficiente dinero con YPF desde 1998 a esta parte, y aun podría sacar una buena tajada al momento de abandonar la compañía, una compañía que de común acuerdo con el kirchnerismo fue sistemáticamente vaciada en los últimos años y no tenía muchas perspectivas de mejorar de seguir en manos de los españoles.

Será también una cuestión de plata lo que pueda convencer a otro inversor de entrar en su lugar para volver a aumentar la producción. Las chances de que esto último suceda son escasas, pero no inexistentes: los que conocen el sector sostienen que las empresas chinas podrían ser tentadas con el enorme yacimiento de Vaca Muerta y tienen a su favor las garantías que provee Pekín: un poder inflexible y muy estable, que sin consultar a nadie ni preocuparse por ningún sistema internacional ni la cotización de las acciones de ninguna empresa podría decidir de un día para el otro hundir el comercio exterior argentino, así que puede estar más o menos seguro de que nuestro gobierno no se animaría a repetir en su contra lo que le ha hecho a Brufau.

De lograrse ambas cosas, una salida tensa pero rápida de los españoles y su reemplazo igual de rápido por los chinos, Cristina podrá decir que no sólo tuvo su 2 de abril, sino que se salió esta vez con la suya. Los costos para la confiabilidad del país ante al mundo serían igual considerables y duraderos. Difícilmente se pueda volver a contar por mucho tiempo con inversiones externas que no tengan la clase de garantías que ofrece Pekín. Pero se podrá decir que esas inversiones ya las estábamos perdiendo, así que no habría mucho que lamentar.

El problema más serio no sería ese, sino el que se derivaría de la lógica que habría permitido al gobierno “salirse con la suya”. La morenización de De Vido y la coronación de Kicillof se consolidarían y el gobierno podría concluir que sólo tiene futuro, y tiene además uno muy tentador, radicalizándose. Con lo cual se podrá seguir abonando el terreno para un cambio de régimen, no sólo económico sino también político. En suma, uno de esos escenarios en que, mirando hacia atrás al momento en que se tomó la decisión, cabrá dudar de qué era lo que le convenía realmente al país, si ganar o perder, porque en cualquiera de los dos casos en verdad se pierde más de lo que se gana.

 Por último, han tenido un papel no menor las fisuras que van creciendo en el propio vértice del poder. Que Zannini haya actuado como portador de un mensaje de prudencia, frente al fanatismo de Kicilloff y la resignada “morenización” de De Vido, habla de lo mal que están las cosas en la cúspide del Ejecutivo.

Posted in Kirchnerismo, Nacionalismo Sano, Política, Politica Argentina, Politica Económica.

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9 Responses

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  1. FEr says

    Más allá del análisis del golpe de efecto y las derivas futboleras de la medida en manos de un gobierno en un claro momento de desequilibrios y asediado por problemas que no termina bien de resolver, en un momento donde la economía no da la holgura de otrora. Más allá de esos elementos que me parece analizás con corrección, ¿Cuál es tu opinión sobre la medida en concreto? – o, mejor dicho – ¿Estás de acuerdo con una YPF de gestión mixta con primacía del Estado, una de gestión privada con mejores y más eficientes controles públicos, o una plenamente estatal?. Me interesa particularmente tu opinión.
    Muchas gracias y felicitaciones por el blog.
    Fernando

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Fernando, agradecemos tus felicitaciones y tu comentario, en cuanto a lo que preguntás la verdad es que no tengo una posición tomada, tal vez cualquiera de esas variantes podría funcionar con el marco regulatorio y los funcionarios adecuados, y ninguna podría funcionar en las condiciones actuales. En la larga historia de YPF, tal vez uno de sus mejores momentos fue entre 1992 y 1998, gestión privada pero nacional, suficientes acciones en manos del estado para evitar que la renta petrolera se evaporara y una estrategia empresaria razonable. Eso podía dar lugar a algo parecido a Petrobras pero se sabe que no sucedió. Será más fácil volver a intentarlo con la empresa en manos del estado o con accionistas privados? Me inclino más por lo segundo, creo que con el estado controlando el grueso de las acciones y más todavía, la gestión de la empresa, la tentación de depredarla para fines políticos coyunturales siempre será muy grande. Pero bueno, volver a privatizarla va a ser tal vez aun más difícil. Saludos

  3. Diego Herrera says

    Hoy poliarquia publico un estudio donde dice que el 64% de los Argentinos considera que esta bien confiscar YPF, eso quiere decir que el 64% de esta muestra considera que esta bien no respetar una cosa llamada “contrato”, no se que opinas?

  4. Marcos Novaro says

    Y bueno, no sería la primera vez que nuestra opinión pública considera que el fin justifica los medios y que las leyes son la excusa de los poderosos, así que se justifica pisotearlas para llevar adelante cambios. Lo que resulta de esta actitud es curioso y revelador: si Repsol vació la empresa, como es evidente que sucedió, el gobierno debió tener medios e instancias para reclamárselo, ir por la vía legal era lo que convenía porque se podía terminar expropiando YPF a cambio de poco y nada, victimizar al país frente a un grupo multinacional, y quedar muy bien parados. En cambio ahora el que quedó en el lugar de victima es Repsol, el que viola el derecho es el gobierno argentino, y pague poco o no tan poco, los españoles podrán decir que fue insuficiente y los estafaron. O bien el gobierno, y quienes los apoyan, se equivocan por ser demasiado apresurados y despreciar la ley debido a un vicio atávico del populismo, o bien tienen demasiado que ocultar como para poder apelar al derecho que los asiste. Para mí que es una mezcla de las dos cosas.

  5. Rodrigo says

    Del análisis se puede interpretar que es preferible que fracase la medida, con tal de aguantar el éxito de un gobierno nefasto y populista como el de Cristina. Un poco forzada la analogía, pero bué.
    Saludos!

  6. Rodrigo says

    Quise decir: si el precio del fracaso de la medida es no tener que aguantar a los Kirchner, bienvenido el fracaso! Tal vez exagero un poco, pero no tanto.

  7. Rinconete says

    ¨Un sorpresivo atropello del derecho y el orden internacionales¨…

    La expropiación es una prerrogativa constitucional que posee el Estado, poco tiene de atropello al derecho ya que, justamente forma parte del mismo. Puede gustarnos o no, como la privatización de una empresa del Estado puede parecernos una idea acertada o la expropiación de un campo para construir una ruta, un error.

    Pero el gobierno hizo lo que reclamás, fue por la vía legal.

    Pasan los años y nos vamos quedando sin superlativos. Las leyes son manotazos para la kaja, una expropiación es un atropello, las iniciativas del gobierno son en realidad intrigas personales de ministros inescrupulosos, los dedos en V en el velorio de un ex-presidente, violentas promesas de venganza y un reclamo territorial por vía diplomática, un gesto de agitación nacionalista.

    Saludos,
    r.

  8. Marcos Novaro says

    Estimado Rodrigo, en el artículo se plantea la pregunta sobre si es mejor que les salga bien o mal este asunto de la “recuperación” de YPF, no una respuesta. Personalmente, la verdad, no estoy seguro de que sea mejor que les vaya mal (como dijo o dejó entrever Macri y creo que en eso se equivocó): el supuesto del argumento pesimista es que cuanto antes se les acabe la plata van a hacer menos daño a la economía y la democracia, pero se ha visto que siempre tienen forma de encontrar la forma de fugar hacia delante, manotear algún mango más a alguien, aunque sea violando más y más leyes y derechos de propiedad, así que al contrario, cabe esperar que si no consiguen siquiera una mínima inversión privada y encima tienen que seguir importando carísimo el gas licuado, la cuenta no la van a pagar ellos si no nuevos enemigos a los que exprimirán. Siguiendo esta lógica creo que la mejor perspectiva para la democracia y la economía argentinas en los años que se vienen sigue siendo un curso mediocre y no una crisis: igual, con resultados mediocres de las políticas oficiales, el peronismo se dividirá y no podrán aspirar seriamente a otro mandato para Cristina ni para ningún vicario. El problema es que entre un final mediocre y una crisis a toda orquesta en que se jueguen su destino a suerte o verdad son los kirchneristas los que prefieren lo segundo, así que esta discusión se torna cada vez más irrelevante: vamos a tener crisis porque está en la lógica de la estrategia oficial tenerla. Lo único que podemos hacer es desear o abogar para que no sea demasiado grave.
    En cuanto a lo de Rinconete, para hablar de “legalidad” hay que conocer mínimamente lo que dicen las leyes y la constitución, que no son “tan” interpretables como el gobierno pretende: si se establece que para expropiar hay que seguir ciertos pasos, por ejemplo primero negociar un precio, ofertar por toda la compañía, respetando sus estatutos y los pactos de protección de inversiones,etc, hay ciertas cosas que no se pueden hacer. Se puede sí incluso apretar a los dueños, hacer correr en el mercado rumores negativos para que bajen las cotizaciones y demás, pero no se puede intervenir la empresa por decreto, tomar la parte de las acciones que a uno le plazca, y decir que después se le va a poner precio, cuando a un órgano oficial se le cante. Por todo esto se trata de una confiscación y no de una expropiación, cuya ilegalidad le hace un favor a futuro a Repsol: en vez de ser ellos los que van a tener que dar explicaciones, será el estado argentino, en el Ciadi, en los organismos internacionales y en algún momento también en los tribunales argentinos, donde seguramente la onda actual de dejar hacer al gobierno va a pasar y unos cuantos abogados se llenarán los bolsillos gracias a las bestialidades que él está haciendo. Y todo para sacar de la vista del público sus complicidades con Repsol, que en una negociación abierta y franca no podrían disimularse. Ahí tenés otro superlativo para tu colección: esta supuesta revolución se hace para esconder la torpeza y la corrupción, y lo que resulte será seguramente más de las dos cosas. Guardalos todos juntos para que en unos años vuelvas a pensarlo.
    Saludos

  9. Rinconete says

    Marcos

    Si para expropiar una empresa, el Estado tuviera antes que negociar y acordar un precio con sus accionistas, probablemente no existirían las expropiaciones. El precio será fijado por el Tribunal de Tasación, según lo estipula la ley y la discusión con Repsol llevará años, como ocurre en este tipo de conflictos, tal como lo señaló Miguel Bein, alguien poco sospechado de oficialismo.

    Tu alergia al gobierno te impide analizar políticamente iniciativas políticas. Sólo describís manotazos, bestialidades, amenazas y atropellos y vaticinás un inminente final catastrófico que nunca llega, como una especie de Apocalipsis esquivo.

    Lamento que reemplaces una vez más el análisis político por la conjetura metafísica, la futurología o el apasionado análisis de las intenciones satánicas de un gobierno necesariamente maligno.

    Saludos,
    r.