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Scioli forzado a correr riesgos

El gobernador bonaerense dio un paso sorpresivo hace unos dias y anunció que peleará por la candidatura presidencial de 2015. La explicación que brindó de tan imprevisto como anticipado anuncio sonó sincera: dijo más o menos abiertamente estar sorprendido de que las cosas se hubieran puesto tan mal en tan poco tiempo en su relación con los kirchneristas duros del distrito, y que esperaba que poniendo las cartas sobre la mesa las cosas se aclararan y pudieran reencauzarse. Una explicación y una aspiración que suponen la implícita confesión de haber errado el diagnóstico: lo que está detrás del argumento de Scioli es que él hasta aquí venía actuando con la idea de que habría un tiempo de relativa calma, al menos hasta que se acercaran las legislativas de 2013, durante el cual cada bando podría sacar provecho del relativo equilibrio de poder resultante de las elecciones del año pasado, pero ahora ha tomado nota del hecho de que ese equilibrio no será respetado y a menos que él movilice sus recursos y apoyos los verá consumirse hasta quedar reducido a la impotencia.

Puede que la explicación sea sincera, pero lo que es seguro es que es parcial. Lo otro que no previó el gobernador es que la situación fiscal se complicaría también rápida y abruptamente en los últimos seis meses, invirtiendo la relación que hasta aquí los sciolistas habían logrado establecer con la presidente y su gente: de desconfiados compañeros de ruta que pujaban por apropiarse de los logros de la gestión pasaron a desempeñarse como irreconciliables timoneles de un ajuste que no podrán evitar achacarse mutuamente, obligados a dar malas noticias sobre impuestos, salarios, tarifas y cosas por el estilo, mientras se juegan el control del peronismo y tener o no algún futuro en su seno. De allí que el conflicto no sea muy fácil de acotar ni de atribuir a sobreactuaciones de este o aquel personaje, o a las históricas desconfianzas mutuas: donde nunca hubo amor ni sintonía ideológica, pero al menos hasta hace poco operaba un convergente interés por sacar provecho de las buenas nuevas que regularmente podían brindarse a intendentes, sindicatos y votantes en general, ahora sólo quedan motivos para desconfiar y la matemática necesidad de hacer que los números cierren a costa de otros. No es casual, por ello, aunque sí puede sonar paradójico, que Scioli blanquee su sueño presidencial justo cuando su presente provincial está poblándose de protestas, a las que se estima pronto se le agregarán impuestazos, cuasimonedas y otras delicias por el estilo.

Tampoco hizo explícito el gobernador el nuevo cuadro de competencia política que ha empezado a configurarse, y que sin duda alentó su decisión de dar un paso al frente, contra lo que ha sido por norma su actitud. Con Macri instalado como único contradictor abierto de las políticas del gobierno nacional, Moyano dispuesto a resistir todos los esfuerzos por hacerlo a un lado en la CGT y el resto de los gremios, aun los más antimoyanistas y de mejor diálogo con la Casa Rosada, a no resignar ni demandas ni autonomía frente al gobierno nacional, se han elevado en los últimos tiempos los costos de seguir al pie de la letra el manual de sobrevivencia que hasta aquí tan magistralmente el sciolismo ha usado para sobrevivir sin pelearse con casi nadie. Ese manual, aclaremos, le permitía estar lo suficientemente cerca de Cristina para no recibir sus palazos, y al mismo tiempo sutil pero suficientemente distante de sus posiciones como para caerle bien a muchos antikirchneristas y no ser absorbido en el espacio gravitacional oficial, tan monopólico y unicentrado que no deja que nadie más florezca. La pregunta que cabe hacerse a este respecto es si, movido por la necesidad de operar este giro en su actitud, Scioli está empezando un cambio más general de estrategia, o se trata apenas de una que otra nota más de independencia pero para poder seguir haciendo el mismo juego que antes.

Que se puede tratar de lo segundo resulta abonado por la aclaración que el gobernador hizo respecto a un eventual tercer mandato para Cristina: si ella pudiera ser candidata él la apoyaría, dijo. Aunque el modo en que lo formuló no casualmente dejó margen para una segunda lectura: se cuidó de aclarar si apoyaría o no una propuesta para reformar la Constitución. El problema de fondo no es este, sino que cambiar de estrategia le exige a Scioli bastante más que estas sutiles declaraciones y juegos interpretativos. Hasta aquí su idea viene siendo que tarde o temprano Cristina y al menos los kirchneristas moderados terminarán por resignarse a no tener candidato propio para la sucesión, y cuando eso suceda al igual que los antikircneristas moderados optarán por apoyarlo para ese cometido, permitiéndole reconciliar a la familia peronista. No parece tener ninguna respuesta para el caso de que la presidente prefiera una ruptura del PJ antes que perder el control sobre él, incluso al precio de que el peronismo pierda las próximas elecciones. Cuando se resigne a esto tal vez ya sea tarde para que pueda escapar de los incendios platenses con un paso de baile que le permita en el mismo movimiento aterrizar en las suaves costas de Olivos.

Atender a las apuestas y juegos de la presidente es oportuno porque el otro costado del asunto que Scioli tal vez no está considerando lo suficiente es que, mientras cree estar tomando la iniciativa y poniendo en marcha finalmente su demorada carrera presidencial, tal vez lo que esté realmente haciendo no sea sino ajustarse al plan que han concebido para él los actuales ocupantes de Olivos: igual que a Macri y Moyano, enfrentar abiertamente al kirchnerismo lo obligará a enlodarse en una arena de circo poblada de conflictos trabados, que no interesan ni son muy comprensibles siquiera para la opinión pública. Arena de la que el gobierno nacional no necesita salir victorioso: le basta con poder abrazar en ella a sus adversarios más temidos, para arrastrarlos con él escalera abajo en la estima de la sociedad.

Publicado en tn.com.ar el 13/05/2012

Posted in Politica Argentina.