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¿Puede irle bien a Cristina si a Scioli le va mal?

La inversa se ha visto ya que puede darse, al menos dentro de cierto rango moderado de problemas: Scioli fue capaz de despegarse de la mala fortuna kirchnerista en el pasado y está volviendo a intentarlo en estos días. Recordemos que en 2009, fruto de la crisis económica y su participación obligada en la lista testimonial bonaerense, su imagen se deterioró con fuerza. Pero se recuperó antes y más fuertemente que la de Néstor y Cristina durante el año siguiente. De allí que hasta que aquel falleciera, en octubre de 2010, todo indicaba que Scioli se disponía a lanzarse a la carrera presidencial. En los primeros meses de este año, de nuevo, la evolución de la imagen pública del gobernador ha sido mejor que la presidencial: mientras Cristina retrocede entre 20 y 25 % de su marca más alta, registrada tras la elección de octubre de 2011, Scioli se las viene arreglando bastante bien, haciendo encima bastante poco, para capear un temporal de malas noticias que parece no tener fin y afecta tanto a su distrito como al conjunto del país.

Como se ha señalado reiteradas veces en los últimos días, esa capacidad para esconderle el bulto a la desconfianza y el malhumor social es el principal motivo de la intensificación de los ataques que recibe del kirchnerismo duro. Cuyas más claras expresiones son el retaceo de fondos desde nación y la presión para que los sustituya por un impuestazo a sus sectores productivos, en particular al agropecuario, de ser posible instrumentado vía decretazo, para que su responsabilidad en ello no pueda ser ni evadida ni compartida.

Dejemos de lado el hecho de que lo que más contribuye a complicar sectorial y políticamente el pretendido aumento de las cargas del inmnobiliario rural de la provincia, que en otro contexto no sólo se podría justificar por las urgencias de caja de la gobernación sino por su efecto redistributivo y su eficacia para incentivar la productividad del agro, es la presión que ya ejercen sobre ese sector pesadas contribuciones nacionales, como las retenciones, cuya eficacia redistributiva es mucho menor, además de ser mucho menos recomendable para alentar la producción. Lo más grave del asunto no es esto sino que el kirchnerismo bonaerense parece estar actuando con dos objetivos en mente, a cuál peor para Scioli: o bien forzar un choque entre el gobierno provincial y los ruralistas, tras el cual aquel incremente los recursos que les extrae a éstos pero sólo para sustituir con ellos lo que habrá resignando por la caída de las transferencias de la nación, o bien conducir a una capitulación de La Plata frente a un campo soliviantado, tras la cual la provincia se vería obligada a reducir gastos y reeditar los patacones, y habrá quedado demostrada su complicidad con la derecha y su incompatibilidad con el “progresismo K”.

Es en estos términos que la pregunta del comienzo debe considerarse: ¿qué y cuánto puede ganar Cristina complicándole la vida a Scioli?, ¿puede ella descargar en éste el “costo del ajuste” igual que pretende hacerlo en Macri? Recordemos que antes de que Buenos Aires se convirtiera al sciolismo, fue el distrito en donde nació al estrellato electoral nacional la actual presidente. De allí que ella piense que tiene tanto o más derecho que el actual gobernador a disponer de la vida y la hacienda de los bonaerenses y a maniobrar con todos los medios a su alcance para que siga siendo, o vuelva a ser mejor dicho, la principal base de apoyo de su proyecto y su garantía de continuidad en el poder. La clave estará en llenar de piquetes y huelguistas las calles de La Plata, sin que el malhumor se extienda a las oficinas del Ejecutivo nacional, asegurándose que sea en éstas donde en todo caso se den las respuestas que a Scioli se le habrá vuelto imposible otorgar.

El juego no deja de ser razonable, y están dadas al menos algunas condiciones para que funcione: entre ellas, la disponibilidad de recursos fiscales en las arcas nacionales para que intendentes, gremios y demás organizaciones sociales, tras cansarse de deambular sin suerte por el espinel de la gestión bonaerense, vayan a morder los anzuelos bien encarnados que les pongan al alcance Alicia Kirchner, Máximo y la propia Cristina. En una economía en declive estos seguirán así siendo imbatibles proveedores del bienestar colectivo. La cuestión es si alcanzará con eso para que el peronismo se alinee y la sociedad siga convencida de que no hay futuro mejor que el que le ofrece el apellido que comparten.

Posted in Politica Argentina.

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2 Responses

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  1. Pablo DdeB says

    No veo margen alguno para que Scioli o cualquier otro gobernador u actor políticoque no sea el Ejecutivo nacional pague la cuenta politica de la crisis, que ya está pegando con fuerza. Que el malhumor también castigará a los gobernators, no hay duda (caso Bonfatti, acá en S.FE). Pero la factura mayor irá, ya va, como siempre para la Rosada.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Pablo, no estaría tan seguro que “la factura mayor” tenga ya destinatario: hay gobernadores que, como Scioli y Bonfatti, no tienen mayoría en sus legislativos, no tienen mucho margen para bajar gastos ni manotear recursos extra, y sólo pueden aumentar los impuestos, justo cuando la crisis aprieta hasta a los más acomodados de sus provincias, y que encima no pueden reelegir por lo que tienen partidos que, a menos que ellos logren proyectarse para cargos más altos, buscarán naturalmente descargarles los problemas, si no pueden hacerlo en otros. Asi, no sólo esas oposiciones desafiantes, sino sus propios partidos pueden terminar bloqueándole las salidas de emergencia a esos mandatarios en problemas. Por caso, para Massa no sería mal negocio sumarse a la cantinela k contra Scioli si así se asegura sucederlo, con lo cual los dos más peligrosos enemigos de Cristina en el distrito terminarían trabajando para ella y peleando entre sí.
    En suma, no veo por qué estos tipos no pueden terminar siendo patos cojos aun más débiles que Cristina. Es cierto que esta hace de todo para irritar, comete muchos errores y tiende a malgastar enormes cantidades de dinero, pero así como va por la vida con su alegre inconsciencia puede seguir al menos por un tiempo disfrutando del favor social. Por su parte Scioli, estamos viendo en estas horas, tiene una irrefrenable vocación de bonzo con lo cual su sueño presidencial puede terminar antes de empezar, y de Bonfatti no conozco encuestas, pero sospecho que nunca fue muy amado por su pueblo que digamos, ni parece tener mucha capacidad de proyección política como para pilotear en la tormenta, así que no sería muy optimista sobre el futuro de ninguno de ellos.
    Yo tampoco creo, como vos decís, que a Cristina le sea fácil zafar del malhumor social, pero insisto en que le bastaría para sobrevivir con asegurarse que a los demás les vaya igual de mal que a ella frente a la sociedad, y que la plata se les acabe antes que a ella, y diría por lo que se ve que aun tiene algunas posibilidades de lograrlo.