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Moyano dispara la descomposición de la coalición gobernante

Creyendo que soltaba lastre, ganaba cohesión y se preparaba mejor para sus desafíos futuros, en los últimos tiempos el gobierno ha venido tirando por la ventana uno tras otro a viejos aliados, algunos firmes y confiables y otros no tanto: en el campo político es lo que está haciendo con Scioli, en el campo empresario ya lo hizo con una larga lista de hombres de negocios amigos de Néstor Kirchner, y en el sindical lo viene intentando desde las elecciones del año pasado con Moyano.

Era previsible que semejante apuesta encontrara en este último un serio obstáculo para avanzar: el sindical es un poder bastante a resguardo de la discrecionalidad presidencial (hoy por hoy, bastante más a resguardo que el de casi cualquier empresario, por más grande que sea), Moyano es un entrenado dirigente siempre dispuesto a dar pelea, que además supo hilar su destino personal con la suerte de reivindicaciones valiosas para sus pares, y que se han vuelto aun más valiosas en un momento de incipiente crisis económica como el que vivimos; a lo que el camionero suma una fuerte vocación por la política partidaria, que se ha vuelto también de más interés para los líderes peronistas una vez que la anticipación de la disputa por la sucesión presidencial empezó a agitar las aguas de esa fuerza política.

Lo que tal vez no resultaba tan previsible como lo anterior fue el cúmulo de errores cometidos por Cristina y sus funcionarios en el manejo de la “cuestión Moyano”, que hicieron de un dolor de cabeza, un potente factor disolvente de la entera coalición gubernamental.

Estos errores tienen al menos en parte su origen en que las circunstancias en que debe actuar el gobierno han cambiado muy rápida y profundamente y él no parece advertirlo, por lo que pretende seguir aplicando los mismos métodos que hasta aquí le funcionaron: por caso, el de la “radicalización”. Ella puede ser útil para ganar el favor de los dubitativos o tibios dentro del partido o la coalición cuando quien la impulsa es capaz de asegurarles dos cosas esenciales, dinero y futuro; pero deja de ser conveniente cuando empieza a escasear lo primero y lo segundo se escapa de las manos; entonces radicalizarse pasa a ser una vía segura para quedarse solo.

Algo de esto le ha sucedido a Cristina tras ser reelecta: quiso aplicar después de ganar la misma receta que usó para llegar a ese resultado, y la misma que tiempo antes Néstor utilizara para construir su coalición. Tal vez pensando que podía así horadar el poder de sus socios menos firmes y más autónomos, y evitarse males mayores más adelante. Pero en vez de lograr lo que se proponía consiguió acelerar los tiempos, creó el espacio adecuado para que Moyano se presentara como una víctima de su prepotencia, adquiriera legitimidad para convertirse en su adversario, y comenzara a atraerse más y más apoyo y colaboración de otros actores.

Fue así que el cerco sanitario que Cristina pretendió levantar en torno al jefe de la CGT se derrumbó. Lejos de quedar aislado, el camionero se rodeó de apoyos suficientes de sus pares para seguir al frente de la central, o al menos para fracturarla y presentar ese hecho, en el marco del conflicto abierto con el gobierno, como desenlace inevitable de un proceso que él no inició. Y encima fue ganando interlocutores políticos, en el peronismo y fuera de él: Scioli y los demás gobernadores deberán por un tiempo cuidarse de hacer equilibrio entre la presidente y el sindicalista, pero ya eso es suficiente para confirmar a éste como un referente inescapable del peronismo que viene, y del proceso sucesorio. Y lo mismo cabe para los empresarios, las fuerzas opositoras, la CTA o los medios independientes. Un cuadro muy distinto del que Cristina parecía haber podido imponer hace seis meses, cuando lo borró de las listas y se negó a atenderlo, mientras esperaba que sus enemigos de siempre en la CGT lo forzaran a abandonarla.

¿Alcanzará con eso para que Moyano logre el sueño que se le negó en 2011, participe de la competencia electoral, tal vez hasta integre una futura fórmula presidencial?  ¿No se volverá el camionero alguien demasiado gravitante en el campo opositor, y por tanto un dolor de cabeza para los aspirantes a la sucesión, que no podrán ocultar su incómoda complicidad con un personaje por demás impopular e incapaz de ganar adhesión ciudadana? Puede ser, pero eso no quita que Moyano le habrá hecho un gran favor a la competencia política y el pluralismo si logra dejar sentado frente a la sociedad que cuando la presidente se niega a hablar con alguien, a atender siquiera sus reclamos, el problema lo tiene ella y no sus rechazados interlocutores, y los costos consecuentemente se le cargarán a su cuenta.

publicado en perfil.com el 24/6/2012

Posted in Politica Argentina.

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