Skip to content


Cristina le impone a Scioli sus reglas y sus tiempos

La presidente está decidida a impedir que el pluralismo peronista actúe como un sucedáneo de la competencia interpartidaria, la cual se ha comprobado ya es incapaz de desafiarla y muy probablemente lo siga siendo por bastante tiempo más.

De este modo, Cristina espera poder evitar que los cada vez más numerosos grupos de interés y de opinión de la sociedad que toman distancia de o se enfrentan con su gobierno encuentren en facciones internas del peronismo un canal para expresarse, influir en la toma de decisiones, y finalmente para competir por el poder, tanto en 2013 como en 2015. Si lo logra, el peronismo continuará alineado, el malestar de la sociedad, aunque siga creciendo un tiempo más, alimentado por la recesión y la inflación, se consumirá en sí mismo, se disipará entre varias opciones opositoras sin capacidad de coaligarse y vencer, o bien declinará antes de que las urnas tomen nota de él, por efecto de un nuevo ciclo de expansión económica. Y así, cualquiera sea caso, ella podrá seguir avanzando con su plan de reformar la Constitución, o bien inventar con tiempo un candidato vicario para que la suceda.

El principal riesgo que enfrenta esta estrategia es que, al cerrarle la puerta al pluralismo peronista, no consiga alineamiento y disciplina partidaria sino su opuesto, desatándose una guerra interna sin reglas de juego ni límite de ningún tipo. Lo sucedido en el terreno sindical es un mal antecedente a este respecto: Cristina se propuso aislar y anular a Moyano, pero éste parece que va a sobrevivir, y lo que resultó del conflicto es un cuadro de fragmentación sindical que anarquiza la puja distributiva y complica aún a una gestión económica de por sí bastante enredada.

Es cierto, con todo, que tanto Scioli como en general los jefes territoriales del PJ, aun los que cuentan con mucho más consenso político que Moyano, están más a tiro de la Casa Rosada que éste: tienen que pagar sueldos todos los meses, hacer obras y competir contra desafiantes facciones internas en sus distritos, y todo ello puede ser entorpecido o facilitado muy fácilmente por la presidente, gracias al enorme control que ejerce sobre los recursos fiscales. Además, la inversa capacidad de daño sobre ella de esos jefes distritales, consistente en la eventual presentación de listas propias en sus distritos que derroten a las kirchneristas, sólo podrían hacerla efectiva dentro de un año largo, a diferencia de Moyano que puede interrumpir el flujo de combustible de buenas a primeras como ya lo hizo hace unos días.

Esta es la razón de que Cristina haya aprovechado la excusa de la reunión entre el camionero y el bonaerense para empujar a éste al páramo en que se encontraba aquél desde hace tiempo: más que un supuesto enojo pesó en ello un frío cálculo, el que le indicó la conveniencia no de romper ese vínculo sino fortalecerlo para que la suerte de Scioli quede asociada a Moyano, y pierda algo de su popularidad, la lealtad de sus intendentes y la interlocución con posibles aliados.

¿Se saldrá la presidente con la suya? Depende en gran medida de la capacidad de resistencia y la habilidad para pilotear en la tormenta que demuestre su adversario, ahora que ya no puede demorar la pelea, ni librarla en el terreno para él más conveniente. La crisis económica y la virulencia que van cobrando las disputas fiscales y sindicales, para nada exclusivas de su distrito, jugarán a su favor. Y también lo hará la incapacidad del kirchnerismo para crear liderazgos territoriales alternativos: recordemos si no que las principales apuestas de la presidente en este terreno, Mariotto y Sabattella, más que un motivo de desvelo han sido un aliciente para que el sciolismo durmiera tranquilo. Demasiado tranquilo.

 

Publicado en el diario Perfil el 8/7/2012

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.