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Elecciones en Holanda: la rareza de elegir representantes y no gobiernos

Hace un par de años decíamos que el proceso de formación de una coalición de gobierno en Holanda despertaba la pasión de multitudes. Pues bien, en los próximos días tendremos una nueva edición de este apasionante juego.
Permítanme esta vez explayarme un poco más sobre qué tienen de muy especial las elecciones en este bonito país.
Para empezar, Holanda es – aunque suene extraño – el país con el electorado más inestable de Europa Occidental. Sólo Italia ha mostrado en los años 90s valores similares de volatilidad de los votantes, pero mientras en el caso italiano ello ocurrió en el marco de una reestructuración total de su sistema político, en Holanda la inestabilidad electoral ocurre en condiciones de la más completa normalidad política y económica.
Esta inestabilidad es una característica histórica de Holanda, pero ha aumentado sensiblemente en las últimas dos décadas, en las que su flotante electorado supo promover el vertiginoso crecimiento de partidos de derecha (la Lista Pim Fortuyn en 2002 y el Partido de la Libertad en 2010) y de izquierda (el Partido Socialista en 2006). La suerte de los partidos más tradicionales, por otra parte, está enteramente ligada a las circunstancias de la elección, sin que puedan ya contar con un electorado de pertenencia.
Como enseña Peter Mair, los electorados pueden estabilizarse por la presencia de fuertes clivajes, por las características de la estructura de la competencia, o por ambas cosas. Hasta los años 70s, los tradicionales pilares que segmentaban a la sociedad holandesa desde principios de siglo XX dotaban de estabilidad a su sistema partidario. Con el tiempo, como en el resto de Europa Occidental, las viejas identidades de clase y religiosas se fueron diluyendo, y lo hicieron sin que la estructura de la competencia pudiera actuar como un dique para contener la inestabilidad.

En efecto, la diferencia de Holanda con gran parte del resto de la región es que en la mayoría de los demás países de Europa Occidental los propios sistemas partidarios junto a los diseños institucionales lograron mantener una estructura de competencia cerrada. De ese modo, aunque las identidades se hubieran evaporado,  la competencia quedó relativamente congelada en los términos en los que se había constituido en las primeras décadas del siglo.
Una estructura cerrada de competencia supone la existencia de coaliciones alternativas predeterminadas, y que por lo tanto los votantes se enfrentan con claras opciones en términos de la elección del gobierno. Aunque el régimen sea parlamentario, y los votantes deban en realidad escoger a un partido, en sistemas de estructura cerrada se acude a las urnas para elegir un gobierno, sabiendo de antemano cuáles son las coaliciones posibles y cuál se impondrá según los resultados electorales.
Nada de esto ocurre en Holanda, donde los votantes no pueden hacer otra cosa que votar por representantes de un partido, sin poder predecir qué ocurrirá luego a la hora de formar gobierno, lo cual constituye toda una extrañeza en el contexto de las democracias contemporáneas, que sea cual sea su régimen de gobierno tienden a adoptar un formato de competencia bipolar.

Un dato revelador es que de las 16 veces que se formó un nuevo gobierno en Holanda entre 1950 y 2011, en 11 (incluyendo las cuatro últimas) ese nuevo gobierno estuvo conformado por una coalición de gobierno novedosa, que nunca antes se había formado. Ello incluyó a la entonces sorprendente coalición púrpura entre laboristas y liberales (1994-98), y la gran coalición de demócrata-cristianos y laboristas en 2006. En cinco ocasiones, además, un partido que se presentaba por primera vez a elecciones formó parte de la coalición gubernamental.
Lo cierto es que, como decíamos hace dos años, los potenciales socios de gobierno de cada partido son en la actualidad, virtualmente, todos y cada uno del resto de los partidos; en ese marco, todas o casi todas las combinaciones parecen posibles.
Los liberales del VVD y los socialistas del SP encabezan las encuestas para las elecciones que tendrán lugar el 12 de septiembre. Lo más probable es que los primeros tengan el mayor número de votos, pero recién entonces deberán encarar la tarea en la cual fracasaron desde la última elección, en 2010, hasta el llamado a nuevas elecciones, en abril pasado: la de conformar una mayoría parlamentaria (gobernaron dos años con una coalición de minoría), y en particular una que apruebe los programas de austeridad fiscal destinados a llevar el déficit por debajo del 3% exigido por la Unión Europea.

Posted in Política.


One Response

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  1. emiliogaviria says

    Netherlands, Países Bajos. “…flotante electorado…”, “…dique para contener la inestabilidad…”, “…coaliciones alternativas predeterminadas…”, “…no pueden predecir qué ocurrirá…”, todo ésto en la política. En el 885 los normandos quisieron conquistarla pero fueron rechazados. Fueron vasallos de varias monarquías. En 1598 se libran de los españoles .Después los dominaron otros. Desde 1948 retomaron su gobierno propio. 33000 km cuadrados de superficie, 2/5 partes bajo el nivel del mar, 1/5 se eleva a menos de 50 metros. Tienen que trabajar duro y constante. Sus recursos materiales limitados impulsaron las importaciones, industrias y capacidad humana nacional que se extiende al mundo. Libertad plena, 40% católicos, 28% protestantes, 9%calvinistas, 20% sin religión. Hablan el dutch y derivados. A mi entender los condicionantes físicos e históricos desfavorables inciden en las singularidades de su política, están habituados a la inestabilidad, a no poder predecir demasiado, con alternativas fijas, seguras, ni siquiera en sus diques, por ello flotan, adaptándose a sus circunstancias.