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Un paro oportuno para corregir errores

¿Cómo es que llegamos a esta situación? Es una pregunta que sería bueno que Cristina Kirchner se hiciera tras la seguidilla de malas noticias y protestas que golpearon a su gobierno, y más aun después del masivo paro general del martes. Porque si algo caracteriza la actual situación es su “evitabilidad”: no resultó del estado de cosas previo, al menos en su mayor parte es consecuencia de sus decisiones, de “errores no forzados” que ella cometió. Prueba suficiente de ello es el hecho de que el cuadro actual era inimaginable poco tiempo atrás. Más aun: si retrocediéramos a fines de 2011 e imagináramos a alguien pronosticando que Cristina debería lidiar con los problemas que hoy signan la economía, las relaciones exteriores, el clima de opinión y más todavía la protesta social, hubiera sido tachado sin más de agorero interesado y delirante. ¿Cómo y por qué alguien pudo equivocarse tanto en tan poco tiempo? Parte del problema es que Cristina se volvió víctima de su propio éxito: interpretó muy mal su triunfo del año pasado, creyó que los votos conseguidos le daban la razón en todo y ya nada le impediría “sacar de la cancha” a sus adversarios. Precisamente el modo en que manejó la “cuestión Moyano” echa luz al respecto.

Recordemos la eficacia con que la presidente manejó la relación con el camionero durante la campaña por la reelección: lo tuvo a raya, sin atender sus reclamos corporativos ni políticos, ganando así puntos frente a una clase media que ansía que el gobierno garantice el orden y más aun que ponga en caja a los gremios, y a la vez lo mantuvo dentro de su coalición y siguió proveyendo beneficios a los asalariados, transmitiendo que el suyo seguiría siendo un gobierno “de los de abajo”. Fue así que logró sumar al voto popular el de amplios sectores medios.

Sin embargo, tras la elección, en vez de ajustar este juego, probado en la práctica, para lubricar el giro que inevitablemente debía hacer en la política económica, y que implicaba reducir al menos algunos beneficios e incrementar algunos impuestos, Cristina cambió drásticamente de actitud: quiso usar el 54% para hacer a un lado sin miramientos a los que la desafiaran o pretendieran seguir ejerciendo un poder autónomo; y emprendió entonces guerras destructivas contra Scioli, Macri, Peralta y Moyano. Sobre todo contra Moyano.

Su fracaso en aislar y liquidar al líder cegetista en la primera mitad del año debió ser suficiente lección. Pero no fue así: el gobierno siguió chocando incluso con los que se postularon como aliados sustitutos en el campo sindical, mientras consumía tiempo y recursos en batallas dialécticas con el camionero, batallas en que éste, dada la desproporción de estima pública de los contendientes, con sólo subir al ring ya sacaba ventaja.

El éxito de la huelga es la puntada que faltaba en esta larga cadena de errores gubernamentales. Y lo obliga, habiendo consumido buena parte de su capital político, y visto que no puede destruir a sus adversarios, a probar que es capaz de convivir con ellos. En eso puede que lo ayude, si se deja ayudar, el resto del peronismo, que tampoco quiere que Moyano se lleve todo por delante. Sobre todo porque, dadas las dificultades de Cristina, ve cada vez más claro y cercano el futuro en que deberá lidiar con los problemas que ahora la desvelan.

Es sintomática a este respecto, la reacción de Scioli frente al paro. Con más énfasis que tras el 8N,  se mostró solidario con Cristina y relativizó el impacto de la protesta.  Igual que el resto del peronismo territorial entiende que convivir con los sindicalistas es difícil y más aun lo es cuando ellos quieren intervenir directamente en la lucha política. Recordemos que la etapa de “buena vecindad” entre Néstor y Hugo dependió de un pacto de ayuda mutua y no intervención en el campo del otro, que rigió hasta 2008. Desde entonces, debido a su temor paranoico a “perder el control de la calle” y estar “amenazado por la conspiración destituyente”, Néstor le reconoció roles partidarios y políticos al camionero. Incurrió, por decir así, en el error inverso al que cometería Cristina cuatro años después.  En la búsqueda de un nuevo equilibrio, la política argentina en general tiene mucho para aprender de la experiencia de estos años. Si Cristina no está en condiciones de hacerlo, al menos algunos otros esperemos que lo estén.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.