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La lección republicana que arroja el “vamos por todo”

A punto de cumplirse un año del segundo mandato de Cristina Kirchner, el panorama no podría ser más distinto al que imperaba cuando él se inició. Si alguien hubiera hecho entonces pronósticos siquiera aproximados a lo sucedido en estos doce meses, seguramente hubiera sido tachado de agorero y alienado. ¿Es lo que nos tocó en suerte o lo que nos buscamos? En cualquier caso, tal vez hay en lo acontecido algo bueno que aprender: una contundente lección de republicanismo y liberalismo político, que consciente o inconscientemente el gobierno de Cristina se dedicó en este tiempo a impartir, mientras parecía estar haciendo otra cosa.

Recordemos que poco más de un año atrás, en las postrimerías de la campaña presidencial, varios grupos opositores hicieron un agónico intento de refrenar el aluvión de votos cristinistas que se veía venir y acuñaron un argumento desesperado a favor del equilibrio republicano que rezaba más o menos así: “no le den todo el poder a una sola persona, al menos voten a nuestros legisladores”. No muchos les hicieron caso y Cristina obtuvo, además de 54% para su reelección, amplias mayorías legislativas.  La experiencia de un parlamento opositor que se había trabado en peleas interminables con el oficialismo y no había logrado convencer al Ejecutivo de negociar ni ceder en nada, ni tampoco había aprobado más que un par de leyes (que encima terminaron siendo vetadas) seguramente pesó en esa masiva preferencia por la concentración del mando. “Que gobierne uno solo y resuelva los problemas a voluntad” pareció ser el mensaje de las urnas.

Cristina y sus seguidores habían concebido una eficaz lección sobre las desventajas del gobierno dividido, empantanando durante dos largos años el funcionamiento del Congreso. Así que cuando cosecharon su siembra, le tomaron la palabra a los votantes y se lanzaron a resolver los problemas tal como los entendían, como fruto de la intervención de actores y factores que aun no habían podido someter a su voluntad.

Así fue que se abocaron a domesticar o desplazar a jefes distritales desafiantes o demasiado autónomos, fracturar a los grupos de interés comprometidos con reclamos que no estaba en sus planes atender, y debilitar lo más posible a los medios independientes que aun subsistían. Pero los resultados alcanzados en todos esos terrenos han sido decepcionantes, tan decepcionantes que cuesta pensar que no haya influido una secreta intencionalidad en que así fuera.

Porque no sólo sucedió que todos y cada uno de los adversarios que se pretendió “sacar de la cancha” sobrevivieron a los embates. Sino que los ataques por ellos padecidos los relegitimaron ante la sociedad, en una (¿involuntaria?) seguidilla de lecciones sobre la importancia del pluralismo, la independencia de los poderes, las libertades individuales y el respeto de la ley, que de haber sido planificada en un reducto opositor no hubiera tenido ni de cerca semejante eficacia.

Cuando ya los gobernadores de casi todo el país nos tenían convencidos de que el unitarismo fiscal era la mejor solución para nuestros problemas de distribución de recursos, y ellos como mandatarios locales no tenían por qué meterse en política nacional, ni en política alguna, porque habían sido electos para sonreír, aplaudir y cobrar, intervino el gobierno nacional para despertarnos del ensueño: apretándoles el pescuezo hasta el nivel de la asfixia logró que Scioli, De la Sota, Peralta y el propio Macri se acordaran del federalismo, de su legitimidad electoral y de que tenían trabajo que hacer.

Algo parecido sucedió con Moyano, Barrionuevo, Micheli y De Mendiguren: presionados por CGEs, charters a Angola, CGTs sumisas y demás invenciones oficiales han sentido finalmente la necesidad de señalar que hay problemas de inflación, de competitividad, de impuestos distorsivos y de falta de coherencia en la política económica, que no se pueden seguir ignorando por más que la soja siga volando y el mundo esté demasiado atento a sus asuntos como para castigar nuestros desbarajustes.

En cuanto a los medios de comunicación, es indudable que la parodia de información que se esmeran en ofrecer los canales oficiales y paraoficiales, graficada como nunca en la cobertura de las jornadas de protesta de los últimos meses, ha hecho más por ilustrar a la sociedad argentina sobre la necesidad de que existan grandes empresas privadas en el sector, capaces de defender su autonomía económica y política frente al poder gubernamental, que todas las tapas críticas que pudo pergeñar Clarín, todos los spots explicativos sobre las arbitrariedades de la ley de medios y todas las denuncias de chavización lanzadas por organismos internacionales.

 Finalmente, ¿qué otra cosa que incentivos a la participación y la movilización han sido los discursos gubernamentales, las alocuciones de la presidente sobre la clase media derechista y racista, los jubilados quejosos, los jueces también quejosos y la campaña mundial contra el país y su gobierno?

Habrá que reconocerlo entonces: parece que Cristina, Moreno y Kicillof han resultado ser promotores de la democracia liberal más sacrificados y eficaces que muchos de sus adversarios. Y puede que logren finalmente lo que nadie antes, educarnos en los principios de una auténtica ciudadanía. A ver si antes de que se cumplan tres décadas de democracia aprendemos la lección.

publicado en clarin.com

Posted in Politica Argentina.


3 Responses

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  1. emiliogaviria says

    Mucho ruido continuo y pocas nueces. Se reconoce que las aguas del río de la historia pasan y no son las mismas. Pero entre nosotros se dan excepciones y el eterno retorno está presente, sin mayor aprendizaje. País de caudillismo autoritario,feudal, unitario en los recursos, sin pleno manejo de los mismos, federal en las cargas. Con habitantes, sin ciudadanos. Se da una aproximación a 1975, con diferencias, los incentivos a la participación y movilización de la democracia popular, me llevan de los estudios sobre la dialéctica de Mao, a un apotegma del mismo, “el poder surge de la boca del fusil”. ¿Habrá superación o repeticiones?

  2. Gerardo Scherlis says

    Marcos,
    Hasta acá me parecía entender que la línea de argumentación que sostenías para explicar el descenso en la imagen pública de la presidenta tenía sobre todo que ver con la incapacidad del elenco gobernante para proveer políticas públicas medianamente racionales y eficientes, y que ello había comenzado a hacerse visible en la sociedad. Que, en definitiva, lo que explicaba movilizaciones como el 8N eran “cuestiones ajenas al debate de ideas o los modelos de país: lo decisivo fue el nivel de consumo, el empleo, la inflación, la inseguridad, etc.”.
    Yo compartiría plenamente lo que creo vos venías diciendo, en el sentido de que las lecciones que el gobierno podría estar impartiendo sobre la importancia del liberalismo y el republicanismo, por mucho que nos pese, no importan a demasiada gente. ¿Cómo se relaciona eso con lo que decís en esta nota? ¿O es que aquí te referís específicamente a las lecciones sobre las élites políticas, sindicales y empresariales?
    Saludos

  3. Marcos Novaro says

    Estimado Gerardo, como siempre, tenés razón, estas lecciones republicanas con suerte llegarán a una minoría, pero algo es algo. Mientras, diferenciaría las razones por las que la gente protesta, de los argumentos que usa para justificarse, que hoy vienen a ser como anillo al dedo los del republicanismo y el liberalismo político: es decir, no es que sea mucha la gente de clase media o de la sociedad en general que se dio cuenta de que la independencia de poderes es algo importante, sólo que le cuesta más decir que se arrepintió de apoyar a Cristina porque le subió el impuesto a las ganancias, que decir que indignada por el atropello contra los jueces, los medios, etc. Sucede tal vez algo parecido a lo que se vivió en la transición alfonsinista, de pronto un montón de los que ciudadanos se asumían como tales, por oportunismo, pero a la postre, haciendo con ello posible la formación de una cierta ciudadanía. Una bella y útil mentira, que tal vez funcione otra vez para que unos pocos loquitos se lleven todo el mérito de las macanas cometidas estos años. Saludos