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La re-re progre ataca de nuevo

Una vez más ministros y legisladores han salido a la palestra a promocionar el proyecto “Cristina eterna”. Y lo primero que hay que preguntarse es por qué lo hacen: ¿ello expresa la progresión de una estrategia que, a esta altura habría que concluir, es irrenunciable para el oficialismo?, ¿o más bien refleja la falta de cualquier estrategia mínimamente realista para resolver la sucesión, y el deseo de disimular esa falta detrás de un deseo cada vez más extemporáneo e  inconducente?

Si se trata de lo primero, la cosa va en serio, y hay que esperar que en este año electoral el oficialismo juegue cartas definitivas para imponer una reforma constitucional. Si se trata de lo segundo, no habría que tomarse esas declaraciones demasiado a pecho, ni mucho menos desatender debido a ellas otras cuestiones más importantes, porque en suma de la re-re se podría decir lo mismo que de la garúa, que jode pero no moja.

En las reacciones que despertaron las declaraciones re-reeleccionistas de los últimos días ha habido un poco de cada una de estas dos visiones. Y puede que en el propio ánimo de los dirigentes del oficialismo suceda lo mismo.

Hay en el gobierno quienes creen que, perseverando, finalmente se van a poder superar todos los obstáculos, hasta los que hoy parecen más ilevantables, como los 2/3 necesarios en ambas cámaras del Congreso para habilitar una reforma constitucional, o el rechazo del 70% de la población a cualquier proyecto continuista. Porque, según ellos, la voluntad kirchnerista ya ha demostrado poder hacer lo imposible: si insistiendo se revirtieron las derrotas de 2008 y 2009, y se pasó de una posición muy minoritaria en la opinión pública a un consenso más amplio que nunca en 2011, ¿por qué no va a poder repetirse la proeza y convencer a la sociedad de las ventajas de seguir con Cristina?

Aunque quienes así piensan sean bastantes menos hoy que un año atrás (tanto por el extravío de cerca de la mitad de la imagen positiva de la presidente, como por el eficaz bloqueo que las fuerzas de oposición plantearon en el Congreso a cualquier eventual cambio constitucional), siguen ocupando posiciones decisivas en el gobierno, y descuentan que podrán volver a entusiasmar a los de momento más escépticos. Para los cuales, de todos modos, tampoco es que hay otra opción a la que apostar: porque mientras tanto, en el curso de este último año, también esas otras opciones se han vuelto más difíciles de forjar. De allí que la re-re, para esos oficialistas menos entusiastas, venga más que bien en los términos de la segunda alternativa arriba expuesta, como subterfugio para ocultar el vacío.

Tan poca suerte tuvieron los que se atrevieron a imaginar candidaturas amigables, como sucedió con el inefable Boudou, recordemos, antes ya de que estallara el escándalo Ciccone, como los que ofrecieron las suyas como opciones al menos conciliadoras, tal el caso de Scioli. Y ello parece haber sido aleccionador en las filas oficiales y sus inmediaciones: la mayoría, si no lo estaba ya desde antes, se acostumbró ahora a actuar como si tuviera delante al perro del hortelano, que si no come ni es feliz, lo que menos quiere es tener alrededor a otros canes a los que vaya mejor.  Así es que, para evitarse mordidas y malos momentos, la troupe oficial se abstiene de hacer más que lo que se le pide, rinde pleitesía a los deseos de la jefa y espera, a que el tiempo defina el curso de las cosas. Tal vez la presidente finalmente sorprenda a todos y un día señale al sucesor, y consuma sus últimos años in office en tratar de imponerlo al peronismo; o prefiera dividir su partido si se resiste a acompañarla. O incluso haga algo aun más sorprendente y permita que la competencia interna lo resuelva. ¿Quién puede saberlo?  Ante semejante nivel de incertidumbre, ¿qué mejor que mostrarse leal y colaborativo y dejar pasar el tiempo?

El problema es que la incertidumbre que vuelve más dóciles a los colaboradores, es la misma que genera creciente inquietud y disgusto en los círculos más lejanos, tanto del partido como de la sociedad.  Crea cada vez más la impresión de que el gobierno no tiene plan alguno, y depende en exclusiva de lo que Cristina guste mandar. Y de que ella no se decida demasiado tarde, ni opte por algo por completo inviable.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.


One Response

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  1. emiliogaviria says

    El sistema de gobierno instaurado no deja demasiadas alternativas, siendo la re-re continuación del mismo con impunidad. La elección intermedia de 2013 puede constituir un escollo. Pero el interrogante crucial está dado por la predicción sobre la conducta de los progres nac & pop, ¿si pierden, se irán democrácticamente a sus casas?.