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La “década ganada”, lema del año

La estética fue la misma, el tono también: mucho autobombo y orgullosa exaltación de su desempeño en el cargo (que “ojalá hubiera empezado unos años antes” hizo decir a una interlocutora imaginaria enferma de cáncer de útero, ¿si hubiera empezado en 2011 evitaba Once?), mucho victimismo frente a los enemigos jurados, fantasmales o no, en cualquier caso ya archiconocidos y por completo predecibles, y mucho también de esos giros evitistas en que la pasión desborda y anula cualquier argumento o dato discordante y disimula toda inconsistencia. Hasta ahí, nada nuevo.

Con todo, el discurso presidencial de inauguración de las sesiones legislativas de 2013 no podía conformarse en repetir sin más los de ocasiones anteriores: después de más de un año de atajar puras malas noticias, fruto del estallido de las bombas de tiempo en que se convirtieron déficits acumulados durante años, y de haber fallado en toda la línea su estrategia de ignorar los problemas, y a sus correspondientes víctimas, desde Once a la inflación, Cristina tenía que hacer un esfuerzo mayor por tomar distancia, levitar fuera del alcance de los disgustos. Encontró la manera, una vez más, haciendo uso y abuso del relato: hoy, ayer, mañana, nada de eso importa, porque llegó la hora de celebrar la “década ganada”, la que se está por completar el próximo 25 de mayo.

A falta de promesas movilizadoras y abarcativas, ¿qué mejor que ponerle el moño de un buen título al argumento que hasta aquí le ha resultado más rendidor a su gobierno, que el país ha crecido bajo su égida más que en muchas décadas?

El problema se presenta cuando tiene que hacer el esfuerzo de recordarnos, y exagerar, y tergiversar también, los datos que en alguna medida avalarían semejante lema. Son demasiados los gráficos con que nos invita a mirar para atrás y celebrar un proceso que, más allá de lo bueno o lo malo que pudo tener, ha concluido. Así que no puede evitar que la realidad se le filtre entre tanto cartón pintado, y se atraganta con una palabra, en verdad, no tan complicada: “amesetami… amesetamiento, ¿se dice así?” pregunta. ¿Qué hubiera pasado si lo intentaba con “estancamiento”?, ¿o “estanflación”?

Cristina y sus seguidores aún pueden hacerle la vida imposible a sus adversarios. Pueden acorralar a los jueces para que no fallen en su contra o, si lo hacen, poder decir que “no son democráticos”. Y pueden condicionar a gobernadores e intendentes con transferencias discrecionales. Pero si la economía no vuelve a crecer esos instrumentos de disciplinamiento decaerán sin remedio. Ya lo estamos viendo en el conflicto docente: el año pasado, más todavía en 2011, a Scioli le hubiera significado un terrible dolor de cabeza una protesta como la de estos días, que se le hubiera cargado a su mala gestión; hoy ya está naturalizada la escasez de recursos y ni siquiera tiene que mostrarse demasiado preocupado. Algo de esto debe haber registrado Cristina porque, a diferencia de su discurso del 2012, esta vez se privó de aludir a la vagancia de los docentes.

 

Posted in Elecciones 2013, Política, Politica Argentina.