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De paso cañazo, reformamos el sistema electoral

Además de las ya conocidas consecuencias en términos de controlar el Consejo de la Magistratura y, con ello, el nombramiento y remoción de los jueces, la reforma aprobada la semana pasada en Diputados, como quien no quiere la cosa y sin despertar mayores comentarios al respecto, alteró sustancialmente las condiciones en las que se disputarán las cruciales elecciones legislativas de octubre.
Para entender cabalmente qué es lo que se modificó sobre este punto es preciso tener en cuenta que según nuestra ley electoral, quienes compiten en las elecciones son agrupaciones, cada una de las cuales está conformada por un partido o por una alianza de partidos. La elección presidencial se disputa entre agrupaciones nacionales. Las legislativas, en cambio, se disputan en cada provincia por agrupaciones de distrito. Esto último puede ser una rareza en el campo de los sistemas políticos comparados, pero para los políticos argentinos es lo normal: aunque se trate de elegir diputados y senadores nacionales, en cada provincia los partidos arman alianzas según la realidad política local, y es lo más habitual que las alianzas sean diferentes según la provincia.
Dicho esto, es interesante detenerse primero en el texto original del proyecto enviado por el Ejecutivo al Congreso, identificar cuáles eran los problemas técnicos y políticos que surgieron de dicho texto, y observar cómo esos problemas fueron sorteados por las modificaciones de último momento.
El texto original de la ley establecía que los consejeros se elegirían en forma simultánea a la elección nacional, a través de agrupaciones nacionales. Por otra parte también decía que, por esta única vez, los consejeros se elegirían en la elección legislativa de octubre. Esto presentaba un evidente problema técnico que, una vez que el texto fue girado al Congreso, alguien debió advertir: en las elecciones legislativas, al menos tal como estaban las cosas hasta ahora, sólo hay agrupaciones distritales. ¿Cómo hacer entonces para presentar candidatos a consejeros? La interpretación más lógica en ese marco apuntaba a que la incorporación de la categoría “consejeros” suponía la posibilidad de crear agrupaciones nacionales específicas para esta categoría. No fue difícil comprender que esto generaba una gigantesca oportunidad para la oposición. Partidos o alianzas que seguramente competirán entre sí para los cargos legislativos en diferentes provincias tendrían un enorme incentivo para unirse creando una agrupación común sólo para la categoría consejeros, obteniendo así la mayoría y dejando al gobierno con la minoría. De hecho, no faltó quien abiertamente recomendara esta opción a los opositores. Para evitar esto, el bloque oficialista modificó el proyecto original incorporando la prohibición expresa de crear agrupaciones “al solo efecto de presentar candidatos para el Consejo.” Así, el proyecto aprobado cerró la posibilidad de unificar a la oposición en una lista común de candidatos al consejo.

Pero una vez resuelta esta cuestión se presentó un problema adicional. Recordemos que el proyecto decía en el texto original que sólo agrupaciones nacionales pueden presentar candidatos a consejeros, pero luego incluyó la prohibición de crear agrupaciones para esta categoría. ¿Cómo hacer entonces para presentar candidatos a consejeros en la elección de octubre, en la cual según la ley electoral sólo compiten agrupaciones distritales? Para salvar esta cuestión se incorporó otro párrafo estableciendo que para esta ocasión podrá oficializar candidaturas para consejeros cualquier partido o alianza nacional. Un partido nacional es aquel que por tener reconocimiento en cinco distritos está habilitado a presentar candidaturas presidenciales. Al día de hoy existen en Argentina 34 partidos en esa condición. Pero ocurre que este párrafo agregado exige además que para presentar candidatos a consejeros junto a una lista legislativa es preciso que la agrupación que presente esa lista legislativa esté presente con igual denominación (aunque no necesariamente con exactamente los mismos partidos) en 18 distritos del país.

¿Cuáles son las principales consecuencias de esta regulación? No es cierto, como algunos interpretaron, que los partidos deban tener reconocimiento en 18 distritos para presentar candidatos a consejeros, porque la ley permite que cualquier partido con reconocimiento nacional (para lo cual alcanzan 5 distritos) lo haga. Pero sí es cierto que los que no estén presentes en 18 distritos con una agrupación de igual nombre no podrán unir la lista de consejeros a la lista legislativa, generando así una clara desventaja frente a los que sí pueden hacerlo. Así, por ejemplo, un partido con reconocimiento en 17 provincias del país que no desea realizar alianzas legislativas con otro con presencia en otros distritos podría de todos modos presentar candidatos a consejeros, pero esa boleta quedaría materialmente separada de la de sus candidatos legislativos.
Pero lo más importante de esta nueva normativa, a partir de los párrafos incorporados a último momento, es que altera en forma sustancial las condiciones en las que los partidos de oposición deben trazar sus estrategias de alianzas, y lo hace a días nomás de cerrarse la inscripción de las alianzas que van a competir en octubre. Hasta ahora, los políticos argentinos acostumbraban a definir sus alianzas para elecciones legislativas en el marco de cada provincia. En este caso, en cambio, si quieren presentar candidatos para el Consejo junto a sus candidatos legislativos, deberán ser capaces de articular alianzas homogéneas en al menos 18 provincias, algo que raramente ha ocurrido en la historia reciente. De hecho, tal como lo expresaba Mario Riorda ayer en LN, las elecciones legislativas funcionan como elecciones distritales, y es prácticamente imposible pensar en una acción colectiva coordinada en todo el país.
En realidad, pese a lo que dice Riorda, el oficialismo, bajo el comando de la presidencia, podrá seguramente presentarse como FPV en los 24 distritos. Las dificultades de coordinación parecen en cambio insalvables para los partidos de oposición, carentes de liderazgos nacionales definidos. Para éstos, la posibilidad de hilvanar distintas estrategias según el distrito, yendo con X en una provincia, con Y en otra, y solos en una tercera, tendrá ahora un costo antes inexistente.
Este cambio por un lado impone nuevos y mayores obstáculos para la cooperación entre las fuerzas de la oposición, que en las pocas semanas que quedan antes del cierre de alianzas deberán articular una estrategia de alianzas más “nacionalizada” y menos centrada en la realidad de cada distrito si quieren contar con una boleta de consejeros unida a la de legisladores. Es cierto que esta restricción puede resultar al mismo tiempo en un incentivo para la formación de alianzas más amplias, pero eso exigiría de los partidos una racionalidad que va mucho más allá de lo que hasta ahora han logrado mostrar.
La modificación de las reglas del juego electoral supone en cualquier democracia un asunto de lo más delicado. No hace falta insistir en la importancia que tienen en estos casos los acuerdos entre las fuerzas políticas. Tampoco en la inconveniencia de introducir cambios en este terreno en pleno desarrollo de un proceso electoral (sin ir más lejos, la legislación brasileña prohíbe cambios al sistema electoral dentro de los 12 meses anteriores a una elección). Pero la imposición de un cambio en el sistema electoral inclinando la cancha en pleno desarrollo del juego parece haberse convertido en una característica esencial más de los gobiernos kirchneristas.

Posted in Elecciones 2013, Kirchnerismo, Política, Reforma electoral.


2 Responses

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  1. emiliogaviria says

    Sabemos que la necesidad o el temor a desaparecer es un gran incentivo para la creatividad, más que la racionalidad de partidos obtusos. Se marcha a toda velocidad hacia la suma del poder público porque es la única forma de asegurarlo para sí, con impunidad garantizada. Sólo lo hizo Rosas, con el apoyo de la masa popular, de la iglesia, de la fuerza armada, la imperial GB y los terratenientes enriquecidos. Cuando variaron las condiciones, interno-externas, dejaron de sostenerlo.

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