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Salchichas y grandes palabras

                                                                                                                            por Emilio de Ípola

Museo Mandralisca in Cefalu, Siciliy COMMISSIONED FOR INTELLIGENT LIFE

En la talentosa novela de Julian Barnes “El puercoespín”, poco comentada por estas comarcas, leemos que el ex presidente de un régimen comunista derrocado va a ser sometido a un juicio penal y, mientras está detenido esperando que el juicio se lleve a cabo, suele conversar, discutir y bromear cáusticamente con el fiscal “democrático” que lo acusará. En una de esas pláticas Petkanov, el comunista acusado, le narra la siguiente anécdota: “Le diré lo que me aseguró en cierta ocasión un individuo que se las daba de sabio…era músico…tocaba en la orquesta sinfónica de la radio estatal. Yo había ido al concierto con mi hija, quien, al concluir, quiso presentarme a los intérpretes. Habían tocado bien…así que les felicité….En el breve discurso que les dirigí, les hablé de la importancia del arte en la lucha política, de cómo los artistas debían sumarse al gran movimiento contra el fascismo y el imperialismo…y en la construcción del futuro del socialismo….Al pasar entre la orquesta  se me acercó un joven violinista: “Camarada Petkanov, la gente no se interesa por las grandes palabras: su única preocupación son las salchichas”.”

(El ex líder no hizo detener ni acusar al violinista: tal vez puso trabas a su ascenso Y en muchas ocasiones se repetía a sí mismo: “Camarada Petkanov, la gente necesita salchichas y grandes palabras” ).

Solemne, el fiscal le responde que el nuevo régimen ha otorgado al pueblo libertad y verdad, lo que da lugar a una inmediata estocada del comunista:

 “¡Libertad y Democracia! ¡Ésas son vuestras grandes palabras, entonces! Les dais a las mujeres la libertad de…decirles a los diputados esta verdad: que no hay una maldita salchicha en las tiendas!”. (Barnes, op.cit, pgs. 132-135)

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 Al leer penosamente la trigésima entrega de “Carta Abierta” y varios de los artículos de diario Página/12 del 25 de mayo último, pensé inmediatamente en el pasaje antes resumido de la novela de Barnes. A pesar de todo, en actos y discursos, los gobiernos K, no diferían mucho de lo que sugería la fórmula evocada por Petkanov.

En efecto, la 13ª. Carta Abierta y varias notas de Página/12 desatan un verdadero tsunami de grandes palabras. Grandes palabras que, tan solo por su avallasadora cantidad acaban por vaciarse de todo contenido. A ello hay que añadir textos que exaltan gestos  puramente simbólicos de los tres gobiernos K. La nota de Sandra Russo está adornada por la reiterada foto en la que puede verse el descenso de retrato de Videla  No hay kirchnerista convencido que no se emocione ante ese gesto; ninguno que no lo exhiba como uno de los ejemplos más señeros del carácter “fundacional” de la década kirchnerista. Por supuesto, a nadie se le ocurre pensar que fue el gobierno del doctor Alfonsín quien tuvo el patriotismo y la valentía de hacer juzgar a Videla y compinches por un tribunal que condenó a cadena perpetua a dos de los miembros de la primera Junta militar y a largas penas de prisión al fugaz sucesor de Videla, el ex general Viola. Frente ese acto de justicia sin precedentes en el mundo, con los militares intactos y al acecho, quedan chicos los muchos juicios que, también con justicia pero sin riesgo, lleva a cabo este gobierno. Y el retiro del retrato no ha sido otra cosa, en su momento, que un nuevo y fácil gesto simbólico. Es cierto, pudimos lamentar el punto final y la obediencia debida, pero con el paso del tiempo se fue reconociendo que esas leyes -cuya derogación Alfonsín aprobó- eran una salida inmediata, aunque dolorosa, para poner coto a una situación incontrolable. Y, gustara o no a la cúpula de las FFAA, los máximos responsables quedaron presos, condenados y degradados.

Nunca me vi en presencia de un gobierno como el actual, tan enamorado de sí mismo, tan afecto a los símbolos, a las grandes palabras e imágenes que lo ensalzan y tan distante en sus políticas –malas y buenas- de hacerse acreedor a esta suerte de endiosamiento que le prodigan sus intelectuales y periodistas afines. En sus diez años, Néstor y Cristina Kirchner tomaron o promovieron algunas medidas progresistas y muchas otras harto menos virtuosas. Llevaron adelante una gestión con méritos y deméritos. Podemos llamar al conjunto: las “salchichas”, con lo bueno y malo que contiene ese popular, aunque no nacional, embutido. Y, por supuesto, compactar a las miles y miles de jaculatorias que lo veneran en la fórmula “las grandes palabras”. Esto último, sin privarnos de señalar que concebir a los gobiernos K como una suerte de recomienzo radical pleno de venturosos logros presentes y de eufóricos augurios para el futuro no es otra cosa, para decir lo menos, que una gigantesca exhibición de autoengaño.

Posted in Política.


6 Responses

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  1. emiliogaviria says

    Grandes palabras, autoendiosamientos, sofistas y escribas a sueldo, imágenes, relatos, obsecuencia interesada por beneficios inmediatos, desde 1930 en crecimiento, con algunas excepciones poco duraderas. Se espera emocionalmente a los salvadores de la patria, para después negarlos, sin reconocer la propia inmadurez en este comportamiento. Queda el pié la exhortación del filósofo español, “argentinos, a las cosas” o vicerversa.

    • Emilio de Ípola says

      Sí, hay algo de cierto, en lo que dices, pero esperar, con emoción o sin ella, a un salvador providencial es ya una actitud infantil. Y en este caso concreto el de la Argentina de hoy, no hay salvador ni salvadora alguno/a. Hay solo un gobierno engreído y mediocre.

      • emiliogaviria says

        De acuerdo, agrego, hay sólo un gobierno más, de tantos, engreído y mediocre. Es el eterno retorno de Nietzsche , al que estamos condenados y por lo vivido, no al éxito.

  2. FEr says

    Estimado Emilio:

    Excelente nota, al igual que la que le dedicaste a Edgardo Mocca en Perfil. Es lamentable como los epígonos del kirchnerismo se ha vuelto metafísicos, puro relato. El autoconvencimiento, la justificación de cualquier cosa por una supuesta razón trascendente, que cada vez parece más lejana e inasible, es un rasgo preocupante.

    El problema del engaño y el ocultamiento es que es tanto más grave cuando el propio enunciador termina siendo la víctima. Pasa de ser el malo a ser el boludo.

    Un abrazo con la admiración de siempre.
    Fernando

  3. emiliogaviria says

    En cuanto a la metafísica, recordemos que Aristóteles, con prudencia, dejó de lado investigar sus problemas. Estos intelectuales-filósofos-políticos actuales, metafísicos hacedores de categorías eternas, inmutables, muestran apego al materialismo, contante y sonante. De manera tal que, para ocultar la contradicción, hay que engañar y mentir, comenzando por creer ellos mismos lo que dicen. La psicopatología estudia estos casos. Fernando, retribuyo el abrazo. Cordialmente, Emilio.

  4. Tomás Lüders says

    Estimado dr. De Ipola, coincido con su apreciación. Sin embargo no comprendo muy bien a qué viene lo de las salchichas… porque este gobierno parece manejar muy bien eso del “pan y circo”, con algunas dosis de clientelismo -¿pan?- para los excluídos y algo más de circo ideológico para los sectores medios ideologizados.