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¿De nuevo civismo de clase media vs populismo asistencialista?

¿Asistimos a un renacer de la politización autónoma de la sociedad?, ¿es ella una respuesta a la “politización desde el estado” promovida por el kirchnerismo en la última década?, ¿involucra solo a sectores medios opositores y se define por el rechazo al estatismo, el asistencialismo y la corrupción?, ¿la impulsa el pesimismo económico y el temor a la radicalización K o hay algo más propositivo detrás, la adhesión a otros valores?

En las protestas y en las redes sociales hay quienes razonan en espejo con el oficialismo: así como éste considera que el egoísmo apátrida clasemediero es el enemigo mortal del “pueblo movilizado”, ya que la felicidad es y será popular (esto es, populista) y la “contra”, en su pura negatividad, no puede hacer más que lamentarse del país que tiene, los opositores más enojados tienden a identificarse con la única auténtica ciudadanía, que viviría en una república a su altura si no fuera por los “planeros” y demás parásitos disfrazados s de militantes.

Pero la verdad de la relación entre actores sociales y política está tan lejos del cielo como del infierno. Incluso para la clase media. Su interés por la política ha sido siempre fluctuante: se activa cuando se le presentan oportunidades de influir, tal vez porque otros sectores tienden a perderlas (como sucede hoy con los sindicatos, divididos y acorralados por la inflación) o cuando surgen amenazas serias a sus condiciones de vida (como sucedió en diciembre de 2001, y algunos creen sucede ahora con la chavización oficial). En situaciones como esas muchos que no tienen partido, ni otra organización que los cobije, pero sí un capital social que les permite percibir las señales de para donde va el mundo económico y político, puede que actúen al unísono.

Existen de todos modos obstáculos importantes para que ese actuar en conjunto vaya muy lejos. Primero, las clases medias tienen mucho que reprocharle al gobierno pero también su nivel de vida en gran medida depende del gasto público, los alicientes al consumo y ahora también de que el dólar bajo no se abandone del todo. Es natural entonces que de esas capas surjan tanto voces que le reclaman a Cristina que no siga haciendo un manejo irresponsable de la economía, como otras que le piden que lo haga incluso más allá de su ya probada inventiva.  Segundo, estas clases medias están más huérfanos de referentes partidarios que nunca, y si algo han aprendido en estos años es a recelar de los padres sustitutos. En ese mar de desconfianza les costará bastante a los marineros de la oposición, de la UCFR, el FAP, el PRO y también del PJ,  encontrar algo parecido a actos de fe con que nutrir sus proyectos. He allí una de las razones por las que también a esta dirigencia le es más fácil explicar lo que no quiere que el rumbo que quisiera seguir.

 

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