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¿Un PASO en falso?

¿Alguna vez servirán las PASO? La primera vez que se aplicaron se pensó que pocos iban a molestarse en votar. Y al final no fue así: el deseo de participar de la gente pudo más. Lo que sí, no sirvieron para seleccionar candidatos: hubo poquísima competencia interna, fueron apenas una gran encuesta, y una muy cara para el estado y para los candidatos a los que no les sobra la plata.

Esta segunda vez no hubo pronósticos agoreros sobre el nivel de participación. Y además creció un poco la competencia: el investigador Gerardo Scherlis reporta que en alrededor del 25% de las candidaturas en juego hay más de una opción para votar. Las dudas sobre la utilidad del sistema de todos modos continúan.

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Y no es para menos. Porque lo cierto es que Néstor Kirchhner lo concibió no para promover la competencia y la participación, sino para dificultarlas: corría el año 2009 y él temía que se le presentaran otros aspirantes a la presidencia en la interna del PJ, o que algún sector del partido se presentara por afuera; así que inventó un sistema por el cual si alguien quiere competir contra quien controla el estado y el partido tiene que estar seguro de ganarle, porque el que sale segundo se queda sin nada, ni siquiera puede ser candidato a otro cargo, y si opta por presentar una fórmula peronista alternativa tiene que anunciarlo con mucha anticipación y atravesar dos campañas, durante las cuales el patrón del estado tendrá ocasión de cerrarle el grifo de recursos fiscales, bombardearlo con propaganda negativa y llegado el caso reventarle la casa a su familia.

Este cepo electoral funcionó en 2011. Aunque convengamos que, tras la muerte de Néstor, Cristina ganaba con cualquier sistema. Pero dos años después, tras el frenético despilfarro de poder y oportunidades en que derivó su segundo mandato, no hay sistema que la salve.

Así es que, a pesar de todo, hoy tenemos competencia. Sobre todo entre facciones peronistas. Lo que es sin duda malo para la solidez del sistema de partidos argentino. Pero es bueno para que se le ponga límites a un gobierno probadamente irresponsable y dañino.

Detengámonos igualmente en la cuestión de los partidos. Superado el trance de la transición a un nuevo gobierno, seguramente será una de las muchas falencias legadas por el ciclo que hoy languidece. ¿Qué se puede hacer con las PASO para que ayuden a resolverla? Si no se quiere prescindir de ellas, se podría reformarlas para que estimulen a la vez una auténtica disciplina y más competencia. Todo lo contrario de lo que hoy pasa.

Por ejemplo permitiendo que quienes pierdan las internas puedan ser incorporados de todos modos en las listas para cargos ejecutivos y legislativos (algo que informalmente acordaron esta vez entre sí los miembros de UNEN en Capital), que se puedan renegociar alianzas con fuerzas que hayan quedado excluidas o mal paradas en las internas, para estimular tanto la competencia como la colaboración, y que al mismo tiempo se castigue el oportunismo, desalentando la tendencia, particularmente fuerte en el peronismo, a dividirse ante las elecciones y reunificarse después de ellas.  Esperemos alguna vez quienes gobiernen se preocupen por estos asuntos, que hacen a la solidez de sus propias bases de apoyo.

publicada en LA Nación el 10/08/2012

Posted in Elecciones 2013, Internas abiertas.