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Pol Pot y el pelotón de fusilamiento.

Dice Zaffaroni en El Tribuno de Salta:

Periodista: ¿Cómo define la relación del Ejecutivo y la Corte que se fue enrareciendo a partir del 7 de diciembre?

Zaffaroni: Es una situación que no es nueva en el mundo. No es la primera vez que pasa y no se puede prever el desenlace. Un sistema jurídico se compone de ley, de doctrina y una reproducción del saber jurídico. En algún momento hay alguna tendencia o algún movimiento o fuerzas que tienden a una redistribución parcial o mayor de distribución. Eso entra en colisión con el aparato jurídico que se convierte en un obstáculo y produce cierta disfuncionalidad. Es el caso de Roosevelt en los años 30; el sistema se reacomodó y comenzó a funcionar de nuevo. Otras veces llega una situación critica, muy radical como el juicio a la Suprema Corte en el 46 (durante el gobierno de Juan Domingo Perón). Otra veces puede llegar a la locura de Camboya, de Pol Pot con el fusilamiento de 300 jueces. Son extremos. Pero espero que esto se supere como con Roosvelt en los 30. Es la dinámica política que incide sobre la estructura judicial. No tiene que alarmar eso. Pero hay que tratar que la solución no sea la de Pol Pot.

Dice Atilio Borón en Página/12:

A mí me conmueve incluso ahora, un día después, escribir estas líneas para compartir con tantos militantes antiimperialistas conscientes de la inmensa labor hecha por Chávez en el combate al imperio que le llevó su vida. En el momento en que pasé al lado de su tumba y pude darle un postrero abrazo al frío mármol que lo protege, me embargó, y todavía no me abandona, un volcánico sentimiento de tristeza, dolor y rabia. Una rabia que pocas veces sentí en mi vida y que me llevó a pensar –o a alucinar– que si se descubriese quién fue el autor material de la muerte de Chávez (porque cada día estoy más convencido de que lo mataron), me presentaría como voluntario para cumplir con la pena capital que cualquier Corte seguramente impondría para integrar el pelotón de fusilamiento que pusiera término a la vida del canalla que asesinó a nuestro amigo. Declaro que no soy partidario de la pena de muerte, pero un magnicidio de tan enorme trascendencia para las luchas de nuestros pueblos puso en crisis la solidez de aquella convicción

 

 

Posted in Política.


7 Responses

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  1. Thom Yorke says

    Declaro que no soy partidario de la pena de muerte, pero a veces, al leer a ciertos intelectuales de izquierda tan comprometidos en la lucha por los derechos humanos, se pone en crisis la solidez de aquella convicción

  2. Marcos Novaro says

    No te preocupes Thom, el pez por la boca muere, creo que esta gente se está incinerando sola y a tal velocidad, que sería inutil tomárselas contra ellos, es más, tal vez hagan un aporte al sentido común de los progres bien pensantes, despertándolos de sus ensoñaciones. Saludos

  3. diego says

    Me parece que existe un contraste enorme entre ambas posiciones (pese a la afinidad ideologica que puede haber). La de Zaffaroni es una observacion muy interesante, que va a una de las cuestiones de fondo de todo sistema democrático de gobierno con división de poderes: la tensión entre ese marco normativo base del consenso sobre el que se asienta ese sistema, y el principio de soberanía popular, encarnado por excelencia, en las democracias presidencialistas, en el poder ejecutivo. Como bien dice Zaffaroni, es una de esas tensiones estructurales que no pueden superarse a través de nuevas formulas, sino que se debe aprender a convivir con ellas. Aunque también es cierto que Zaffaroni, en ocasiones, pareciera abusar de esa interpretación para justificar algunos actos del gobierno difícilmente admisibles.
    El comentario de Boron es absurdo e irrisorio: mostrar, como si fuera un acto de temeridad, su disposición a fusilar a los “imaginarios” perpetradores de un “presunto” homicidio, sin aportar la mas minima evidencia que permita alimentar esa hipótesis.

    • Marcos Novaro says

      Estimado Diego, me parece que minimizás sin motivo el problema y la gravedad de la frase de Zaffaroni. Él no sólo tiene mucha mayor responsabilidad institucional que Borón (éste sólo hace daño en la UBA y el Conicet), por lo que debería cuidar más sus palabras que éste otro, sino que está argumentando sobre algo que efectivamente está pasando, la escalada de conflicto entre el oficialismo y la Corte, no es una especulación (el pelotón con que sueña Borón es como los pajaritos de Maduro). Y defiende una posición según la cual habría que eligir entre un acomodamiento del poder judicial a lo que quiere el Ejecutivo, o cosas peores, soluciones más violentas. “Extremos”, los llama, como si la diferencia entre el reformismo de Roosevelt (que tampoco es como Zaffaroni insinúa, que se salió con la suya y venció a los jueces), y el cambio hacia un régimen plebiscitario y no pluralista forzado por Perón a partir del juicio a la Corte del 46, o las masacres de Pol Pot, fuera de grado, se tratara de casos distintos de un mismo fenómeno, algo por completo absurdo. Con su idea sobre las fuerzas del cambio de un lado y el obstáculo y la disfuncionalidad que le opondrían los tribunales del otro, además, el gobierno debería salirse siempre con la suya, porque de otro modo se frustra el cambio y como vos decís, “la soberanía popular”. Y entonces no tendría por qué haber límites a los cambios que el Ejecutivo y el Legislativo puedan imponer en la composición de los tribunales, para evitar “disfuncionalidades”. Justamente este es el problema con la concepción populista, y es algo que ni Roosevelt ni ningún reformista democrático puede aceptar sin meterse en una trampa. Lo de Borón, por ridículo, no causa tanto daño como esto, que parece sensato pero dista mucho de serlo. Saludos

  4. Emilio Gaviria says

    Como ya lo expresé, según la explicación ofrecida por especialistas de la Universidad de Toronto, Roosevelt surge, por un acuerdo de cúpulas, en un momento en que los americanos desesperados estaban al borde de eliminar a sus dirigentes y “comunizarse”, por eso dieron pautas mínimas protectoras para sus ciudadanos. Nuestro problema ahora, entre todos los existentes, es saber, en caso de derrotas electorales sucesivas de los miembros del poder actual, si se irán democráticamente a su casa o recurrirán a la violencia, supuesto nada disparatado, atendiendo a nuestra historia sangrienta. La democracia de 1983 no fue obtenida por los habitantes sino decidida por GB, potenciando las influencias externas, sobre las divisiones internas de larga data. Hoy estamos en equilibrio inestable.

  5. julia castells says

    Coincido con Marcos , la postura de Zafaroni como todo lo que él actúa tiene doble filo o camina sobre el filo de la navaja. Superó airoso la existencia de sus burdeles porqué no sobrevivir a un Pol Pot ?
    A E.G. le recuerdo que la Democracia fué ganada en el 83 además con la sangre de soldaditos argentinos arrastrados a la muerte en las Falkland´s.
    En 1982 el pueblo enfervorizado en Plaza de Mayo clamaba ” vencedor” al Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri y cia.
    En 1983 de la mano de Alfonsín y con más del 50 % de los votos el pueblo en Plaza de Mayo victoriaba triunfal la democracia de la UCR .Menen emponchado construía su momento oportuno salida al ruedo ; ” siganme que yo no los voy a defreaudar” y luego el “estamos mal pero vamos bien”…

  6. guido says

    Tal cual. Asumir que es un problema de grados pareciera abrir la posibilidad de pensar, desde el punto de vista de Zaffaroni o de algún militante que comparta su doctrina “bien pensante”, cuáles serían las estrategias políticas más efectivas, es decir, más indoloras, quirúrgicas desapercibidas, para lograr alterar el sistema.

    Con el ascenso de lo que se dio en llamar “kirchnerismo” no dejo de preguntarme cómo puede ser que ciertos referentes hayan decidido comprometer su trayectoria para convertirse en meros intelectuales orgánicos. Es cierto, habría que revisar esas trayectorias. Acaso lo más fructífero de esta época sea el afloramiento de estas aberraciones ideológicas que antes se conservaban solapadas entre argumentos teóricos esotéricos.