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La misión: frenar la fuga de dólares y de peronistas

De los cambios que Cristina hizo en el gabinete se puede deducir que tomó nota de los dos problemas más serios que enfrentará de aquí a 2015, y de que para atenderlos necesita nuevas armas. Eso fue lo que aplicó, un cambio de medios, no de fines, ya que “seguimos profundizando el modelo”, es decir, el objetivo sigue siendo retener el poder como sea. La pregunta es si está a tiempo, con estos cambios, de alcanzar la meta o debería haber cambiado también de objetivos.

Para detener la fuga de peronistas hacia el disenso o la franca oposición Cristina no cree, como le sugería Abal Medina, que haya que resignarse a acordar con Scioli. Opina con Zannini y Máximo que hay que ir hacia el peronismo pero con un mediador-candidato afín, que permita recomponer el cerco alrededor de la fortaleza oficial, con los leales adentro, los enemigos enfrente y los tibios hirviéndose en el aceite.

Para detener la fuga de dólares no confía ni en la receta del crédito que trataron de vender Boudou y Lorenzino, ni en la de reducir la emisión y moderar la inflación que cuando ya estaba de salida sugirió Marcó del Pont. Apostará a endurecer los controles y aumentar los costos de salida, mientras inventa algún premio para quienes se atrevan a entrar divisas. Y que se arregle el que venga después para administrar las gangrenas y las prebendas que resulten de ello.

El look susanesco que imprimió a su regreso podría hacer pensar que Cristina ahora reinará sin gobernar, porque de esto se ocuparán Capitanich y Kicillof. Pero difícilmente resulte así. Ante todo porque aunque ambas metas, retener dólares y peronistas, en alguna medida van de la mano (imposible convencer a nadie de que el oficialismo puede ganar en 2015 si las reservas se evaporan), también se contraponen: para ahorrar dólares en alguna medida hay que ajustar gastos, todo lo contrario de lo que requiere seducir peronistas.  Así que hará falta mucha de la magia de Cristina si se desea convertir en pasos mínimamente consistentes y creíbles el giro realizado hasta aquí sólo en los nombres. Y que no por nada está resultando tan difícil traducir a medidas concretas. Dos años atrás las cosas hubieran sido mucho más fáciles, claro. Pero ese tiempo está irremediablemente perdido.

Posted in Elecciones 2013, Kirchnerismo, Politica Argentina.