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Córdoba y la efímera máquina de humo de Capitanich

Que la paz social está atada con alambre en nuestro país es algo que ya sabíamos antes de que estallaran los últimos saqueos en Córdoba.

Lo sabíamos porque algo parecido, en menor escala, sucedió días antes en Rosario, y a fines del año pasado en el conurbano bonaerense, Bariloche y otras ciudades. Y porque allí y en muchos otros lugares se vive cotidianamente con la certidumbre de que en cualquier momento vuelve a suceder. Pues a pesar de los años de crecimiento bajo el kirchnerismo, y gracias a su desinterés por mejorar la calidad de las instituciones (en particular las de seguridad y justicia), a su siempre ejemplificador ejercicio de la prepotencia y la acción directa desde el poder del estado, en manifiesto desprecio por los derechos del prójimo, y sobre todo por la persistencia de la pobreza y la exclusión, la nuestra es una sociedad fragmentada. En la que escasea el respeto mutuo y más aun el respeto a la ley.

Lo sabíamos también porque está visto que redes delictivas cada vez más nutridas y violentas manejan mejor que nadie a la población de zonas carenciadas, donde el estado no entra y la política, si entra, lo hace de la mano de esas mismas redes. Y porque para esa población que perdió la década ganada hacer de masa de maniobra en operaciones de saqueo tiene su lógica: la desesperación justifica jugarse la vida con tal de manotear algo y mantener la ilusión de a todos puede llegarnos el azar de una oportunidad.

Lo que no sabíamos y quedó a la vista es que los cambios en el gabinete consistían en darle un barniz de buenas maneras y destreza comunicacional a la misma brutalidad de siempre. Capitanich podría haber mandado los gendarmes que se le pedían que igual De la Sota iba a salir golpeado por una la crisis policial que no supo evitar. Podría haber mostrado una pizca de solidaridad ante los miles de conciudadanos aterrados y obligados a defender su propiedad con barricadas y armas en la mano, sin con ello asumir una responsabilidad de su gobierno mayor a la que ya todo el mundo le atribuye. Pero no pudo evitar que el hábito kirchnerista lo dominara. Y reveló así que su disposición a hablar con los periodistas, con al menos algunos opositores y grupos de interés es puro humo para seguir haciendo más de lo mismo.

Para colmo, como única respuesta adelantó un nuevo congelamiento de precios. Si el foco del problema es la inflación y el gobierno, mientras sigue emitiendo y malgastando recursos, insiste con medidas que descargan su responsabilidad en los empresarios y comerciantes que “nos roban porque remarcan insensiblemente los precios”, la tensión social estará lejos de moderarse. Por lo menos Moreno, en su brutal ejercicio del anticapitalismo k, cuando promovía esta misma idea de que “saquear a los saqueadores” era un acto de justicia tenía la virtud de la franqueza en cuanto a qué país trataba de vendernos.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.


One Response

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  1. julia castells says

    Que triste presente para conmemorar los 30 años de la Democracia, para quienes la tuvimos en las manos ver estos despojos es una tragedia no una farsa.