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Ya no esconden la inflación, pero sí la pobreza y la recesión

El  gobierno va a descubrir pronto que no sólo no se puede engañar a todos todo el tiempo, sino que mentir a medias puede ser más difícil que mentir en todo.

Con el nuevo índice de inflación se sinceró un alza de precios que, en un mes, equivale entre nosotros a la suba de todo un año en los países vecinos. El gobierno cree que con este sinceramiento podrá ahora emprender una batalla abierta contra un problema que venía atragantándolo y complicándolo desde hace años, y descargar los costos en empresarios y sindicalistas, que supuestamente son los que originan las dificultades, al remarcar sus productos y exigir aumentos “excesivos” de salarios. Cree además que si logra poner un techo de 25% en las paritarias y obligar a los comercios a trabajar parcialmente a pérdida por temor a escraches y multas, las expectativas para el resto de su mandato mejorarán y logrará moderar la inercia inflacionaria sin una caída del empleo.

Es más: cree que lo más difícil ya pasó: vender la devaluación como si hubiera sido producto de un “golpe de mercado” y luego frenar el dólar oficial en torno a los 8 pesos. Y que la pelea con los gremios y los comerciantes será más fácil porque consiste en esencia en presentarse como encarnación del interés general frente a los particularismos, algo que sabe hacer mejor que nadie, y repartir beneficios selectivos y opacos tanto como amenazas, lo que también le sale muy bien, tolerando aumentos por debajo de la mesa para los gremios amigos y subas de precios en los productos no cuidados, es decir la enorme mayoría.

El primer problema que deberá resolver, con todo, es qué hacer con las consecuencias sociales del ajuste ya indisimulable que se ha emprendido. El salto en los precios durante los últimos meses impactó fuertemente en los ingresos de los sectores más vulnerables, el 80% de los jubilados que cobran el mínimo, los beneficiarios de planes sociales, los trabajadores informales y buena parte de los del sector público. Muchos de ellos estaban con la cabeza apenas fuera del agua y han ido cayendo en la pobreza. La única respuesta oficial ante esta situación la dio, implícitamente, Kicillof en el anuncio del nuevo índice de precios: no se va a seguir informando sobre la canasta básica alimentaria y por tanto datos oficiales sobre pobreza e indigencia no va a haber, al menos hasta la segunda mitad del año; y entonces se verá, porque tampoco es seguro que se vayan a informar los precios sobre los que se calcula ahora la inflación, sino sólo los que “cuida” el gobierno. Sonará aun más ridículo que antes que el gobierno insista en que hay sólo 5% de pobres y la indigencia casi ha desaparecido. Pero tal vez Kicillof tenga cara para intentarlo.

El segundo problema es cómo evitar que el círculo vicioso del ajuste horade lo poco o mucho que se logre inicialmente en términos de competitividad de la economía privada y equilibrio de las cuentas públicas, y en qué medida entonces no se volverán necesarios más y más recortes durante el resto del año, alimentando un proceso recesivo del que se vuelva imposible salir. Esa deriva el kirchnerismo la conoce bien porque es la que siempre se vanaglorió de haber evitado durante su ciclo expansivo, y la que advirtió se produciría en los países europeos en problemas si seguían las recetas del ajuste: cada vez que se refirió a Grecia o a España en estos años Cristina se dedicó a advertirles a sus gobernantes que si bajaban el gasto público y subían las tasas de interés, en vez de reducir el déficit reducirían el nivel de empleo y consumo, con ello el de recaudación, por lo que chocarían pronto con los mismos problemas iniciales, agravados. ¿No se volverán esas advertencias aplicables al caso argentino en los próximos meses? Si el gobierno avanza con un recorte de subsidios, como parece que hará, y necesita para que le crean empresarios y sindicalistas que combatirá en serio una de las fuentes ya evidentes de la inflación, el déficit público, es probable que en principio este baje, pero también crezca la inflación, se reduzca proporcionalmente el consumo, y por tanto lo que mejoren las cuentas oficiales por un lado se compense con bajas por otro y nos encontremos en poco tiempo con un déficit similar, en un cuadro recesivo más grave.

Algo de esto ya está sucediendo, como lo demuestran sectores que han ido pasando del estancamiento a la franca y lisa caída. Y el Ejecutivo seguramente se esmerará en disimularlo, manteniendo para ello el férreo control sobre  los informes referidos a nivel de actividad, empleo y demás. Aunque tampoco será fácil contrarrestar por esa vía lo que se va conociendo día a día sobre suspensiones, cierres parciales o totales de empresas y otras malas noticias por el estilo.

Enfrentado a esta dificultad en el manejo de los subsidios, el gobierno parece decidido a poner énfasis en el otro frente que determina el nivel general del gasto, los salarios. De allí que esté enfrentando con especial dureza la paritaria docente, y los planes para el resto del sector público sean pan y agua. Más conciliador se mostrará seguramente con los gremios del sector privado, sobre todo en términos de aumentos disimulados por fuera de lo índices de convenio.  Pero es difícil que los resultados agregados se parezcan más al 25% que desea que al 30% que estableció como pauta, en otra muestra más de su moderación, Hugo Moyano. Y también que el gobierno vaya a poder evitar que a medida que avance el año más y más empresas, igual que los gobiernos provinciales y locales que puedan hacerlo, cedan ante los reclamos de actualizaciones y complementos para evitarse protestas directamente enfocadas en ellos, y descarguen los costos a través de mayores precios, más déficit, en suma más problemas para el gobierno central.

La cuestión decisiva será, en suma, la siguiente: ¿en cuánto tiempo el margen de competitividad que ganó el gobierno devaluando en diciembre y enero por encima de la inflación se evaporará por el deslizamiento de los precios? De la respuesta depende que los actores económicos y los demás actores políticos prevean una nueva devaluación importante durante este año, y una aceleración del círculo vicioso del ajuste desordenado y recesivo, o no. La típica situación en que los gobiernos no logran evitar ni la inflación ni la caída del empleo, y terminan cada vez más aislados y con más dificultades para controlar las expectativas.  Algo sobre lo que también se puede mentir, pero tiene poco sentido hacerlo.

publicado en tn.com.ar el 17/2/2014

Posted in Politica Argentina.