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Scioli, ¿se consolida o apenas prolonga su agonía?

La declaración de emergencia en seguridad decidida por Scioli ante la ola de linchamientos apunta a colocarlo una vez más en el centro de la escena. Su iniciativa podrá tener más o menos eficacia para controlar la situación, y para convencer a los votantes de que el gobernador está atento a sus problemas y sabe lo que hace. Pero al menos le permite diferenciarse del resto del oficialismo,  que como hace cada vez más habitualmente, sólo habla y para lavarse las manos de los problemas.

La duda es si al final del camino su estrategia no probará ser peor que la de Cristina: con su decisión está reconociendo la responsabilidad que le cabe en la crisis de inseguridad, por lo que si las cosas no mejoran en el futuro próximo le resultará mucho más difícil hacer con ella como con el paro docente, mostrarse bienintencionado pero maniatado y descargar su impotencia en la falta de colaboración de los demás.

Con su anuncio Scioli, además, cerró una semana que debió parecerle especialmente buena. No sólo empezaron las clases en el distrito, sino que se concretó una reunión de autoridades del PJ nacional en que Zannini llamó a la unidad peronista, e implícitamente hizo un mea culpa por su irrupción semanas atrás en la cena de los gobernadores, lo que implicó un gran impulso a la apuesta sciolista para que sea el partido el que procese la transición a un nuevo gobierno. Si lo lograse, introduciría toda una novedad en la política argentina. Nada parecido sucedió en 1989, porque Menem derrotó a Cafiero, ni en 1999, porque la Alianza derrotó a Duhalde, ni en 2003, cuando Duhalde se tomó venganza y con Kirchner del brazo dejó en el camino a Menem.

Los demás gobernadores vienen alimentando el optimismo de su par bonaerense desde hace meses. Pero, ¿lo hacen para ganar tiempo y asegurarse su propia supervivencia, porque es la alternativa menos riesgosa hasta que se abra en serio la competencia, o porque realmente creen que la suya será la opción ganadora en 2015? ¿Tiene en serio Scioli chances de encabezar una innovación bajo control pejotista en la política argentina, o su destino es repetir el papel de Duhalde en el ´99, ser el mascarón de proa perdidoso de una coalición de jefes distritales sólo interesados en salvarse a sí mismos?

El giro económico operado desde enero, hacia un ajuste al menos parcial de los desequilibrios que se venían acumulando, también ha abonado el optimismo sciolista. El gobierno nacional logró que los caudillos territoriales del peronismo se convenzan de que Cristina va a terminar su mandato más o menos en pie, y de que les conviene seguir colaborando para preservar la gobernabilidad, en vez de dar el salto al massismo o lavarse las manos refugiándose en sus distritos. Frases como las que Closs y Yoma pronunciaron en el verano sobre una salida anticipada de la presidente no se van a volver a escuchar. Al menos por un tiempo.

De todos modos, hay al menos dos dudas todavía abiertas sobre el alcance de esta cooperación: ¿cuánto más ajuste necesitará hacer el gobierno nacional y cuánta recuperación económica necesitará conseguir para preservarla hasta 2015?, y ¿alcanzará para volver viable una candidatura presidencial oficialista?

A quien más desvelan estas preguntas no es a Cristina, que parece entre satisfecha y resignada con cómo van las cosas, cada vez más atenta a que su legado siga vivo, aunque sea en una minoría electoral y una porción del partido, y menos a lo que hace falta para recrear la mayoría y conservar la presidencia. Sino al propio Scioli, que necesita al mismo tiempo mantener a los gobernadores satisfechos, pero atados a su candidatura presidencial, y que el legado kirchnerista siga vivo, aunque no tan vivo como para que un candidato kirchnerista se pueda instalar. Lo que cada vez más se parece a conseguir la cuadratura del círculo.

Uno de los terrenos en que este complejo juego se vuelve más visible y revelador es el de los subsidios. Su asignación no sólo ha sido absurda en relación a los distintos sectores sociales, sino muy desequilibrada en términos territoriales: están tan concentrados en la zona metropolitana, que su recorte pasará casi desapercibido en todas las provincias, salvo en la de Scioli. De allí que los demás gobernadores prefieran, obviamente, que el estado central vaya a fondo en esa cirugía, para que pueda ser más generoso con ellos en las transferencias discrecionales, la obra pública y la renegociación de deudas. El problema para Scioli es que si colaborara a esta operación, tal vez podría todavía liderar una coalición periférica, pero probablemente terminará de perder el favor de los votantes del conurbano, sin los cuales es difícil formar una mayoría nacional.

Así las cosas, el riesgo de terminar haciendo el papel de Duhalde en 1999 aumenta: lideraría una fórmula nacional útil apenas como paraguas para que los jefes territoriales revaliden sus títulos, sobre todo si adelantan sus elecciones, sin pagar costo alguno por una derrota en las presidenciales. Derrota que, para peor, permitiría esta vez la consagración de un nuevo liderazgo nacional y presidente de extracción peronista. Con lo que el pase a retiro que se impondría en 2015 al motonauta sería tan o más inapelable y completo que el que sufrió Menem en 2003.

Si en cambio el ajuste no se profundiza, se hace tarde y a medias, tal vez los alicientes al consumo eviten perder más votos metropolitanos. Pero puede también que la situación económica global se descontrole, por mayor inflación y presiones cambiarias, y el resultado sea peor: una desbandada en las filas del partido y un triunfo seguro de Massa. O peor todavía, que Cristina consiga cierta recuperación, aunque efímera y a muy alto costo, y la use para promover a su propio candidato, dejando a Scioli sin destino ante una competencia polarizada. ¿Qué hacer, entonces? Éste no la tiene nada fácil. Lo que es seguro es que no piensa tirar la toalla, así que el juego seguirá abierto por un tiempo más.

-publicado en tn.com.ar el 7/04/2014

Posted in Politica Argentina.


3 Responses

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  1. Lilita says

    Se deduce del texto que todas las alternativas son peronistas.

  2. Marcos Novaro says

    Estimada Lilita, no era mi intención ignorar ni desmerecer al resto de las fuerzas, sino analizar cómo se desarrolla la estrategia de Scioli, cuyos contrincantes y aliados principales son, sin duda, y mal que nos pueda pesar, también peronistas.
    Por de pronto es difícil decir cuánto espacio vacante va a dejar el pluralismo peronista para las demás fuerzas en las elecciones de 2015: se nacionalizará la “peronización” del electorado observada en 2011 en Buenos Aires? Será aun peor que en 2003?. Pero lo que sí se puede decir es que la dimensión de dicho espacio depende más de lo que los actores peronistas hagan, que de los méritos de los no peronistas. Mientras más opciones peronistas en competencia haya, y más intensamente se diferencien unas de otras, el porcentaje de votos peronistas va a crecer a nivel nacional. Al mismo tiempo, van a crecer las chances de los no peronistas de ganar elecciones distritales, aprovechándose de esa división ( siempre que los comicios no se desdoblen y se hagan en fechas muy distantes, como sucedió en 2003).
    Obviamente, esto puede cambiar también si la división del peronismo se vuelve muy conflictiva y da lugar a una dispersión de fuerzas más que a un efecto centrífugo, y mientras tanto en el no peronismo se despega una figura y una coalición con capacidad de convocar a votantes de distintas extracciones. Pero creo que esto es por ahora bastante improbable.
    Seguiremos de todos modos este proceso en próximos análisis, saludos

  3. diego says

    Esta claro que una aceleracion de la crisis economica terminaria favoreciendo a Maza. Pero si la situacion no se desmadra (y hay varios indicios que hacen plausible esta posibilidad), o si la recuperacion no es tan pronunciada o contundente como para hacer viable la postulacion de un genuino candidato k (tambien tenemos varios indicios para descreer de esta otra posibilidad), las chances de Scioli estan muy parejas con las de Mazza (segun casi todas las encuestas), y muy por encima de los demas posibles candidatos. Que corra la suerte de Duhalde en el 99, sin duda es una posilidad, pero en aquel entonces el cisma del PJ, que ademas estaba bastante desgastado por 10 años de gobierno, volvio impracticable la tipica “alineacion” peronista con el candidato de mas chances. Ahora no existe una fragmentacion tan insalvable en el PJ (pese a la retorica K), y el temor a la ingobernabilidad que se cierne sobre las alternativas no peronistas reduce sustancialmente sus chances de ganar. Por lo tanto creo que las chances de Scioli de llegar a la presidencia son, junto a las de Maza, considerables, y muy por encima del resto.