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Efecto benéfico de los errores de Cristina

Si en 2011 le hubiera hecho caso a Boudou y hacía lo que ahora, casi tres años después, tarde y mal, está intentando con Kicillof, hubiera podido endeudarse y hacerse del combustible necesario para “profundizar el modelo”. Profundización que igual intentó, pero afortunadamente se quedó trabada a mitad de camino y fracasó.

 Si tras la muerte de su marido hubiera modificado su política de medios, apuntando a lograr una aplicación negociada de la polémica y enrevesada ley de 2009 y permitir un juego más libre de la comunicación oficial, muy probablemente hubiera tenido más chances de convertir el consenso que entonces circunstancialmente disfrutaba en auténtica hegemonía. El esperable debilitamiento de las empresas de medios independientes y el desarme del núcleo duro de opinión opositora le hubieran facilitado el camino para implementar reformas institucionales como la de la Justicia y la Constitución, que planteó en 2012 pero no pudo concretar, asegurándole por lo menos el control de su sucesión. Cosa que hoy está por completo fuera de su alcance.

 Cristina mostró en esas y otras circunstancias ser una excelente comunicadora, pero una estratega bastante deficiente, fallando una y otra vez en la toma de decisiones críticas. A la postre, si la democracia y la economía argentinas sobreviven más o menos indemnes al kirchnerismo se lo deben en gran medida a esos fallos. Así que hay que estarles agradecidos.

 En los días que corren asistimos a nuevos errores presidenciales de efectos igualmente benéficos. Uno de ellos es de naturaleza económica: el desordenado ajuste puesto en marcha en enero pasado está obligando al gobierno a absorber costos políticos que, si él hubiera podido montado bien la bomba de tiempo que venía formándose hasta ese momento, se habrían cargado a la cuenta de sus sucesores, complicando enormemente la salida del ciclo populista. De paso, el ajuste está legitimando una serie de instrumentos hasta hace poco innombrables e invendibles para buena parte de la opinión pública, que para las futuras autoridades será imprescindible utilizar, como la negociación con los organismos financieros internacionales, la necesidad de que rija en la economía un mínimo equilibrio de los precios relativos, la conveniencia de liberalizar el mercado de cambios, entre varios otros tópicos de un muy básico sentido común que durante un buen tiempo parecía totalmente extraviado.

 El otro error afortunado es de naturaleza política y se vincula a la desmesurada valoración que hacen los líderes kirchneristas del enraizamiento logrado en la sociedad por parte de su proyecto y su identidad. La presidente se ha convencido de que su proyecto va a sobrevivir no sólo al ajuste en curso, sino a la ya casi inevitable salida del gobierno nacional. Gracias a lo cual se muestra dispuesta a una transición no tan conflictiva como la que se hubiera podido esperar si se guiaba por una idea más dramática sobre el destino que le aguarda cuando vuelva al llano, y de una más modesta valoración de sus bases de apoyo en la sociedad.

 Para empezar, parece ya no estar tan dispuesta como en años pasados a emprender batallas a muerte y plantearse metas a todo o nada. Como mucho amenaza con librarlas, pero si ve que las cosas pintan mal, recoge el piolín, como ha hecho en la relación con Scioli, en su promesa de “nunca jamás devaluar” o de nunca volver a tomar deuda en el exterior. Ya nadie habla de incendiarle la provincia al bonaerense, ni de destruir todos los mercados con tal de sostener la ilusión del “modelo nacional y popular”. En suma, nada parecido a la batalla campal venezolana habrá que soportar en la transición que se viene. Lo que no es poca cosa.

 En consecuencia, es bastante probable que toda la combatividad kirchnerista de “nunca menos” y “ni un paso atrás” se disipe como una bomba de mal olor apenas molesta. El kirchnerismo seguramente sobrevivirá en los muchos empleados atornillados en diversos organismos del estado que dejarán a su paso La Cámpora y las demás organizaciones militantes oficialistas. Y seguramente también perdurará en la difusa idea facilista con que buena parte de la sociedad concibe los problemas de la economía y la satisfacción de los intereses sectoriales. Pero aun con todos los dolores de cabeza que eso pueda implicar, será bastante poco respecto a lo que pudo ser si el modelo K hubiera contado con algo más de rigor y eficacia instrumental.

-publicado en tn.com.ar el 14/4/2014

Posted in Politica Argentina.


6 Responses

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  1. diego says

    Creo que, asi como los kirchneristas supusieron estar llevando a cabo una revolución que marcaba un punto de inflexión en nuestra historia, y equipararon esa transformación a la que se había realizado en Cuba o Venezuela (asignando a éstas un valor positivo superlativo), los detractores mas recalcitrantes del kirchnerismo hicieron una suposición análoga, pero de signo valorativo opuesto, suponiendo que éste reproducía las “aberraciones” de esos modelos. Algo similar sucedió con la comparación entre la participación política de la juventud en los años setenta y la de la actualidad (la Campora, por anotomasia). Ambos, kirchneristas y opositores exacerbados, acentuaron las semejanzas de ambas experiencias, haciendo caso omiso de la abrumadora evidencia de la disparidad entre una y otra experiencia historica, también aquí, con una valoración diametralmente opuesta. Creo que es hora de que unos y otros hagan una autocritica y asuman lo mas sensato y, de no haberse enredado tanto en meros gestos o aspectos discursivos, lo mas evidente: el kirchnerismo fue un gobierno argentino que no desentono demasiado de la media, que tuvo algunos aciertos (lo del “viento de cola” me parece una interpretación algo forzada), y algunos defectos típicamente argentinos, que no nos transformó en Cuba, ni en Venezuela, que la “crispación” fue mas simbolica o discursiva que otra cosa, etc. En definitiva, que toda esta comparación con Cuba y Venezuela (o ese paralelismo entre las juventudes) resultó ser del todo infundada y debería llevarnos a reconsiderar cómo a veces las cuestiones ideologicas o discursivas distorsionan exageradamente nuestros diagnosticos de la situación que atravesamos.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Diego: sin duda que ha habido errores de percepción en todo el mundo, pero convengamos en que eso es habitual, y para nada lo más serio. Tengo algunas dudas con que tu apelación a esos errores para explicar lo que pasó con el kirchnerismo sea convincente, al menos por dos motivos: primero, no es lo mismo lo que pasó con los menemistas o los alfonsinistas y lo sucedido en estos años al respecto, todo grupo político cree que lo que está haciendo es bárbaro, y eso le sirve para reunir fuerza de voluntad y a veces lo lleva a errar, pero cuando se cree hacer la revolución y estar en guerra con el mal, las cosas empeoran; segundo, lo que se hizo para radicalizar el modelo, para decirlo en forma elegante, fue algo más que hablar, se tomaron decisiones y se pretendió tomar muchas otras que por suerte se frenaron, en parte gracias a las señales de alarma, a veces exageradas y en muchos casos guiadas también por errores, pero en este caso digamos errores benignos. Así que, en resumen, diría que estoy de acuerdo con vos en que ha habido mucha confusión y exageración, pero no creo estar tan de acuerdo con las consecuencias que sacas de eso para evaluar comportamientos de estos años.
    Saludos

    • LUCAS VARELA says

      Estimado Marcos: con todo respeto, encuentro demasiadas apreciaciones negativas y hasta agresivas en su escrito. Quizás, motivadas por un sentimiento “anti” que, por sentimiento, se oponen a lo que podrían ser apreciaciones mas razonadas que inviten al diálogo constructivo. Específicamente:
      el “fracaso del modelo de país” es discutible y merece alguna profundidad;
      la “enrevesada ley de medios” gozó de años de análisis y consensos y hasta un dictamen de constitucionalidad;
      la presidenta nunca mostró intención de continuismo, no es justo presuponer que hubo intención en la presidenta de perpetuarse en el poder mediante “reformas institucionales”;
      que la presidenta sea “una estratega deficiente” y que “falla una y otra vez en la toma de decisiones críticas” es una exageración discutible a la luz de que élla está transitando por el segundo mandato como presidenta de todos los argentinos;
      que “la democracia sobrevive al kirchnerismo” es decididamente un error;
      Finalmente, y frente a la política conmutativa y bilateral de la oposición, debo decir que quizás sea cierto lo de que “mas vale malo conocido que bueno por conocer”.

      • Marcos Novaro says

        Y yo que pensé en escribir un artículo piadoso sobre los errores oficiales, esa al menos era la intención contenida en el título, mostrar que en ocasiones cuando metieron la pata nos hicieron y le hicieron a la democracia argentina un favor.
        Pero bue, lo que no cabe duda es que aun el 10% de lo que muchos creemos tiene de reprochable el kirchnerismo resulta por completo intolerable escucharlo al 10% de entusiastas que aun lo acompañan, y que probablemente lo seguirán acompañando.
        En cualquier caso, y más allá de lo discutible que sean los fracasos puntuales del modelo, sus ambiciones continuistas, sus despropósitos con la ley de medios y demás, acotaría el asunto en discusión a lo siguiente: ¿si el kirchnerismo se está desmantelando como proyecto ello se debe a que sus promotores hasta hace poco radicalizados prefieren moderarse para sobrevivir, vistos los obstáculos enfrentados para seguir por el camino que iban, o a que nunca tuvieron en la cabeza ir mucho más allá de donde llegaron? Yo me inclino por la primera alternativa, pero puede que me equivoque. Saludos

        • LUCAS VARELA says

          Estimado Marcos: Ud ya sabe que no soy “anti” kirchnerista, y le aseguro a Ud. que tampoco estoy en el grupo del ¿10%? de entusiastas kirchneristas.
          Me encuentro en la búsqueda de respuestas, frente a una realidad de mi país que puede y merece ser mejorable.
          Mis comentarios tienen un ánimo constructivo de diálogo con aporte de ideas, y quizás, encontrar juntos un camino común de intercambio.
          El diálogo sincero es ejercicio de libertad, de inteligencia, de hombría de bien. Es compromiso y apoyo a aquellos que luchan por buena causa. Los hay y me importa que se vean claramente, y para bien de todos.
          Nuestra realidad argentina no es solo fracaso, corrupción, ineptitud, “bombas de tiempo” y/o “bombas de mal olor”.

  3. Sergio Robles says

    “,…El kirchnerismo seguramente sobrevivirá en los muchos empleados atornillados en diversos organismos del estado que dejarán a su paso La Cámpora y las demás organizaciones militantes oficialistas…”
    La lealtad del empleado es hoy y será mañana hacia la jefatura vigente, cualquiera que esta sea. Actitudes en contrario pondrían en peligro su propia sobrevivencia y como bien se sabe: la caridad bien entendida empieza por casa.