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Chau piquetes, chau Laclau

La presentación del proyecto para regular los piquetes vale probablemente más como gesto que como iniciativa efectiva para cambiar las reglas del juego político: dado que se la ha hecho en nombre de Cristina pero con la sola firma de unos pocos legisladores, y encima bajo la batuta de uno hasta ahora ignoto alfil del devaluado Capitanich, será poco costoso darle largas al asunto, y eventualmente dejarlo morir si genera problemas en las ya de por sí desanimadas bancadas oficiales.

 Eso no significa, con todo, que se trate de un asunto menor: aun en mayor medida que las más efectivas medidas de ajuste en curso, la ley antipiquetes indica el desarme de la estrategia de radicalización que desde 2008 orientó las iniciativas oficiales; así que conviene valorarla como parte de un amplio e innovador giro político.

Lo que está surgiendo con el fin de la radicalización evoca lo que, al final de su vida, permitiera a Perón definirse como “león herbívoro”: una letanía de buenas intenciones justificando medidas bastante antipáticas para pintar la inminente despedida con los colores de una equilibrada madurez, y hacer así más pasable la frustración y olvido de los sueños de gloria hasta hace poco promocionados.

 Aunque, a diferencia de Perón en los setenta, esta vez los líderes del movimiento no parece que vayan a enfrentar mucha resistencia de soñadores empedernidos: hay pocas fugas por izquierda en el kirchnerismo del ajuste y el ocaso, muchas menos de las esperadas. Mientras la mayoría se apura a aclarar que “nunca quisimos imitar a Venezuela”, lo que en las actuales circunstancias resulta suficientemente gráfico como para no requerir mayores explicaciones, la minoría entusiasta calla y se dedica a atornillarse al estado, para seguir en él cuando haya dejado de ser un exclusivo botín de la facción hoy gobernante. A este respecto, no es casual que en la misma semana en que los gremios opositores paralizaron la vida nacional y el gobierno les respondió impugnando los piquetes a que atribuyó su éxito, La Cámpora haya enfocado su atención a seguir anotando en la plantilla a todos los militantes que hasta aquí logró encuadrar, con particular esmero en cargos de lujo como los de Cancillería. A diferencia de sus homólogos setentistas, el camporismo de nuestros días prefiere un cómodo pase a planta a cualquier cosa que se parezca a pasar a la clandestinidad. Lo que implicará claro un costo para el fisco, pero tal vez sea uno módico si asegura la paz.

 Otra diferencia con la historia es que para el kirchnerismo la salida de escena de líderes y referentes sigue siendo tan sorpresiva como oportuna: en la semana que pasó el gobierno ha procedido a darle doble sepultura a la figura de Ernesto Laclau, que si algo explicó con claridad fue que en la lucha política valen casi siempre más los sentidos que los instrumentos administrativos o pecuniarios; lo que está siendo sistemáticamente desmentido por una presidente que, ella misma ha dicho, pretende más que nada preservar lo que pueda del statu quo hasta 2015 y negociar la mayor cuota posible de recursos institucionales de ahí en adelante, aun cuando eso signifique olvidar sentidos hasta hace poco dados por inherentes a su identidad.

 De todos modos, algunos de los temas que a Laclau más obsesionaron también sirven para explicar que el gobierno siga ese camino. Para empezar, la clave para entender su giro se puede encontrar en el previo fracaso en movilizar a sus votantes detrás del curso de radicalización: aunque el kirchnerismo se hizo de un control casi total del estado, no logró nada parecido en la sociedad, chocando allí con un cuadro enredado y heterogéneo en que se empantanaron casi enseguida sus iniciativas. Al respecto probablemente la mayor evidencia no la ofrezca la crisis del campo y la consecuente derrota de 2009, como la distancia con que la mayoría lo acompañó antes y después de ellas: bastante modestos problemas alcanzaron en ambas etapas de auge para que muchos integrantes del llamado progresismo le negaran su apoyo, para que otros retiraran el muy condicionado que le habían dado, así como para que ni en un caso ni en el otro se aceptara su premisa de que el avance de cualquier otra opción implicaría una mortal frustración para el país.

 En este sentido, la pretensión de quitarle legitimidad a las movilizaciones, los paros y ahora a los piquetes se encadena en una secuencia que también Laclau ayuda a entender. Se recordará que él siempre insistía en que la política debía dividir la escena en dos, el pueblo de un lado, sus enemigos del otro; y por tanto desde el gobierno había que lograr que la sociedad aceptara convivir con esa división, estableciéndose lo que él llamaba las “equivalencias” entre muy diversas demandas populares y su “diferencia radical” frente a las de los enemigos del pueblo. En su etapa activa el kirchnerismo logró justificar movilizaciones descalificatorias contra una gran variedad de enemigos en estos términos: los acusados por violaciones a los derechos humanos, las pasteras instaladas en Uruguay, Shell u otras compañías que subieran precios sin permiso, y Clarín, sobre todo Clarín, el titiritero de todos los malos. Incluso lo logró en ocasiones en que fue derrotado y fracasó en los fines más puntuales que se propuso. Por ejemplo con la 125: su modelo político no resultó impugnado sino en alguna medida ratificado cuando se movilizaron sus adversarios, estableciendo otra cadena de equivalencias opuesta a la oficial, y que por tanto reforzaba antes que refutaba su ethos. Fue lo que permitió justificar, frente a moderados y neutrales, acciones brutales contra periodistas, empresarios o políticos enemigos, de otro modo inadmisibles; y lo que tendió un anillo de hierro en torno a la coalición oficial que desalentó las fugas y hasta el mínimo disenso interno. Pero al hacerlo mantuvo una situación de crónica inestabilidad a la larga perjudicial, pues en el proyecto k convivían esos métodos revolucionarios con objetivos que no lo eran en lo más mínimo, y en la medida en que no resolvió esta tensión optando por una vía (la chavista) o por la otra, los fracasos en imponer su molde a la sociedad se volvieron demoledores.

La consecuencia fue que la escena de polarización trabajosamente montada se empezara a derrumbar sin que hiciera falta acotar su control del estado, cuando en la sociedad surgieron voces que le reclamaron no que hiciera otra cosa, sino lo que había prometido para asegurar la felicidad del pueblo. De allí que también que todo un sofisticado andamiaje parezca hoy reducido a mero “relato”, y sea denunciado como pura simulación para velar la mezcla de corrupción e inoperancia a que habría en verdad que acotar su existencia. Para quienes realmente creyeron en la teoría celebratoria del populismo no podía haber peor desenlace.

Posted in Política, Politica Argentina.


3 Responses

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  1. diego says

    Marcos, creo que la formula de resumir todo lo que hizo el kirchnerismo en estos últimos diez años a mero “populismo” es como reducir los diez años de Menem a mero “execrable neoliberalismo”, desconociendo que ciertos cambios introducidos van a perdurar. Creo que en algunos terrenos hubo innegables avances. Este retroceso del kirchnerismo (como lo fue el del menemismo) y su sustitución por otras fuerzas politicas no creo que sea el trágico desenlace de aberraciones cometidas, sino una sustitución absolutamente normal de una fuerza política hegemonica durante mas de diez años (con el desgaste que esto conlleva) por otra. No creo que se trate del colapso de un “modelo”, porque posiblemente no haya tal “modelo”, sino mas bien políticas especificas, a veces bastante inconexas o mal articuladas, que, sin duda, han conducido en el terreno económico a situaciones de agotamiento o cuellos de botella y requieren de ciertos ajustes o cambios. Como lo establece el sistema político, vendrán otras fuerzas políticas a poner en marcha estos cambios.
    Respecto a la polarización que intentó establecer el gobierno, en la que entró (y a la que fue funcional) una buena parte de la dirigencia política y la opinión publica, creo que nunca caló muy hondo en la inmensa mayoría. Eso lo prueban los oscilantes resultados de las elecciones en 2009, 2011 y 2013 (aca uno se siente tentado a decir “es la economía, …”). Priorizar el corto plazo en política economica, sobre todo en materia de consumo, como lo hizo el gobierno (en esto puedo concederte lo de “populismo”), socava las bases del crecimiento en el mediano y largo plazo. Y el mediano y largo plazo algún dia llegan, el crecimiento se detiene, y las elecciones se pierden. Lo prueba también el tipo de candidato opositor con mayor éxito en las ultimas elecciones: en 2011 quedo en segundo lugar Binner, con una critica bastante moderada, frente a otros opositores (Duhalde, Alfonsin, Carrio, etc.) de criticas acérrimas e intransigentes; o en el 2013, Massa, critico bastante moderado frente a los radicales y De Narvaez, con criticas mas lapidarias. La polarización explica poco del éxito del gobierno, y a la larga fue absolutamente contraproducente.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Diego y demás lectores, ante todo una opinión general sobre el eco que han hallado las últimas notas, que hemos comentado con algunos otros agentes de cipol y quisiera compartir ahora con uds.. Primero, notamos una proliferación de comentarios de un tenor muy propio del momento, que atribuiría a riesgo de ser injusto a “kirchneristas decepcionados en plena búsqueda de una pista de aterrizaje en el Planeta Tierra”, o “kirchneristas hasta hace poco zarpados pero que ahora bajan un cambio o dos” o “ex entusiastas que reencuentran su extraviada veta reflexiva” o alguna otra variación por el estilo. En cualquier caso, son muy bienvenidos, como todos los demás comentaristas de cualquier credo o raza, y ojalá leer las columnas y participar de los intercambios les resulte de utilidad para procesar lo que sin duda para muchos es una frustración, y temo que a medida que pase el tiempo se volverá una “gran” frustración. No tienen por qué compartir todo lo que se escribe acá, seguramente eso no va a pasar y que les resulte de interés leerlo sin compartirlo plenamente a mí por lo menos me gratifica y me predispone bien para la discusión.
    Ahora bien: conviene hacer una aclaración, y es que aquí no solemos ser complacientes, se somete a crítica todo, el kirchnerismo, el antikirchnerismo y el postkirchnerismo. No nos interesa caerle bien a la gente, por si no lo habían notado.
    Lo que lleva a la segunda cuestión: en el ánimo que tiende a extenderse en muchos círculos hasta hace poco entusiasmados con el proyecto oficial hay un poco de autocrítica pero también hay mucho de autocomplacencia. Que se expresa por ejemplo en el argumento que sostiene que “este fue un típico gobierno argentino, ni peor ni mejor que el de Alfonsín o Menem”, y que suena a “¡¡¡¡la hora referí!!!!” ante el inminente aluvión de pelotazos que ya les están cayendo encima. Y lo cierto es que los pelotazos habrá que bancárselos. Sobre todo después de haberse pasado diez años sacando pecho y queriendo pasarle el trabo a todo el mundo. Lo único que puedo decir al respecto es que trataremos de evitar cebarnos en la vendetta o hacer leña del árbol caído, no por particular respeto a los caídos en desgracia, sino porque tampoco nos caen bien la mayor parte de los vivos que se apresuran a afilar sus hachas.
    Tercero, nosotros no nos tenemos que reconciliar con nadie porque jamás recurrimos a la injuria ni a la agresión. Acá discutimos argumentos, si alguien se ofende o no comparte, que exponga otros argumentos mejores, no vale por tanto para nosotros la invocación a “cerrar la brecha” o cosas por el estilo, ojalá los kirchneristas puedan reflexionar sobre lo que hicieron, apoyaron y avalaron en estos años y lo puedan procesar bien, pero no creo que vayan por buen camino para lograrlo si recurren para empezar a la minimización del problema y la apuesta a lograr que alguien les extienda un certificado sobre sus buenas intenciones.
    Cuarto, a la hora del balance, que es de lo que se trata mucho de lo que se discute y discutirá en la política de estos tiempos, cada quien puede poner el acento en lo que más le guste, pero tiene que aceptar que la cuenta va a estar en alguna relación con lo que se prometió, en alguna relación también con lo que era posible conseguir, y por último, en relación con lo que otros logren hacer después. Con lo cual tenemos que el kirchnerismo por lo menos va perdiendo mal y de movida en los dos primeros capítulos, y habrá que ver si logra evitar que al que viene le vaya bien, para salir mal parado también en el tercero. Prometió tanto, y tuvo tantos recursos y oportunidades a la mano para usarlos tan mal, que será inevitable que la cuenta final le juegue en contra. Como encima la bomba de tiempo que podría haber armado (de tener un poco más de destreza técnica en la gestión) está explotando anticipadamente en sus narices, es difícil que pueda evitar que al que venga después le vaya mejor que a él. En fin, está jorobado. Y creo que la historia no lo va a tratar muy bien. Eso viene a cuenta un poco de esta comparación que se está poniendo de moda hacer entre los Kirchner y Menem o Alfonsín. Algo que antes desde el oficialismo y sus simpatizantes se hacía para destacar la enorme diferencia entre el gran gobierno K y los inútiles y malditos predecesores, y ahora se usa en forma por completa opuesta, para que en la noche todos los gatos pasen por pardos. Y la verdad que no es lo mismo, Alfonsín, e incluso en su medida también Menem, hicieron lo suyo, y creo que cuanto más tiempo pase más van a poder ser re evaluados y rediscutidos, los Kirchner en cambio me parecen una enorme e inútil pérdida de tiempo y dinero, incluso regionalmente, se podrán valorar cosas de Evo Morales y hasta de Correa, y a Chávez al menos hay que reconocerle la puesta en escena y la desmesura caribeña, en cambio los Kirchner encima son aburridos. Así que “populismo” diría que es un elogio, ojalá lo que hubiera que reprocharles sea que hicieron “populismo”.
    Por último, la cuestión de la polarización: no se trata de una cuestión menor porque no fue sólo un desliz ni sólo un discurso, fue un instrumento político usado en forma sistemática que produjo daños a mucha gente, muchos porque vivían en una provincia o municipio opositor se los dejó sin planes sociales o sin policías, a otra se la echó del trabajo, a muchos se los agredió en forma sistemática desde el estado por sus ideas. Haber avalado esas prácticas y decir ahora que fueron “discursos” en que “cayó el oficialismo pero también los opositores” es por lo menos minimizar las cosas. La reparación de ese daño va a ser complicado y efectivamente sí puede dar lugar a vendettas y problemas serios. Lo peor que podría hacerse con eso es ignorar el asunto, hacer de cuenta que acá no pasó nada y que en todo caso es un problema de los “dos demonios” con los cuales los demás no tenemos nada que ver.
    Saludos

  3. diego says

    Disculpame Marcos, ante todo, me cuesta mucho no ver en esto una alusión personal. Repasando tus últimos artículos y sus respectivos comentarios realmente dudo de la existencia de tal “proliferación de comentarios de un tenor …”. Simplemente te quería aclarar que no soy ni fui nunca un militante kirchnerista, anteriormente entusiasta y ahora decepcionado. Además, los militantes y políticos kirchneristas no hacen comentarios de “este tenor” ante su actual situación. O continúan endilgando a las corporaciones estos reveses, o (indirectamente) aluden a una supuesta ceguera de las mayorías, que no comprenden que cualquier alternativa a ellos está en la aborrecible derecha; o abandonan el barco sin dar demasiadas explicaciones y saludan al ahora “compañero Daniel” (antaño traidor). Respeto (y admiro) tu formación, razón por la cual ingreso con asiduidad a tu blog (y no a Pagina 12 o a Clarin, diarios que no suelo leer) y comento, eventualmente, algunas notas. Mis comentarios, a lo sumo (ahora que lo pienso), pueden contener una nota critica producto, esencialmente, de considerar que las observaciones que haces sobre el kirchnerismo posiblemente (por decirlo de algún modo sin pretender ser irrespetuoso) no estén a la altura de los interesantísimos análisis que haces, por ejemplo, en tu libro de Historia Argentina de 1955 a 2010, respecto a los restantes acontecimientos, procesos y personajes históricos. Simplemente quería aclarar eso, en lo que a mi respecta, sobre los verdaderos móviles que subyacen en los comentarios de “ese tenor” (que nada tienen que ver con los supones en tu comentario).