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UCR, atrapada entre Massa y Macri

Un fantasma recorre la UCR, uno que asusta con repetir el año que viene ya no la mala elección que hizo Ricardo Alfonsín en 2011, sino la pésima que hiciera Leopoldo Moreau en 2003. Con lo cual el radicalismo vería pasar la oportunidad que representa el final del kirchnerismo, y que sus dirigentes creen muy merecida, de recuperar su tradicional espacio como partido nacional. Y se daría continuidad a los cismas y la sangría de votos que llevan ya más de una década y para muchos de ellos es peor que una muerte súbita.

Muchos en la tropa de Alem e Yrigoyen aprietan los dientes y se niegan a ceder al temor, creen que aunque hoy Cobos y más todavía Sanz están bastante debajo de los 10 puntos de intención de voto, pueden levantar si FAUNEN deja de desangrarse en disputas intestinas. Sobre todo porque la sociedad se está cansando del peronismo y necesita una alternativa progresista ante el giro conservador que encarnan todos los demás candidatos. Con esa idea formaron a comienzos de este año la alianza con las fuerzas de centroizquierda y con Carrió: mantener vivo el sueño socialdemócrata de 1983, aun cuando los vientos no sean muy favorables.

Pero un buen número de radicales tiende a pensar que la opción no es entre Cobos y Sanz, ni entre uno de ellos y Binner, que tampoco está siquiera cerca de repetir los guarismos de 2011, sino entre Macri y Massa. Este sector de la UCR está a su vez dividido, y no sólo por la opción entre esos dos candidatos. Algunos creen que participar de la competencia nacional será por completo estéril, y el partido debe empezar por recuperar los espacios provinciales y municipales perdidos desde los años noventa, que en su caso vendrían a ser los añorados noventa. Para lo cual lo mejor es no atarse a ninguna fórmula presidencial, o atarse moderadamente a varias a la vez para que todas sumen a sus listas distritales, o por lo menos no les resten.

Una pregunta que cabe plantearles es si esta resignación a no tener apuesta nacional puede ser pasajera o terminaría retroalimentándose, y por tanto volviéndose irreversible. ¿La UCR no se estará convirtiendo en el simil argentino del PMDB brasileño?, una fuerza que fue importante en la transición democrática de nuestros vecinos, pero aunque sigue hoy teniendo unos cuantas gobernaciones, intendencias y bancas legislativas, desde hace años sólo pesa a nivel nacional como “socio segundón de”, primero del PSDB, y después del PT.

Otra cuestión, relacionada a lo anterior, es si esta actitud no vuelve a los radicales aliados tan poco confiables como escasamente útiles: dado que privilegiarán sus espacios territoriales y se sacarán fotos con todos los candidatos nacionales que puedan pero no se casarán con ninguno, a éstos podría convenirles participar del juego pero no tomárselo muy en serio. Esta es una sospecha que pesa sobre todo en el macrismo: ¿para qué ir atrás de acuerdos con una dirigencia que adoptó el estilo oportunista y ventajero de los peronistas pero carece del espíritu de cuerpo que a éstos les permite, llegada la hora, actuar en conjunto para sostener a un caudillo electoral y a un gobierno, y que encima no van a poder evitar que quienes los votan en sus distritos se inclinen solos en las presidenciales por alguno de los candidatos a los que quieren cobrarles un peaje ilusorio?

Si Macri revisó este escepticismo en los últimos días, aclaremos, no fue porque pagar por un apoyo que cree poder conseguir gratis le convenza, sino porque en su prescindencia le dejó abierta la puerta a Massa. A quien no le interesa tanto que los radicales sean poco confiables, pues necesita menos asegurarse su lealtad: le alcanza con que nadie obstruya su camino al ballotage y para eso apuesta a borrar lo más posible las fronteras partidarias, las del peronismo y también las radicales. Lo que puede lograr con meras fotos, como las que consiguió con Morales, Cano y Artaza, en Jujuy, Tucumán y Corrientes, y la que acaba de perderse el jefe del PRO en Entre Ríos, a raíz de su indisposición a ceder más lugar a los radicales del distrito.

Ante los peligros de volverse una desagregada cantera de ubicuos y poco respetados caudillejos locales, quienes rodean a Sanz y algunos más están tratando de definir una estrategia nacional que les permita escapar a la mochila de plomo en que, a sus ojos, se convirtió el FAUnen. Pero es inevitable que les cueste optar entre las ventajas de hacerlo en dirección a Macri o a Massa.

El PRO es más afín al credo no peronista y a la idea de que los partidos deben reconciliarse con la sociedad, dos cosas que obsesionan a la mayoría de los líderes de la UCR. Como tendría pocos legisladores propios en caso de ganar, Macri sería mucho más dependiente que Massa del apoyo que aquellos le seguirían ofreciendo. Por lo que podrían cobrárselo más caro, tanto para bien de sus bancadas legislativas como de sus gobernadores e intendentes. Pero ojo: hasta hace poco se pensaba que como el PRO tiene poca implantación territorial sería más generoso con la que le ofrecieran desde la UCR; pero esto no ha sido tan así pues los macristas se convencieron de que debían presentarse como “lo nuevo” contra la “vieja política”, que incluye también a la boina blanca, y que les convenía premiar a leales que garanticen hacer campaña por su jefe. Desde que el PRO adoptó esta tesitura, más “mezquina” al menos a los ojos radicales, muchos empezaron a pensar que Macri está poseído por el espíritu alternativista y antirradical de Chacho Álvarez y no debían repetir la historia de juntarse con quien no quiere aliados sino apenas un aparato que vampirizar. Además, si llegara a ganar el PRO con estas ideas, y en la oposición quedara un PJ en alguna medida inclinado hacia la izquierda y el populismo, ¿cuál sería el futuro de la UCR sino languidecer como furgón de cola de una fuerza hegemónica en el centroderecha?

El tigrense tal vez en un principio necesite de los legisladores y caciques locales radicales, pero en cuanto logre reunificar al peronismo dejaría de precisarlos. Ello supone una desventaja, menos pagos por colaborar con su gobierno, pero también implicaría un horizonte de mayor viabilidad para la UCR: una vez reunificado el peronismo, lo que quede fuera podría volver a encolumnarse detrás del centenario partido y dejar de responder a ese horrible e inasible mote de “no peronismo”, que a los radicales los deja sin destino. Pero por sobre todo es esperable que el FR sea más generoso con los candidatos locales de la fuerza, al menos allí donde no tiene chances de seducir a sectores importantes del PJ. Ello les ofrece a la UCR la posibilidad de cobrar en moneda contante y sonante, apoyo en competencias que creen poder ganar, por simples fotos.

Así las cosas, lo que es seguro es que a los caciques radicales, como al grueso de los peronistas, les conviene seguir oteando sus cartas y las de los demás el mayor tiempo posible, y mientras tanto consolidar sus propias candidaturas, mostrarse abiertos a todos los arreglos posibles, y tratar de cazar todo tipo de votos y apoyos. En un sistema donde casi ya no hay partidos, competir es en esencia personalizar las opciones lo más posible. Si lo hacen los presidenciables, ¿por qué no los habrían de imitar los demás?

De pensar estrategias más serias y de largo plazo que se ocupen otros. Por caso, Sanz. Pero ojo: las dificultades de la opción que éste prefiere no provienen solo del oportunismo y la falta de colaboración de sus correligionarios, son también intrínsecas a ella: por más que el senador mendocino y Carrió se devanan los sesos para imaginar la fórmula de un entendimiento con PRO, no pueden escapar a la disyuntiva entre resignar la presidencia y nominar a Sanz como vice de Macri, lo que implicaría para el resto de los radicales una concesión difícil de digerir, o plantearse una competencia con el macrismo que no pueden ganar, corriendo el riesgo de quedarse sin nada, incluso resultar muy perjudicados en la asignación de bancas legislativas. Es comprensible que incluso muchos simpatizantes del jefe de la UCR se inclinen entonces por dejar las cosas como están a nivel nacional, respaldar a Cobos como la opción menos mala, incluso acompañar a Binner, y priorizar la competencia allí donde tienen algo más o menos cierto por alcanzar.

 -publicado en tn.com.ar el 17/11/2014

Posted in Política.