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Cristina y la UCR buscan protagonismo, sin candidatos

2014 se cerró con un protagonismo creciente de las tres figuras que aspiran a la sucesión y tienen chances de lograrla, Scioli, Massa y Macri.

Pero en el arranque de 2015 puede ya observarse un cierto giro: el renovado esfuerzo de los relegados por ese protagonismo, pues no tienen a su lado candidatos presidenciales muy atractivos que digamos, por lograr mayor participación en el juego. Y puede que por sus propios medios o colaborando más o menos disimuladamente entre sí lo consigan.

Cristina empujó una vez más a su entorno a horadar a Scioli, amenazarlo y cuestionar hasta sus más irrelevantes muestras de autonomía. Pero no se quedó en eso, mientras tanto activó la ingeniería legal para ser candidata en todo el país al fantasmagórico Parlasur, de modo de complicarle la vida al mismo tiempo al gobernador bonaerense y a la oposición. Si lograse nacionalizar la elección en torno suyo podría hacer creer que los votos oficiales siguen siendo de ella, no de quien resignadamente acepte como su candidato presidencial; y si además pudiera impedir que los opositores se pongan de acuerdo en presentar una sola lista para el Parlasur, tendría chances de seguir invicta en las urnas.

El oficialismo también hizo circular encuestas según las cuales cualquier candidato que reciba el aval de la presidente tendría garantizado 38% de los votos, y la versión de que la ola naranja podría quedar reducida a espumita si Scioli es forzado a competir contra listas avaladas por Cristina en las PASO, o directamente impedido de participar de ellas como parte del FPV.

Claro que Scioli podría en este último caso hacer lo que le sugirieron ya tiempo atrás sus seguidores menos afines al kirchnerismo, armar con De la Sota, Rodríguez Saá y hasta con Massa una interna entre peronistas disidentes, en la que todavía lo acompañarían unos cuantos gobernadores, intendentes y sindicalistas. Pero los riesgos de quedar como el jamón del sándwich y perderlo todo serían considerables así que esa salida es poco convincente como alternativa. Por suerte para él, tan poco convincente como la amenaza de dejarlo fuera del FPV.

Por el lado de la oposición, además, en caso de prosperar la manganeta oficialista del Parlasur la opción más tentadora podría ser, más que la de un peronismo reagrupado, la que por sus propios motivos está enarbolando en estos días la UCR: convertir abiertamente las PASO en lo que en alguna medida e implícitamente ya son, una gran interna de todos los que quieren dejar fuera del poder a los k. Esta gran coalición podría ser un efecto no querido (o no del todo querido) de los esfuerzos kirchneristas por bloquear acuerdos más puntuales, como los que se tejen entre candidatos a gobernadores del radicalismo, FA-Unen, Massa y Macri en provincias donde se votará simultáneamente con las presidenciales, o la perspectiva de un acuerdo específico para unificarse sólo en la lista al Parlasur, posibilidad que Cristina quiere bloquear a toda costa.

En cualquier caso, la gran coalición tendría la enorme ventaja de asegurarle a Macri y Massa que uno de los dos sería seguro presidente, y al que resulte favorecido facilitarle la formación de una nueva mayoría de gobierno, electoral y legislativa. Pero sobre todo está pensada para hacerle la vida más cómoda a la UCR, que de ser un descuartizado campo de disputa entre esos dos candidatos se volvería el eje articulador de un nuevo gobierno, y uno de seguro poderoso. Con esta idea en mente, el senador Gerardo Morales, aliado de Massa y aspirante radical con chances a la gobernación de Jujuy, parece haber convencido a Ernesto Sanz de que sea que se pueda lograr o no, impulsar la gran coalición es la mejor alternativa, porque al menos muestra al partido con iniciativa, obliga tanto a Massa como a Macri a responder, y por ahora evita que la UCR se descomponga en acuerdos puntuales con el FR o el PRO, situación que tendría por principal perjudicado precisamente al propio Sanz, jefe nacional del partido. Además de que no es incompatible con que los radicales mantengan la atención puesta en potenciar sus listas locales y provinciales en los distritos donde pueden ganar.

Ahora bien: más allá de todo eso, ¿tiene alguna posibilidad de convencer a los aspirantes a la sucesión con más chances? Les ofrece un marco en el que competir por hacerse de la adhesión ya no de una acotada primera minoría, sino de una amplia mayoría, el 70% de los votantes que quieren un cambio. Asegurándose, como dijimos, no sólo de un triunfo en la primera vuelta, sino de una mayoría social e institucional que haría más fácil ejercer la presidencia desde diciembre de 2015. Posibilidad cuyo atractivo crece si ambos calculan que pueden resultar sus beneficiarios, perspectiva que la pareja relación de fuerzas del momento en alguna medida alienta.

Las complicaciones para implementar el acuerdo, de todos modos, son muchas e indisimulables. La primera es la que encarnan Cobos y Binner, que quedarían un poco fuera de juego en esa gran coalición: ya se reunieron e hicieron saber que prefieren acordar una fórmula entre ellos, en el marco más estrecho del FAUnen, que ceder a la venenosa oferta de ser cola de león. Además está el problema de las listas de diputados y senadores nacionales: a nivel local y provincial la UCR podría asegurarse de que ni Massa ni Macri le disputen los cargos que ella tiene chances de ganar, pero difícilmente los presidenciables sean tan generosos con las bancas nacionales, que necesitarán poblar de gente leal si quieren no depender por completo de legisladores ajenos para gobernar desde 2016. En otro caso les convendría ir a las PASO por su cuenta, y confiar en que si hacen un buen papel en ellas podrán polarizar con Scioli en la primera vuelta y quedarse con una primera minoría, que aunque esté muy lejos de ese 70% con que se especula será propia y leal.

Por de pronto lo que es seguro es que a Massa y Macri lo que les conviene más que nada es que sea el otro el que diga que no al convite radical y quede aislado. Y por ello ninguno de los dos se apresuró a contestar. Pesa en ellos también el temor a que efectivamente Cristina logre instalar su candidatura a algún cargo, Scioli se le someta, la economía un poco ayude y el oficialismo repunte en las encuestas acercándose al 40%. Lo que se difunde al respecto desde las usinas oficiales es por ahora pura fantasía, pero podría no seguir siendo así en caso de que entre Cristina y Scioli vuelva a primar el equilibrio colaboración-diferenciación que lograron, por ejemplo, en 2011.

Lo curioso de todas estas apuestas y movidas es que están tan interconectadas entre sí, y operan sobre un terreno tan fluido, que nadie, ni los tres grandes aspirantes a la sucesión ni los que se mueven alrededor tratando de condicionarlos o montarse en ellos, puede saber a ciencia cierta qué es lo que más le conviene: por eso, podrá decirse que es penoso que se manipulen las reglas de juego para condicionar los resultados, que es decepcionante que los candidatos se parezcan tanto, los partidos sean tan débiles y los alineamientos tan laxos, pero lo que no podrá negarse es que la competencia será intensa y el juego incierto y entretenido hasta el final.

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