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Néstor soñó trascender al PJ, Máximo solo busca refugio en él

Hay una sola razón para querer convertir a Máximo en candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires: en Santa Cruz no mide un céntimo y corre el riesgo de hacer un papelón.

En el distrito donde hace sus principales negocios y administra el grueso de su fortuna, el hijo presidencial no llega a 10 puntos de intención de voto para ningún cargo según todos los sondeos. Por eso intentó en su momento imponer el sistema de lemas para la elección de intendente de Río Gallegos: de ese modo el FPV podría proponer a varios candidatos y todos sumar fuerzas para que Máximo se hiciera del cargo con pocos votos propios, sin que el resto de los electores se dieran cuenta.

Pero la estratagema fue rechazada por la oposición e invalidada por la Justicia. Así que pensó en ser candidato a diputado por la misma provincia. Pero como se eligen solo dos bancas este año corría un similar riesgo de quedar afuera. El primogénito de los Kirchner parece sorprender con su sagacidad y tener comiendo de su mano a todos los funcionarios del Ejecutivo, a los periodistas militantes y a miles de jóvenes empleados del estado, y hasta al propio Scioli, pero a los ciudadanos de a pie no les mueve un pelo.

La solución la ofrecen en bandeja las extensas listas sábanas de la provincia de Buenos Aires. En un distrito donde se votan 35 diputados cada dos años y nadie puede prestar mucha atención ni acordarse siquiera de los nombres de quienes integran las listas legislativas ante tal multitud de aspirantes, siendo por regla general esa elección además muy influida por la de los cargos ejecutivos de todos los niveles, gracias a la cercanía de la capital y a la simultaneidad de las elecciones, Máximo podría ser candidato sin riesgo de quedarse afuera, ni de generar una ola de voto negativo que lo deje mal parado.

Claro que había que disimular semejante debilidad. Para lo cual convenía darle un marco al menos en apariencia heroico al desembarco bonaerense. El round con Daniel Santoro, Clarín y los fondos buitre por supuestas cuentas secretas en el exterior ofreció la oportunidad para victimizar al jefe camporista y para que la cadena militante celebrara la subyugante seducción que supuestamente ejerce su persona en todo buen patriota.

Alcanza con eso para que la instalación de su candidatura avance, pues finalmente lo que busca el oficialismo es bastante poco: crearle el marco adecuado para que no siga a la intemperie de las acusaciones por corrupción ni haga un decepcionante bautismo de fuego electoral. Ni siquiera hace falta que destaque: dado que difícilmente las encuestas vayan a mostrarlo liderando ninguna compulsa, lo más probable es que se lo ubique en un lugar expectable de la lista pero no en la cima, lo que hasta se podrá atribuir a un nuevo y conmovedor gesto de humildad de su parte.

Si la saga sigue este rumbo y Máximo termina como diputado nacional en estas condiciones habrá dado una muestra elocuente de lo que el kirchnerismo está dispuesto a pagar por asegurar aunque más no sea una módica continuidad a su poder institucional. Nada le impedirá insistir con el autobombo, decir que ha logrado burlar el asedio de superpoderosos enemigos y que seguirá por cien años más luchando por la felicidad del pueblo. Pero en los hechos apenas si habrá conseguido contrabandear en el inmenso aparato del PJ bonaerense y gracias a los votos peronistas de siempre en ese distrito al heredero de la fortuna más que del poder presidencial. Muy lejos de los sueños iniciales del kirchnerismo, esos que llevaron a Néstor a planear la fundación de una nueva identidad política, superadora del pejotismo.

Es seguro que Daniel Scioli, hoy todavía en alguna medida dueño de esos votos del peronismo bonaerense, estará dispuesto a contribuir también con esta operación camuflage de los Kirchner. De allí que haya saltado indignado ante las investigaciones periodísticas sobre cuentas en el exterior y se haya dedicado a exaltar la figura de Máximo. Pero en este caso más que en ningún otro ello responde a un ajustado cálculo sobre las alternativas: para él es infinitamente mejor tener a Máximo que a Cristina en las listas, pues con aquel nadie osará siquiera insinuar que vaya a competir por la titularidad de los sufragios ni por la atención del público. ¿Y si tuviera que dejarse acompañar por los dos? Ni siquiera eso lo molestaría demasiado, tan convencido como está de que el versátil movimiento peronista, y los votantes a través suyo, pueden digerirlo todo.

por Marcos Novaro

Publicado en TN el 6/4/15

Posted in Política.