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Procesó la sucesión y consolidó su liderazgo

No es poco para una sola jornada. Lo hizo corriendo varios riesgos a la vez. El primero era, claro, que su candidato perdiera con Michetti. Pero además podía pasar que la interna abriera heridas difíciles de suturar, más para un partido nuevo en que las solidaridades no son muy firmes que digamos. O que ganara Larreta pero por poco margen y con demasiado esfuerzo de su jefe, con lo cual sería un candidato débil para enfrentar al resto de los contendientes. La migración de votos de Michetti a Lousteau podría volverse entonces un grave peligro (algunos sondeos adelantaban que a Larreta se le haría cuesta arriba ganarle al preferido de ECO).

Nada de esto pasó. El macrismo superó un trámite tan importante como difícil, que en nuestro país suele procesarse mal o directamente se evita: administró la sucesión. Y lo hizo con los instrumentos de la democracia. ¿Es comparable a lo que hizo el FPV porteño? Abrirse a la competencia cuando está en juego el recurso institucional más valioso de una fuerza no es lo mismo que hacerlo cuando ella trata de rasguñar unos cuantos votos más para no salir tercera. Y competir cuando los contendientes están parejos y el resultado es incierto tiene doble mérito, es muy distinto a hacerlo cuando el caballo del comisario no corre riesgo alguno, o peor todavía, el rito de simular pluralismo sirve para cazar indecisos o desprevenidos.

El chiste de respetar las reglas de juego es hacerlo cuando no sabemos si nos van a favorecer. Esto es algo que hemos desaprendido en los últimos doce años y que ya es tiempo de recuperar.

¿Qué usos dará Macri al impulso recibido de los porteños? Esto también es incierto. Más confiado, tal vez preste mayor atención a quienes desde la UCR, el peronismo disidente o sectores independientes le proponen formar ya una coalición amplia en que sostener una nueva mayoría nacional. Pero puede que vaya en dirección opuesta, a ratificar la idea de que, como es “lo nuevo”, puede y debe ganar solo. En cualquier caso consiguió una ventaja frente a Massa y Scioli. Al primero porque a su candidato Nielsen le fue pésimo. Grave no solo como señal de indiferencia de los porteños, sino de la falta de olfato del jefe del FR. Al segundo, porque si bien la cerrazón de Cristina lo salvó de correr una suerte similar con un candidato propio, lo ató tanto a un techo de votos demasiado bajo como a una imagen puerilmente camporista.

Macri no llegará a la Presidencia si no resuelve el intríngulis de la provincia de Scioli. Pero tampoco éste lo logrará sin resolver el desafío porteño, y de los sectores medios urbanos de otros lugares del país que se comportan parecido a los porteños. Que a Recalde no le fuera tan mal debe haber sido una mala noticia para La Plata a este respecto: condena a la ola naranja a someterse a una fórmula que desde el vamos la empequeñece.

Por Marcos Novaro

Publicado en La Nación, 27/4/15

Posted in Política.