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Massa ante la desbandada

Varios precandidatos presidenciales resignaron en los últimos tiempos sus aspiraciones. Primero lo hicieron quienes quedaron desacomodados por el acuerdo entre la UCR y el PRO, Binner y Cobos. Ahora le tocó el turno a varios oficialistas, por expresa indicación de la presidente, ante la evidencia que arrojaron las PASO porteñas: tener muchos precandidatos lejos de indicio de fortaleza y medio para atender públicos diferenciados puede ser fuente de confusión y desconfianza.

Tal como sucedió con la decisión de Cobos y Binner, que directa o indirectamente fortaleció una vía para resolver la dispersión opositora, puede que suceda algo parecido en el campo oficial. Aunque convengamos que quienes declinaron allí sus aspiraciones en estos días no cortaban ni pinchaban, ni en el seno del peronismo ni en las encuestas. Así que es probable que la noticia sólo de un poco de aire al afán kirchnerista por conservar la iniciativa y seguir mostrándose como el sol que ilumina la política argentina, el protagonista hegemónico no sólo de los tiempos que han pasado si no de los que están por venir. Es decir, unas pinceladas más al decorado de tan ilusorio ya patético con que se adorna una omnipotencia en retirada.

Es sí mucho más importante saber si finalmente se bajará o no quien hasta hace poco lideraba las encuestas, pero en poco tiempo consumió buena parte de ese enorme crédito público y ahora no sabe si encontrará o no algún piso en su caída.

Sergio Massa intentó el relanzamiento de su campaña para escaparle  a este brete apenas dos semanas atrás. Y en principio pareció que podía lograrlo, pero la ilusión se consumió en cuestión de horas. Enseguida del acuerdo con De la Sota y el acto en Vélez cobraron renovado brío las fugas de dirigentes y el internismo salvaje en su fuerza. Así que Massa está hoy bastante peor que antes de iniciar su contraofensiva: difícilmente pueda sacar otros conejos de la galera como para recuperar el terreno perdido, o para estirar los tiempos, y deberá decidir bien pronto si sigue compitiendo aunque no tenga chances de ganar, o intenta ir por la gobernación bonaerense, imitando a quienes de su tropa regresan al PJ, o a quienes buscan refugio en el macrismo.

Su acuerdo con De la Sota tal vez aun logre sostenerse, pero porque sólo le sirve a éste último. Ese pacto tiene un plazo de duración muy corto y objetivos muy específicos: lo aceptó el gobernador cordobés más que nada pensando en las elecciones de su distrito y en su necesidad de atraerse votos opositores para no quedar atrapado entre el kirchnerismo local y la alianza entre la UCR y el PRO encabezada por Oscar Aguad. De allí que le impusiera a Massa su condición, que especificaba un plazo de 40 días, transcurridos los cuales recién se concretaría, o no, una alianza electoral nacional.

El tigrense obtuvo a cambio de eso sólo algo de tiempo y aire para mantener con vida su sueño presidencial. Tiempo y aire que se evaporaron al unísono en cuanto de apagaron los reflectores de Vélez. Antes de que se terminaran de desconcentrar sus simpatizantes convocados ya sus coroneles estaban haciendo las valijas para su propia desconcentración: en lugar de reanimar su ansia de poder y afectio societatis, fruto de la misión cumplida de llenar el estadio, en el FR se desató una seguidilla de nuevas y más graves fugas y acusaciones cruzadas de traición que no parecen haber concluido. La partida de Giustozzi, Das Neves y Juanjo Álvarez, que respectivamente ostentaban los títulos de primer caballero de la liga de intendentes, primer aliado del interior y primer jefe de la campaña nacional del FR compusieron un réquiem ensordecedor. Junto al ya desde hace tiempo descontado portazo de Jesús Cariglino, mostraron que el corazón del poder massista, su otrora férrea implantación en el conurbano, quedó al borde del colapso. Y por tanto le resultará ya inalcanzable la meta de componer una coalición electoral sólida, que tenga alguna chance de ganar.

A ello se sumaron las reacciones destempladas del entorno del tigrense y la falta de respuesta al desafío del propio Massa, lo que terminó de desdibujarlo como líder.

Podría estimarse de todos modos que, con plazos tan cortos para un cambio de planes (entre el 10 y el 20 de junio se estarán cerrando las listas para las PASO de agosto), Massa se habría asegurado ya que ni sus acompañantes (el alejamiento de Cariglino en este sentido sería una ventaja), ni los medios independientes, ni los aportantes de campaña puedan forzarlo a resignarse. Lo que indicaría que aun sin chances él se ha blindado para sostener su rumbo. Pero también puede concluirse de ello, con una mirada más pragmática del asunto, que lo que se reservó para sí mismo fue la potestad de decidir en última instancia qué cargo disputará y con qué estrategia.

Visto desde esta última perspectiva cabe decir que tiene en el próximo mes cuatro alternativas a su disposición, y según cuál de ellas adopte, y con qué éxito, se modificará para un lado o para el otro el escenario de competencia. Y tal vez se defina el resultado de agosto, y el de octubre. Así que Massa puede haber dejado de ser un presidenciable con chances, pero no ha dejado de ser un jugador decisivo, dado lo compleja y pareja que es la competencia.

Someramente, puede insistir o no en su plan presidencial, y puede por otro lado reforzar o no su perfil opositor. Si insiste, pero con un perfil más peronista, perjudicará a Scioli al mantener dividido el voto de ese sector. Si en cambio insiste pero volviendo a una estrategia transversal y de más dura oposición, entonces puede más bien dividir el voto que disputa con Macri y perjudicarlo. Por otra parte, si decide renunciar a la carrera por la Presidencia puede hacerlo en dos variantes, con los peores efectos respectivamente para los dos presidenciables que siguen en carrera: si compite por la gobernación pero avalando la tesis de la reconciliación de la familia peronista entonces Scioli respirará aliviado y Macri estará en serios problemas; si en cambio se baja aliándose al PRO, será Scioli el que tendrá por delante más dificultades.

Lo cierto es que por más que Massa diga que en caso de bajarse la mayoría de sus votantes volverían al redil peronista, las encuestas indican que en principio la mayoría de ellos prefiere a la oposición, cualquiera sea. Pero cómo actúe él seguramente puede influir en esa disposición, siendo que la enorme mayoría no ve barreras infranqueables ni diferencias enormes entre los aspirantes, no tiene muy claro cuál es la mejor forma de dar continuidad o terminar con el kirchnerismo, ni con sus políticas más objetables. Así que Massa va a incidir. El asunto es que no tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo, ni puede dar por seguro que, en caso de equivocarse, todavía va a tener nuevas oportunidades para reintentarlo.

Es cierto además que esas opciones que aún tiene suponen riesgos muy distintos, y distintos grados de complejidad. Si insiste en competir por la Presidencia pero se queda solo puede terminar haciendo un verdadero papelón y desaparecer de la escena. En cambio ir por la gobernación bonaerense, donde por ahora no hay ningún candidato demasiado firme, es mucho más seguro. Y en caso de que vaya acompañado de un gesto implícito de reconciliación con Scioli, no requeriría ni siquiera de un mea culpa explícito o de un apretón de manos: el futuro nos encontrará unidos y dominando, así que cada quien puede hacerse el distraído tanto con los intereses de los que queden fuera de juego como con las mil acusaciones que se han lanzado.  Un acuerdo con Macri sería bastante más complicado, pero pensando en una futura pelea por el liderazgo peronista, tal vez más tentador.

Es difícil anticipar cuál será su decisión pero lo que sí cabe adelantar es que tratará de dilatarla lo más posible y actuar por sorpresa, algo que en el pasado siempre le rindió. Por de pronto, ya sin la presión de ser el líder de las encuestas, lo más probable es que siga tratando de representar el escepticismo que a muchos genera la disyuntiva entre Scioli y Macri: diciendo, mal y pronto, “Scioli no te puede proteger y Macri seguro te va a jorobar”. Si eso en cierta medida detiene la hemorragia de adhesiones le alcanzará para atravesar el próximo mes. Después se verá.

Por Marcos Novaro

Publicado en Perfil el 17/5/15

Posted in Política.


One Response

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  1. Emilio Gaviria says

    Reflexionando sobre el peronismo y sus múltiples variantes de “ismos” utilizando casi todo el espectro de mutaciones ideológicas, se establece una contradicción patente producto de dos opuestos: la lealtad sostenida a través del tiempo unida a las sucesivas traiciones, con la resultante superadora de retener poder desde 1946, con oposiciones efímeras.