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¿Qué es el kirchnerismo?

por Vicente Palermo

Para quienes nos oponemos a él comprenderlo es esencial. Por descargo de conciencia seré prolijo, formularé primero preguntas cuya respuesta es, para mí, demasiado obvia. ¿Es conveniente equiparar el kirchnerismo con el fascismo como lo hacen algunos? Esta comparación confunde mucho más que aclara. El fascismo es un fenómeno político totalitario, con bien ganadas credenciales. El movimiento italiano tuvo tempranamente la compulsión de lograr, a través de la implantación de un régimen a su imagen y semejanza, la absorción total de la sociedad por parte del estado – in extremis, los totalitarismos han apuntado a la cancelación del hecho social como una realidad autónoma del estado y la política. Los fascismos históricamente existentes alcanzan estas cúspides siniestras con mayor o menor éxito, pero todos lo intentan. Si viviéramos bajo un régimen fascista, no solamente este diario no podría existir, sino que cualquiera de sus lectores debería tener miedo de que sus hijos, regimentados en las juventudes “…istas” o “…anas”, los denunciaran, o ellos a su vez fueran denunciados en sus colegios por tener padres enemigos del régimen. El otro rasgo central es la movilización. El fascismo imprime un movimiento brutal a la sociedad, la politiza en una suerte de incandescencia revolucionaria, creando un monstruo que lo devora todo, luego de unificarlo todo.

Nada más lejos del kirchnerismo que este tipo de movilización. La esfera social continúa, afortunadamente, separada del estado y la política no la domina. El kirchnerismo no ha pretendido llegar tan lejos; no procura instaurar un estado policíaco, ni una ideología, ni se interesa por el mundo privado.

¿El kirchnerismo es, entonces, un autoritarismo? En este punto se confunden las cosas. Porque se considera indistintamente movimiento político, gobierno y régimen. Como movimiento político, sin duda el kirchnerismo es fuertemente autoritario. El gobierno kirchnerista, por su vez, ha puesto en práctica sus pulsiones autoritarias, pero está lejos de asumir plenamente este rasgo autoritario. Y no por falta de vocación, sino porque se ha topado con unas barreras limitantes, institucionales tanto como sociales, que no ha querido o no ha podido transponer.

Días atrás CFK fue clarísima: sólo la voluntad popular puede poner límites al gobierno, y lo contrario es inconstitucional. Este tremendo disparate es en verdad una queja. No nos dejan gobernar todo lo autoritariamente que querríamos. En algún caso relevante, no está claro si se trató de no poder o de no querer. ¿Podemos pensar que el kirchnerismo no anhelaba habilitar una tercera elección para CFK? CFK en la Presidencia es la piedra de toque del arco político kirchnerista, y su salida pone todo en riesgo. Sin embargo, tuvieron el realismo suficiente como para limitarse: se abstuvieron de intentar forzar las reglas, y sobre todo de activar el fuego de la polarización en base a la “proscripción” de la presidenta.

Y por las mismas razones resulta imposible hablar, a mi juicio, de un régimen autoritario. El impulso autoritario del kirchnerismo no ha podido plasmar al régimen político argentino a su imagen y semejanza. No se trata sólo de que hay elecciones y en ellas el gobierno no controla el acceso al poder político. Se trata sobre todo de que instituciones que hacen a la factura republicana del régimen político funcionan, por más que los kirchneristas hayan querido atropellarlas reiteradamente. Los kirchneristas, que accedieron democráticamente, no ejercen el gobierno de modo plenamente democrático, pero este ejercicio, si bien tiene un impacto profundamente negativo, no alcanza para alterar la naturaleza del régimen.

Pero podemos calificar el régimen democrático tras casi 12 años de gestión kirchnerista como un caso particularmente virulento de democracia delegativa, según el término acuñado por nuestro recordado Guillermo O’Donnell: los kirchneristas han conseguido ir insólitamente lejos en el camino de un gobierno sin responsabilidad y para hacerlo no han vacilado ni siquiera en destruir instituciones (como el Indec). Y un régimen democrático delegativo no es un autoritarismo.

Entonces, ¿qué es el kirchnerismo? Como fuerza política, como voluntad de poder, se pueden identificar cinco puntos necesarios y suficientes:

  1. Nosotros gobernamos, lo cual es bueno; pero gobernar indefinidamente es óptimo. Si no lo hacemos no es por falta de voluntad, sino porque consiguen impedírnoslo. Pero nosotros no somos el zorro frente a las uvas.
  2. Los sectores populares son nuestra masa de maniobra y sustentación principal, y saber administrarlos, esto es, presidir una perpetuación controlada de su pobreza y su dependencia, aprovechando hábilmente además la fisura entre integrados y excluidos, es el mayor arte de gobierno.
  3. La corrupción no es, como creen los cándidos, un mal necesario de la política; la política ES corrupción, no sólo porque se trata de nuestros premios indispensables, sino porque, y sobre todo,  es el camino mas adecuado para doblegar voluntades y debilitar actores de todo tipo, hacer alianzas, etc. La lucha política contra la corrupción es una contradicción en términos.
  4. Gobernar es tener las manos enteramente libres. Los controles, tanto institucionales como provenientes de la sociedad, son obstáculos exasperantes, que merecen toda nuestra hostilidad. El poder, que “proviene de la voluntad popular”, no se divide. La norma es, por tanto, la desigualdad ante la ley.
  5. El estado es, básicamente, patrimonio de quien gobierna.

Estas son, a mi juicio, las líneas maestras que definen al kirchnerismo como voluntad de poder. Pero la sociedad y la política han conseguido erigir límites. Gracias a eso, así como a  la resiliencia institucional – democrática,  el kirchnerismo no se consolida como régimen autoritario, por mucho que lo quiera. Pero prevenirse es crucial; una democracia que se duerme en el lecho de su legitimidad está condenada a sufrir, como lo está haciendo la nuestra, si no más. Y estamos ante una experiencia que pone a prueba el régimen democrático.

Publicado en Perfil el 7/6/15

Posted in Política.


4 Responses

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  1. Marcos Novaro says

    Estimado Vicente, ante todo tu artículo me parece excelente, además de oportuno: entender al kirchnerismo ahora que parece finalmente nos va a dejar, o con algo de suerte puede que nos deje, es más importante que nunca, porque si no será más difícil que efectivamente lo dejemos atrás, y que podamos hacer algo distinto y mejor de aquí en más.
    Ahora que me parece contiene una ambigüedad problemática que no terminás de resolver: si quiso ser más autoritario de lo que fue, y tal vez también un poquín más totalitario, y no pudo porque la sociedad y las instituciones no lo dejaron, o en verdad no se decidió a ir a fondo, histeriqueó con chavizarse pero retrocedió cuando tuvo la oportunidad de apostar fuerte por ese camino.
    No te reprocho la ambigüedad porque yo la comparto: algunos datos y episodios hacen pensar lo primero, otros lo segundo. Pero me parece que sería bueno plantear más claramente la pregunta y en qué medida esa pregunta sirve para pensar qué fue y también cómo sigue esta historia.
    Antes que nada diría que casi todos los populismos son ambiguos y van hasta donde pueden en su pretensión de perpetuarse. Así que por ese lado habría motivos para destacar el argumento de que quisieron pero no pudieron, lo que sirve para dos cosas importantes que vos planteás pero yo remarcaría: que la sociedad y las instituciones tienen su mérito; y que ahora usan el argumento de que llegaron hasta donde quisieron, no pretendían ir más allá, pero no hay que creerles un pito. Esto último es muy importante para destacar en la discusión sobre cómo sigue esta historia y si el kirchnerismo puede o tiene chances de sobrevivir: es extraordinaria la velocidad con que muchos k pasan de afirmar que nunca aceptarían a un derechista como Scioli a la de que Scioli es el mejor instrumento del mundo para dar continuidad al proyecto. Ya lo hicieron con la reforma constitucional: pasaron de gritarla a lo cuatro vientos a negar que hubieran querido hacerla.
    Dicho esto, ¿no te parece que como todo proyecto autoritario siempre llega hasta donde puede, y lo demás lo hace el contexto? ¿No fue así con Perón y no es acaso así en el caso de Chávez?

  2. Emilio Gaviria says

    Se verifica el desarrollo expuesto porque nosotros somos habitantes sujetos a los poderes de turno, que no hemos alcanzado la ciudadanía responsable y un nivel de vida satisfactorio generalizado para todos. País fuera de la ley, gobernantes y gobernados, con anomia boba como afirmó el eminente jurisconsulto nativo. República con tendencia monárquica en democracia condicionada. La voluntad de poder (vermögen de Nietzsche, en su doble interpretación equivale a dominio y dinero), le agrego impunidad. Un “ismo” más en la historia. Todos los medios son justificados para alcanzar al propósito.

  3. Vicente Palermo says

    y, la verdad, estimado dr. Novaro, yo no me siento en condiciones de salir de esa ambigüedad, diría que, en efecto todo proyecto autoritario siempre llega hasta donde puede y muchas veces, y catastróficamente para él, más lejos aún. Creo que el caso del peronismo histórico es un ejemplo elocuente al respecto. Chávez ni hablar. La verdad es que, colocando en perspectiva a nuestros amigos kirchneristas, se podría llegar a la asombrosa conclusión de que son más medidos, menos bestias, de lo que podría suponerse considerando apenas a los más indomesticables, tipo Aníbal, Conti o los camporistas. Yo sé que usted escribió un libro sobre el tema, pero no lo tengo a mano, así que me las arreglo con mi memoria: no hubo acaso momentos en que se abstuvieron de “ir por todo” o tuvieron reflejos rápidos al entender que la situación les era adversa? Se me ocurren tres ejemplos: la 125, se bancaron lo que en realidad fue un empate y la traición del vicepresidente. Me atrevo a decir que esta traición los alivió: el país estaba al borde de incendiarse, se dieron cuenta que habían calculado muy mal. La reforma constitucional. En esto no fueron por todo. Calcularon bien y se abstuvieron. Punto para ellos. El tercer ejemplo que se me ocurre es consecuencia del segundo y es, nada menos, que el de la sucesión. La están llevando muy bien; pretenden un sistema dual, me parece, que NO creo que tenga nada que ver con “Scioli al gobierno, Cristina al poder”. Más bien, se trata de instaurar un liderazgo que garantice la continuidad sin poner todos los huevos en la canasta sciolista. Por lo tanto en esto me parece que no se puede decir que vayan por todo. Si se trata de un populismo que garantiza la sucesión presidencial ordenad, y a la vez atiende a la cuestión del liderazgo de esa forma, no lo está haciendo tan mal. Mejor no sigo porque voy a terminar votando a Scioli. Son insufribles.

    • Marcos Novaro says

      Estimado Tito, de los tres casos que ofrecés para ilustrar la moderación kirchnerista el primero de la 125 me convence un poco menos que el segundo, donde creo que tenés plena razón. En cuanto al tercero, la sucesión del liderazgo a través de Scioli, está por verse, no? Depende principalmente de que Scioli gane, claro, y también de que lo dejen y él logre armar un gobierno mínimamente viable. Nada garantiza que no tengamos en poco tiempo una crisis furibunda y su gestión termine abruptamente.
      La tesis de la sucesión e institucionalización del régimen peronista creo la expuso hace unas semanas Fidanza en La Nación. Con bastante más alegría de la que a vos te inspira, o a mí, porque me suena a unicato roquista sin modernización, una berretada bastante inconducente, pero en cualquier caso comparto que es una salida posible para el país. Como las que a nosotros nos simpatizan nunca se han dado, o no han funcionado, no hay que descartar que dentro de un tiempo nos encontremos rezando para que ella funcione. Al grito de “¡Vamos por el peor es nada!”. Abrazo