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¿Cómo contar los votos?

Ya se sabía que cada partido y coalición iba a tratar de contar los votos de las PASO a su manera, para presentarlos en público como más les convenía. Pero dado que no hubo mayor sorpresa ni desequilibrios decisivos en los resultados el énfasis puesto en generar efectos favorables a través de su comunicación terminó siendo aún más intenso de lo esperado.

El oficialismo apuntó a contabilizar individualmente los de presidente, para resaltar la diferencia que Scioli le sacó a Macri y Massa. Pero prefirió sumar los de sus dos listas bonaerenses. No fuera a darse la impresión de que podría perder esa gobernación a manos de Vidal o de Solá si a los votantes de Julián Domínguez les resultara demasiado tragarse el sapo de Aníbal y Sabbatella. Mientras a Cambiemos las cuentas le sonreían haciendo la alquimia opuesta, y Massa mostraba que sumando a los suyos los votos de De la Sota no estaba tan lejos del resultado individual del jefe del PRO, para poder decir que no hubo polarización ni tenía por qué haberla en octubre.

Esto de la polarización involucra otras cuentas y estimaciones todavía más arriesgadas, y que al final pueden ser decisivas: ¿quién tiene más chances de crecer de aquí en más, y a costa de quiénes puede lograrlo?

Si se suman todos los votos oficialistas y opositores podría decirse que el FPV está un poco mejor que en 2013 pero bastante peor que en 2011 o 2007 y cerca del piso de las votaciones históricas del peronismo. Pese a todo el esfuerzo de campaña, al abrazo entre Cristina y Scioli y la ingeniería cambiaria para disimular que el modelo se derrumba, más del 60% de los votantes escogieron listas opositoras. Y en algunos distritos centrales, prácticamente en todos los lugares donde la producción es más importante que el consumo de gasto público, la relación fue 70-30.

Pero sucede que entre esos opositores están los disidentes peronistas, que no se sabe qué harían si se los forzara a elegir entre Scioli y Macri. Finalmente, al primero le alcanza con subir un par de puntos y que Cambiemos no crezca nada, o crecer siete y que el resto de los votos sigan en alguna medida dispersos. Y no parece remota la posibilidad de conseguir cualquiera de las dos cosas: los votantes de De la Sota, Rodríguez Saá e incluso parte de los de Massa serán por ello su objetivo privilegiado a partir de ahora.

Desde la oposición, sin embargo, se puede hacer un cálculo distinto: los votantes opositores tienen ahora un aliciente bien definido para concentrarse en quien retiene alguna chance de derrotar al FPV; en cambio los peronistas disidentes que basculan en definirse como oficialistas u opositores podrían estar más inclinados a seguir donde están, tendrían igual oportunidad de volcar el resultado hacía un lado o el otro en octubre que en noviembre. Así, a Macri le sería bastante más sencillo crecer, para acercarse a Scioli, que a éste perforar el techo al que ha llegado.

Como sea, la elección sigue abierta, y en lo que viene influirán tanto las campañas como los procesos políticos y económicos concretos. Aspectos sobre los que también cabe hacer cuentas y apreciaciones distintas.

Si se consideran las campañas hay que decir que la oficialista, tanto en su diseño como en su ejecución, fue casi perfecta y le permitió llegar al techo del que hablábamos recién. Por lo que no necesita grandes modificaciones, más que agregar algunas dosis de moderación y cambio, que ya en los últimos días Scioli adelantó, y machacar con el “ya ganamos”, resaltando el hecho de que el FPV sigue siendo la primera minoría y eso le alcanza para conservar el derecho a gobernar.

Las campañas opositoras distaron de ser tan eficaces. Pero además de dos meses para correcciones tienen ahora de su lado el tiempo de los procesos políticos y económicos, que juega en contra del gobierno: desatada la dolarización de activos, en parte por la previsión de que la bicicleta financiera que la venía conteniendo está cada vez más cerca de desarmarse a medida que se consume el cronograma electoral, y fracasado el intento de disciplinar del todo a la justicia y dejar fuera de la agenda los desmanes institucionales y la corrupción, a los opositores tal vez no les hagan falta más estrategas de marketing sino la pizca de audacia para explicar cómo salir del marasmo de estancamiento y precariedad democrática en que nos encontramos.

por Marcos Novaro

publicado en Clarín el 12/8/15

Posted in Política.