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El giro de Scioli, ¿conduce al Tucumán de Alperovich y Rojkés?

Entre los muchos dolores de cabeza que le ha traído el jardín de la República al comando de campaña oficialista hay uno de valor estratégico que merece ser considerado con detenimiento: el escándalo tucumano refuta la idea de que el “estilo Scioli” es claramente mejor que el kirchnerista complicándole su apuesta para seducir a los moderados, e incluso su confianza en retener sin esfuerzo los votos “propios”.

Scioli planeaba luego de las PASO operar un giro hacia el peronismo. Que hiciera olvidar los gestos de sumisión a Cristina repetidos hasta el hartazgo durante la primera mitad del año, y lo mostrara al fin como jefe de algo, líder de su propio séquito, y no como un eterno vicario y comparsa del show de otros. Que al mismo tiempo le permitiera polarizar la elección entre peronismo y antiperonismo, como le sugieren sus encuestadores debía hacer para atraerse a una parte importante del voto de UNA, con o sin la colaboración de los peronistas disidentes que la conducen. Y que además debería servirle para destacar ante la sociedad y los empresarios la enorme diferencia de recursos que existiría entre un gobierno respaldado en una familia peronista unida, o casi, como sería el suyo, y el que en el mejor de los casos podría organizar Macri, si es que llegara a ganar.

Este giro pensaba Scioli iniciarlo, precisamente, el 23 de agosto en Tucumán. Para dejar atrás cuanto antes, de paso, los disgustos sufridos tras las PASO, inundaciones, viaje a Italia, insólita tasación de La Ñata y dólar blue por los techos mediante. Pero la operación chocó de cabeza contra el escándalo de fraude y represión desatado ese domingo, en unas elecciones que se previó equivocadamente ganar caminando.

Encima Scioli, ya aturdido por los problemas que venía arrastrando, tardó en reaccionar, y cuando lo hizo fue en gran medida para empeorar las cosas.

Ansioso como estaba de volver a sonreír, mostrarse ganador y emprender de una vez el largamente esperado despliegue pleno de su personalidad, quedó personalmente implicado en un ir y venir de maquinaciones y dislates de la Junta Electoral Provincial, que el oficialismo local domina como si fuera su servicio doméstico; de la policía tucumana, no por nada una de las de peor reputación del país, tanto cuando obedece como cuando no obedece a sus jefes; y de los medios adictos, que son casi todos los que “informan” a los tucumanos y prefirieron silenciar las denuncias, luego ignoraron la multitud de indignados reunida en la plaza central de San Miguel, y para coronar su patética genuflexión presentaron la represión como una razonable reacción de los uniformados ante supuestos desmanes provocados por supuestamente violentos manifestantes.

Scioli acompañó todo esto con burlas a Macri por no reconocer su derrota, imitando al Topo Gigio de Riquelme, y encima insistió con su plan original como si nada hubiera pasado para alterarlo: no tuvo mejor idea que proclamar días después en Buenos Aires, mientras las movilizaciones tucumanas continuaban y los detalles del fraude y la represión agravaban el escándalo, que la mejor garantía que él puede ofrecer a la sociedad es estar rodeado por el aparato peronista, que de su mano proveerá el buen gobierno que el país necesita para conquistar el desarrollo.

Seguramente hay mucha gente que está algo cansada de Cristina y los suyos, y que de todos modos pensaba o podía pensar en votar a Scioli. Pero deben ser personas que tampoco están super encantadas con el peronismo tradicional y sus mañas. Si lo que Scioli tiene para ofrecer de nuevo, su “estilo”, lo emparenta a Alperovich, Rojkés y Manzur, es dudoso que su candidatura vaya a ser muy atractiva para esos votantes. Y tampoco asegura ahora conservar el apoyo de quienes valoran más el “legado k” y celebran que en él al menos no abunden el fraude, la quema de urnas ni la represión policial.

El “giro” sciolista quedó así comprometido. Si no se sigue equivocando lo más probable es que el ex motonauta lo postergue. Porque la tarea más urgente que tiene que emprender es hacer control de daños y volver a atraer a votantes que lo acompañaron en las PASO, pero está en riesgo de perder para octubre.

El argumento peronista de Scioli no deja de tener de todos modos su atractivo, así que seguramente intentará reflotarlo en cuanto tenga oportunidad. Él les sugiere a los ciudadanos más o menos lo siguiente: “probamos ya con el peronismo pro mercado y de derecha de Menem, y con el peronismo estatista de izquierda de los Kirchner, ninguno funcionó demasiado bien, probemos ahora mi peronismo peronista de centro, que puede ofrecer algunas de las ventajas de los otros dos sin sus respectivos excesos y defectos”. No será la fórmula mágica del entusiasmo, pero algo de sentido tiene, y lo fundamental es que tal vez no haya muchas ideas disponibles más seductoras.

Como sea, pisos y techos se seguirán moviendo en las próximas semanas, según cómo se comporte no sólo esta disputa argumental, sino otras cuantas variables inciertas. Porque la elección está abierta, y además de las campañas influyen en ella complejos y mutables procesos políticos y económicos. Y no es que no haya diferencias entre los candidatos, o ellas sean sólo detalles o matices: las diferencias se van desplegando a medida que nos acercamos a la elección y las campañas, más estos complejos acontecimientos, las iluminan.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 31/8/15

Posted in Política.


One Response

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  1. Agustin Colonna says

    el peronismo de centro ,cual seria : 5×1, alambre de fardo, isabelita y lpez rega, las 20 verdades peronistas, la marchita, la isla huemul, etc,etc
    me parece que hay que resignarse a la idea que los resultados de cualquier peronismos han sido y van a seguir siendo malos.simplemente porque el populismo es inviable.
    el principal problema es que no han surgido alternativas que respeten las instituciones que atraigan al electorado.el cual por ahora prefiere futbol para todos,el choripan, y el lcd antes que a la racionalidad economica y politica.saludos