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Dos frenos a la polarización

El más repetido de los pronósticos de las elecciones 2015 sugería un efecto de polarización después de las PASO que engrosaría el caudal de votos de Scioli y Macri. Los votantes de UNA, inducidos por el relegado tercer lugar que dejaron las PASO a De la Sota y Massa se verían inducidos a cambiar su voto para aumentar su influencia en la elección del próximo presidente, convirtiendo la primera vuelta del próximo 30 de octubre en un ballotage anticipado. Una primera minoría convierte a Scioli en presidente -el 45% de los votos o más de 40% y 10 puntos de diferencia sobre el segundo- de modo que invita a hacer un voto estratégico. Para el votante de UNA significa modificar estratégicamente su primera preferencia por una “segunda mejor” opción entre Scioli o Macri. Si el resultado de las PASO alienta la polarización con ello aumentan las chances de Scioli de convertirse en presidente electo en octubre. El desempeño electoral de Duhalde en las elecciones de 2011 – cayó de 12% a 5% entre las PASO y la 1ra vuelta- es agua para el molino de esta interpretación.

Sin embargo, los sondeos de opinión reflejan que Massa pierde muy pocos votos, muchos menos de los que presagiaban las hipótesis del comportamiento estratégico: mantiene la adhesión de quienes lo votaron en las PASO y de una buena parte de los que prefirieron a De la Sota. Macri hasta ahora sólo ha conseguido aglutinar el voto de Cambiemos. Y Scioli suma muy poco y no logra perforar el techo del 40% de las primarias.

Hay dos posibles causas que detienen la polarización. Una explicación surge de un freno a la polarización desde arriba, es decir del fracaso de los candidatos que lideraron las PASO para convencer votantes más allá de sus límites coalicionales. Scioli no consigue seducir votantes anti-kirchneristas y Macri no ha logrado penetrar territorios peronistas. El auge durante las últimas semanas de la campaña sucia es ilustrativo de que los asesores de campaña encuentran más efectivo destinar recursos para reducir el caudal de votos del rival que hacerlo para convencer potenciales votantes. Si Scioli aspiraba a sumar a los peronistas que se inclinaron por De la Sota necesitaba mostrarse como el candidato de la familia peronista reunificada, y así superar el antagonismo kirchnerismo-antikirchnerismo. Pero al sobreactuar su identificación con el gobierno para poder gobernar su provincia, capitalizar los votos kirchneristas y los que dependen de la enorme influencia territorial del oficialismo, Scioli se alejó de los votantes de UNA que en abrumadora mayoría tienen una imagen negativa de Cristina Kirchner (74%). Scioli, además, no ha conseguido colocarse en el centro de la escena electoral como el candidato que liderará el gobierno, y sigue relegado a un segundo plano por la actual presidente, voz privilegiada del oficialismo. En un ballotage, la mitad de los votantes de Massa preferirían a Macri antes que a Scioli, quien sólo recibe un 14%.

La resistencia de Macri a incluir una parte del peronismo en su coalición electoral le ha impedido llegar a sectores sociales de bajos recursos – especialmente en el Norte del país- y capitalizar el antikirchnerismo en la mayoría de los votantes de UNA, que mantienen su preferencia por Massa en primera vuelta aún a riesgo de perder la instancia del ballotage. Las limitaciones de Scioli y Macri para conquistar nuevos votantes permiten a Massa continuar capitalizando la intersección de votantes peronistas no kirchneristas.

Pero, ¿por qué Scioli no logra tampoco sumar a los votantes que son neutrales respecto del kirchnerismo (27%)? ¿Por qué Macri no consigue convencer ni un poco a los muchísimos votantes antikirchneristas de UNA? El segundo freno a la polarización es desde abajo, y la activan quienes aspiran a conquistar desde niveles subnacionales un lugar institucional legislativo o ejecutivo en las listas de UNA. Los candidatos a intendente, a bancas en legislaturas locales y nacionales son dominantes en una cantidad relevante de territorios y en la primera vuelta se juegan su poder institucional en los próximos cuatro años. La intensidad de los incentivos a la movilización de votantes de los candidatos locales permiten a Massa mantener los bastiones del norte del Gran Buenos Aires, Salta, retener buena parte del voto a De la Sota en Córdoba, y hacerse fuerte en pequeños pueblos con menos de 100 mil habitantes. Estos incentivos desaparecerán en un eventual ballotage pero pueden ser decisivos en la primera vuelta para moderar las tendencias a la polarización.

¿Quiere decir esto que Massa retendrá todos los votantes de UNA y que Macri y Scioli están condenados por sus limitaciones a crecer muy poco en la primera vuelta? El punto vulnerable del argumento de los límites de la polarización es una porción no menor de los votantes de De la Sota, que dicen preferir a Scioli y Macri antes que a Massa. Allí se librará una lucha entre los candidatos presidenciales que buscarán imponer la polarización desde arriba y los candidatos locales de UNA que procurarán frenarla desde abajo.

Publicado en la revista “El Estadista”

Posted in Elecciones 2015.

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One Response

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  1. Emilio Gaviria says

    Por mi ignorancia sólo puedo leer el impecable análisis realizado, sin abrir juicio. Pero, como habitante muy viejo, tengo opinión sobre la permanencia en el poder de los que están, debido a su manejo del dinero “alquilando voluntades”, dividiendo en todos los niveles, y a la ineptitud crónica de quienes se le oponen.