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Candidatos débiles y contextos poderosos

por Nicolás Cherny

Sergio Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli compiten por la presidencia porque su imagen en los sondeos de opinión los convirtieron en candidatos presidenciables. Fueron consagrados candidatos de frentes políticos que aglutinan a organizaciones partidarias con poder territorial porque su nivel de popularidad los impulsó a convertirse en líderes de esas opciones electorales. Massa construyó alrededor de su figura un frente de peronistas opositores al gobierno con un poder nada desdeñable en el interior del país. Cambiemos es ilustrativo del poder que fue reuniendo la figura de Macri para armar una coalición electoral con el apoyo orgánico de la UCR y la Coalición Cívica. Las ideas de política de Scioli siempre estuvieron en la antípodas del kirchnerismo pero su popularidad forzó a Cristina Kirchner a ungirlo candidato oficialista sin competencia en las PASO.

¿Puede explicarnos la evolución de la imagen de los candidatos las chances que tienen de ganar el 24 de octubre? En parte si. Pero estos candidatos que durante los últimos meses y años movieron el amperímetro como presidenciables se estancaron, sin embargo, en el momento que la historia les demandaba poner en acto sus habilidades de liderazgo político. Massa se acordó tarde que sólo con su imagen no alcanza e hizo más visible durante las últimas semanas los componentes de gobernabilidad de su coalición: De la Sota y Lavagna. Al sobreestimar su capacidad para atraer peronistas no kirchneristas, Macri más que elegir una forma de ganar la elección parece haber seleccionado una manera muy eficaz de ampliar sus chances de perderla. Puede que el PRO logre mantener pura su identidad como partido nuevo pero muy probablemente perderá su oportunidad histórica de colocar un presidente. Scioli, quien ha buscado presentarse ante la sociedad como el hombre cuyo coraje y hambre de victoria lo conduce a enfrentarse con los oleajes tormentosos y peligrosos que se presenten, se ha dedicado a surfear las aguas calmas que el gobierno de Cristina le ha preparado para las semanas previas a una elección decisiva. La buena imagen le alcanzó a Scioli para competir dentro del FPV pero no para armar un frente electoral independiente del kirchnerismo.

Si estamos ante candidatos con dificultades para imponer una agenda electoral que los favorezca o siquiera que sean capaces de aprovechar las debilidades de sus competidores, entonces la respuesta a por qué alguno tiene más chances de convertirse en presidente deba buscarse en la influencia que operan las circunstancias sobre las oportunidades de los candidatos a la presidencia. Propongo cuatro circunstancias o coyunturas que favorecieron en los últimos años de diferente manera a los cuatro candidatos que tuvieron mayor resonancia en la opinión pública: Scioli, Macri, Massa y Randazzo (o cualquier otro heredero preferido por el gobierno). Estas cuatro coyunturas surgen de cruzar dos variables: 1) la orientación del gobierno: hacia una radicalización o moderación de sus políticas y 2) la marcha de la economía (mejor o peor).

Heredero K 2012. El gobierno de Cristina propuso al inicio de su segundo mandato una conducción económica radicalizada -liderada por Axel Kicillof- que pretendía consagrar la idea de que podía utilizarse la política monetaria para maximizar el crecimiento y desligarlo de la inflación, a través de un férreo control de precios que evitara una aceleración de precios. Dicha estrategia indujo resultados económicos negativos: estancamiento del PBI, salida de reservas internacionales y aumento de la inflación. El gobierno se vio forzado a instituir controles cambiarios para ralentizar la salida de reservas y controlar el precio del dólar. Las circunstancias que favorecían las chances de que un candidato kirchnerista puro se volviera competitivo se disolvieron rápidamente. De modo que ninguno de los candidatos kirchneristas puros que fue ensayando el gobierno logró el favor de la opinión pública.

cuadro CD y CP

Massa 2013. Las circunstancias que favorecieron el climax de Massa con la opinión pública fueron las elecciones de 2013. La estrategia de radicalización de la política económica había generado pobres resultados económicos. La economía ya no crecía, el cepo cambiario había llegado para quedarse y se había instalado la idea de que la caída de reservas internacionales podría acabar en una crisis antes del final del mandato. Una coyuntura de turbulencias económicas y crisis aumentaba las chances de un político capaz de ofrecer gobernabilidad (peronista), crítico con el gobierno y que pudiera presentarse como un nuevo modelo de gestión más transparente.

Macri 2014. Un año atrás el contexto mostraba un gobierno que había arriado las banderas de la radicalización y se aferraba a la estrategia defensiva de controlar el tipo de cambio e inducir una sobrevaluación con tal de evitar que se les escapase la inflación. La pelea con Griesa y los holdouts resultó útil para esconder en parte los pobres resultados económicos que venía cosechando. La combinación de moderación política y estancamiento económico favoreció la candidatura de Macri. La moderación espantaba los fantasmas de una crisis ingobernable y, por tanto, volvía aceptable para la sociedad un presidente no peronista que podía mostrar como contraste del fracaso económico del gobierno un modelo de gestión ordenado y exitoso en la Ciudad de Buenos Aires. Sólo un empeoramiento repentino de la situación económica en las próximas semanas podría aumentar las chances de Macri.

Scioli 2015. Una vez que la opción por la moderación se convirtió en parte de su instinto de supervivencia política, lo único que necesitaba el gobierno de Cristina para crear un contexto que le permitiera influir sobre la elección presidencial era mejorar la performance económica. El swap de reservas con el gobierno chino consiguió despejar por un tiempo la incertidumbre y mostrar que podría sostener la estabilidad macroeconómica hasta el final de su mandato. Para maximizar su influencia el gobierno ya no busca tanto que la opinión pública sintonice con sus ideas sino aumentar la capacidad de consumo de potenciales votantes aún a riesgo de acumular debilidades macroeconómicas para el futuro. Aunque no consiguió volver a hacer crecer la economía la combinación de populismo cambiario y emisión monetaria logró estimular el consumo de la población, que se mantuvo a lo largo de 2015 en un nivel lo suficientemente alto como para lograr un nivel razonable de aprobación de la gestión y un caudal electoral competitivo. La fórmula Scioli-Zannini refleja la suma de la imagen moderada de Scioli y la circunstancias que el gobierno generó en 2015 para que Scioli las pueda aprovechar. La división del voto opositor hace el resto.

Publicado en El Estadista nro. 131. 

 

Posted in Elecciones 2015.

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