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El fin del Kirchnerismo

Scioli puso tantas expectativas en liquidar el asunto este domingo, que el fracaso en conseguirlo se volvió mucho más importante que el primer lugar que obtuvo, y se cargará en su contra como muestra de debilidad del oficialismo en general, de su proyecto de “cuidar lo que tenemos” en particular y también de su desempeño como candidato.
Para peor, apenas logró crecer en votos absolutos respecto a las PASO, pese a la enorme inversión de campaña y de poder estatal, y perdió puntos porcentuales por la mayor afluencia de votantes. Lo que revela que el techo del voto oficialista existe y es bastante rígido.
Al respecto la trepada final de Macri, que le permitió crecer holgadamente por arriba de los 30 puntos, anticipa un panorama complicado para el oficialismo en noviembre. Y prueba que la desesperación de Scioli por cerrar la cuestión cuanto antes era justificada: si no ganó ayer es probable que ya no lo logre.
Encima será para él difícil evitar en las cuatro semanas que restan para la segunda vuelta que las tensiones apenas contenidas hasta aquí se extremen con la frustración. Seguramente desde hoy se alimentan entre sí los reproches cruzados.
Muchos peronistas creen que Cristina hizo mal en no ceder protagonismo durante la campaña, con sus permanentes cadenas nacionales. Y más todavía le reprochan que impusiera las candidaturas de Aníbal Fernández, Axel Kicillof y Carlos Zannini.
En tanto los kirchneristas de paladar negro están preguntándose: ¿para qué fuimos con Scioli si no nos garantizaba la victoria? La perspectiva de perder, habiendo resignado la posibilidad de al menos hacerlo detrás de un candidato propio, se parecerá al peor de los mundos para los K.
Para eludir ese escenario puede que busquen que Cristina tenga un rol aún más protagónico en la campaña que viene, y terminen de ponerle así los clavos al ataúd de Scioli: demostrarían haciéndolo que, aunque el oficialismo se haya vuelto minoría, es al menos una propia y disciplinada, no una que vaya a ser diluida y reabsorbida por el peronismo tradicional. Un consuelo tentador para ir detrás de la ilusión del regreso.
Macri en tanto, haciendo una elección bastante mejor que en las PASO y en algunos distritos espectacular, tiene varios motivos para festejar. La campaña para la segunda vuelta será una puramente personalizada: es él contra Scioli, no contra todo el peronismo territorial ni todo el aparato del estado. Muchos legisladores, intendentes y gobernadores tendrán poco incentivo para jugarse por su adversario.
Como challenger Macri tendrá ahora a la mano apoyos de otros sectores de oposición, que han quedado fuera de competencia. A los que tal vez subestimó exageradamente hasta aquí, pero ahora puede repararlos ofreciéndoles espacios importantes en el gabinete, que por algo no se apuró a llenar. Como sí hizo Scioli, cuyas eventuales propuestas de cogobierno difícilmente pueda volver creíbles si tiene que mantenerse alineado con la presidenta. Algo que ya es tarde para corregir.
Así, la capacidad de resistencia de Massa y De la Sota a la polarización a partir de ahora dejó de ser un motivo de preocupación para Cambiemos y pasó a ser una ventaja estratégica.
Para los líderes de UNA un gobierno sciolista es la peor opción, pues los dejaría sin chances de incidir en la sucesión del liderazgo peronista, y a los sectores productivos de sus respectivos distritos les ofrecería la menos provechosa de las salidas imaginables al brete económico que el kirchnerismo gestó. Más en general, es claro que estos dos fueron hasta aquí obstáculos insalvables para que Scioli lograra seducir a los peronistas de los distritos centrales. Y no parece que vaya a ser más fácil que los remueva ahora, que necesitará más que antes de la adhesión del resto del peronismo, el que vive mayoritariamente del presupuesto público.
Hay un corte que atraviesa al peronismo en esta elección (como lo muestran también los resultados de Jujuy, el conurbano, etc.), y también hay uno que divide al territorio del país y a nuestra economía. Los dos candidatos que han pasado al balotaje van a tener que mostrar que tienen solución a estas divisiones. Que poco tienen que ver con la brecha que el kirchnerismo planteó entre el campo nacional y popular y sus enemigos. También en este sentido el liderazgo de Cristina ya es historia.

por Marcos Novaro

publicado en Clarín, 26/10/15

Posted in Política.