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EL equipo del presidente

Macri necesitaba un gabinete fuerte, articulado, a la vez representativo y técnicamente solvente para encarar la difícil tarea que le espera. Que la gestión saliente no deja de complicar hasta el último día. Con minoría en las cámaras y el control de sólo algunas provincias, el Ejecutivo nacional depende, al menos para arrancar, de sí mismo. De allí el esfuerzo por aprovechar cada cartera para darse impulso.

Los nombres revelan decisiones por la positiva y también por la negativa. No habrá ampliación de la coalición hacia los peronistas disidentes. Las negociaciones con ellos serán legislativas y caso por caso. Eso supone ventajas: menos riesgos e inversión en acuerdos generales en el arranque. Y problemas: más riesgos de mediano plazo ante legisladores oportunistas, sobre todo si a la gestión no le va muy bien.

Por otro lado se ratifica el carácter plural de Cambiemos, con un buen número de referentes radicales (tres ministros y el responsable del Plan Belgrano) o afines (varios propuestos por Ernesto Sanz) más independientes, CC o ex CC, como Prat Gay y Bullrich. Y un núcleo importante PRO que viene de la ciudad.

Y la apuesta a “gobernar para todos los argentinos”. La continuidad de Barañao, quien apenas días atrás lavaba platos en repudio al eventual gobierno que ahora integrará, es una invitación a abandonar la polarización. Que es importante insistir, no afecta mayormente a la sociedad, sólo a los círculos politizados. Habrá entre quienes la promueven los que interpreten mal el gesto, como han hecho con su derrota electoral, y dirán: “miren qué bien, frenamos a ´la derecha´”. Pero esta cantinela de “los dos países” cada vez tiene menos crédito en los partidos y es esencial cortar sus ecos en la opinión pública. En la misma vena hay que celebrar que se desatienda la tentación de arrancar cambiándole el nombre a edificios, hospitales y avenidas. El nominalismo político ya nos hizo suficiente daño.

Este gesto de reconciliación se acompaña de otro que parece su opuesto, pero solo marca otra faceta de la voluntad de cambio: se incluyó en el gabinete el reemplazo de cargos que el kirchnerismo pretende usufructuar varios años más en la AFSCA y el Banco Central. Donde a diferencia de Ciencia y Técnica la mala gestión y el abuso de poder han sido alevosos. El kirchnerismo desprecia la autonomía de toda función pública y el mismo carácter público de la gestión del estado, pero no tiene problema en usarlos de excusa para atornillar a sus agentes facciosos. Nada nuevo: el uso de siempre de las reglas de la democracia para horadarla.

Será una batalla dura para Macri efectivizar esas nominaciones. Sobre todo porque al “plan bomba” se le sumó un combo extra, el “éxodo jujeño”, versión perversa de la gesta de Belgrano con la que Cristina quiere mostrar a Macri como un extranjero invasor, con una legitimidad al menos dudosa. Y negarse a rendirle cuentas de lo que ha hecho, o darle siquiera los números de las cuentas públicas: es él quien debe rendirle cuentas porque ella es la perenne encarnación de la voluntad y los derechos del pueblo. Ya que muchos peronistas siguen aplaudiendo esas palabras será interesante saber si piensan además seguir actuando acorde a las mismas.

por Marcos Novaro

publicado en La Nación, 28/11/15

Posted in Política.


One Response

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  1. Emilio Gaviria says

    El ejecutivo entrante hereda concentración del poder y facultades monárquicas amplias, de siglos pasados, habrá que aplicarlas conforme a las leyes, que no se cumplen. Además según cuenta la historia, nuestros políticos son traidores y venales, cambian de banda a conveniencia. Medio país se cansó y por eso fue elegido, las expectativas son grandes.