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Los mejores días de Macri: controla el Palacio y neutraliza la calle

La consolidación del gobierno tras 100 días difíciles, dedicados a apagar incendios y pagar costos por ordenar y blanquear la herencia recibida, se coronó con la visita de Obama.

 

Ello coincidió con la mayor movilización de los últimos tiempos, por los 40 años del golpe de 1976. Que el kirchnerismo y la izquierda dura usaron para mostrar que la calle les pertenece, que el gobierno podrá tal vez de momento salirse con la suya en moldear nuevas relaciones exteriores, en aprobar proyectos legislativos y reacomodar reglas económicas, pero no va a poder doblegar la resistencia de quienes lo consideran una expresión de la derecha impopular y están decididos a frustrar sus planes.

 

Esta foto, de un lado el Palacio oficialista, con los oropeles que le brindó el amigo del norte, del otro la calle opositora con todo tipo de denuncias y objeciones a una “política gestionada por y para los ricos”, es de todos modos en gran medida ilusoria.

 

Ante todo porque si el kirchnerismo y la izquierda llamaran en cualquier otra ocasión a una protesta abiertamente dirigida a impugnar al gobierno no reunirían más que una porción de la gente movilizada el 24 de marzo.

 

Quienes podrían cambiar esta situación, los sindicatos, aunque estuvieron en la Plaza de Mayo el jueves pasado, su presencia allí fue más bien protocolar, sin esforzarse para nada en que los acompañaran sus afiliados. Y no se contradijo a sus ojos con que sus cúpulas hubieran asistido el día anterior a la cena en honor a Obama. En un gesto más que protocolar: dejaron bien en claro así que desean ser reconocidos como parte del poder institucional estable, y jugar su juego.

 

¿Serán entonces ellos, los sindicatos peronistas, la clave para que el gobierno pueda mantener desactivadas las amenazas de la calle? ¿Lo serán por extensión para que él logre mantener en el tiempo su control del Palacio?

 

En parte sí y así lo entiende Macri, que viene esforzándose por hacer creíbles sus promesas antiinflacionarias, por unificar el campo gremial y moderar las paritarias.

 

Aunque es importante notar que la actitud ambigua de los sindicatos es forzada por circunstancias que ellos no pueden de momento modificar. Si necesitan equilibrar objeciones y presiones con cercanía y diálogo ante el gobierno es por una inclinación acorde de los asalariados y los sectores bajos en general. Que no se diferencian demasiado de las capas medias y altas en las expectativas que depositan para que al gobierno de Macri le vaya bien. Siempre y cuando los problemas económicos derivados de la salida del kirchnerismo no se prolonguen ni carguen exclusivamente en sus espaldas. Mientras esa expectativa exista es difícil que los gremios vayan a pasar de las presiones y quejas a las huelgas y movilizaciones.

 

La clave estará entonces en que en los próximos meses el gobierno pueda mostrar que la promesa de Macri funciona, que hay luz al final del túnel, que ella se acerca y no se aleja, y que en el ínterin los costos se reparten con criterios mínimos de justicia. En esto no se ha avanzado demasiado hasta aquí, y no está muy en claro si se va a poder avanzar más en lo inmediato. Y ello porque a diferencia de los problemas políticos e institucionales, que resultaron más fáciles de resolver de lo esperado, los problemas económicos y en particular los distributivos, se revelaron mucho más complicados.

 

¿Es consecuencia de que el gobierno acertó en la política pero falla en la economía? Más que eso, parece serlo de los inversos resultados alcanzados por la estrategia kirchnerista: fue ella la que acertó en lo económico, pero falló en la política. Por eso la bomba de tiempo está funcionando, mientras que no pasó lo mismo con la apuesta electoral del FPV, ni pasa ahora con la Resistencia en las calles y plazas.

 

Sin duda que el gobierno podría hacerlo mejor en muchas áreas de la gestión económica. Cometió errores en las modificaciones del impuesto a las ganancias, en el manejo y la comunicación de los cambios tarifarios, en la reforma del Indec, etc. Pero más allá de lo que todo eso pudo sumar, lo determinante para el actual cuadro económico es que el plan bomba y la política de tierra arrasada funcionaron bastante acorde a lo previsto. En lo único que los estrategas K se equivocaron fue en negarse a sí mismos la posibilidad de tomar más deuda. No casualmente la clave para sacar ahora al barco de la economía nacional del atolladero en que lo metieron.

 

En cambio en la política el kirchnerismo viene de fracaso en fracaso y sigue a toda máquina por el mismo camino. Se equivocó con los candidatos, en la idea de rodear a Scioli de sus personeros más impresentables, con el intento por acorralar a los medios, después a los jueces, y al final hasta a los espías, con la apuesta por atarse a Irán Venezuela y Rusia, y ahora se sigue equivocando cuando se moviliza de la mano de Sabbatella, Quebracho y el trotskismo. En ese sentido la decisión de La Cámpora de poner toda la gente posible en la calle el 24 de marzo podrá haber salido bien cuantitativamente, pero no deja de ser expresión de un fracaso político: para el futuro del kirchnerismo será mucho más determinante la ausencia de Héctor Recalde de la cena con Obama, a la que fueron en cambio todos los demás sectores peronistas. Una ausencia que puede terminar pesando mucho más que decenas de miles de presencias callejeras, cuando lo que importa es el aislamiento a que un grupo se condena.

 

En ese marco, hasta lo que el gobierno hace mal parece salirle bien. Los intentos de convencer a dirigentes de derechos humanos de participar de la ceremonia en el Parque de la Memoria fracasaron. Y el oficialismo corrió el riesgo de aparecer allí aislado, incapaz de romper las barreras de desconfianza que viene enfrentando. Un poco como le sucedió con el Papa. Pero ese riesgo se evaporó cuando se vio entrar a Plaza de Mayo en el micro de las Madres, y ocupar lugares destacados en el escenario, a Guillermo Moreno y Aníbal Fernández. Una gafe incomprensible que compromete no sólo a los organismos, sino a la dirigencia k en pleno. Detrás de la polvareda que levantan los errores y horrores de un kirchnerismo en descomposición, lo que pueda faltarle o sobrarle al oficialismo es casi irrelevante.

 

La contra de esta situación es que algunos funcionarios pueden estar tentados a creerse infalibles. Es bueno que los funcionarios recuerden, en estos los mejores momentos desde que asumieron, que el éxito puede ser traicionero. Sobre todo cuando algunos vienen de creerse que las elecciones las ganaron por su exclusivo mérito, y fantasean con que con un par de señales más va a haber lluvia de inversiones y que con tal de mantener bajo control el Palacio la calle se va a ordenar sola. Nunca las cosas son tan sencillas, y menos todavía en la política y la economía argentinas.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.arel 28/3/16

Posted in Política.