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¿Cuánto conflicto soportaremos para acabar con la impunidad?

Los peronistas ahora moderados hicieron fila en estos días para advertirle al gobierno, y por extensión a los jueces y a la sociedad, sobre las contraindicaciones que existen de tomarse muy en serio la lucha contra la impunidad.

 

Pichetto dijo que los “puritanos” (aludió explícitamente a Carrió) son irresponsables que producen caos, de lo que supuestamente darían prueba el mani pulite en Italia, el petrolao en Brasil y hasta el nazismo, así que al gobierno le convendría “cuidar los acuerdos” y a quienes los hacen posibles, es decir, a ellos, los dirigentes peronistas de siempre. Gioja tuvo peores maneras a la hora de comparar. Dijo que lo de Lázaro es policial y no tiene nada que ver con Cristina, mientras que la cuenta off shore de Macri sí es política. Más claro imposible: un avance contra la ex presidenta será visto como arbitraria agresión por los peronistas, que podrían eventualmente ir por la cabeza de su sucesor en el cargo, como sugieren hacer ya mismo los K. Más o menos lo que transmitió también Abal Medina: “involucrar a una ex presidenta en una investigación judicial no es muy sano para la Argentina” pontificó. Lo sano sería que se la deje en paz disfrutar de sus millones. Y nos olvidemos de cómo los obtuvo, y de quiénes la ayudaron. Una pax conformista que tendría a estos últimos, claro, de nuevo entre los principales beneficiarios.

 

La idea sería hacer como con los noventa, cuyos pecados sólo ha pagado en tribunales, que yo sepa, María Julia Alsogaray, casi una outsider al sistema de poder. Dado que ahora las evidencias del latrocinio son demasiado abundantes, debido a esa malsana pasión por pesar billetes, tal vez haya que sacrificar a más de uno: Lázaro, Boudou, hasta Cristóbal será tolerable que caigan; pero el riñón del poder no parece muy dispuesto a sacrificar a nadie más, menos a alguien encumbrado.

 

La cuestión es relevante en al menos dos sentidos. Primero, ilustra bien dónde está y qué pretende el “poder real”, ese del que tanto hablan los kirchneristas para explicarnos que ellos lo desafiaron y ahora él habría decidido desquitarse manipulando a la Justicia para que los persiga, como les pasa a Dilma y Lula. No está en ningún grupo de empresas, mucho menos en los medios ni en ninguna embajada. Está en el aparato político más estable y potente del país. Y él no le soltó la mano a los K, ni quiere hacerlo: prefiere digerirlos, reconvertir a los que todavía tengan algo que ofrecer, y olvidarse de los demás lo más rápido posible.

 

Segundo, anticipa el tipo de problemas que va a enfrentar no sólo la Justicia si no la democracia si en serio pretendiera avanzar contra la impunidad y abrir un nuevo ciclo no sólo político sino institucional. ¿Qué camino tomarán los jueces, los funcionarios y finalmente la sociedad, cuando las papas quemen, impunidad o despelote?

 

Argentina viene de recordar y celebrar el Nunca Más al militarismo y eso es muy bueno. Pero convengamos que es como andar por ahí mostrando orgullosos un certificado de vacuna contra la polio: militares con poder real no hay hace tiempo entre nosotros, riesgo de que los haya tampoco, si lo único que nos une es la defensa contra algo que no existe estamos un poco fritos. Ahora queremos  pronunciar otro Nunca Más, uno mucho más conflictivo, trabajoso, pero también más efectivo e innovador. La cuestión es si estamos dispuestos a pagar el precio o vamos a optar, como en otras cuestiones relevantes para la vida pública, por el conformismo.

por Marcos Novaro

publicado en La Nación 10/4/16

Posted in Política.