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Un feo piquete para tapar tres malas noticias

El kirchnerismo hizo el acto que quería. O mejor dicho, el que podía.

 

Logró copar Comodoro Py, amedrentar a los funcionarios judiciales y hasta pegarle a una periodista de Radio Mitre. Cristina pudo mostrar que sigue siendo la misma de siempre, la que habla del amor y llama a la guerra, la apasionada por su “proyecto” que nos ofreció un país maravilloso pero supuestamente culpa del cambio de gobierno en un par de meses se volvió un espanto invivible. Y la que no cree en que exista Justicia Independiente, por los mismos motivos que no hay periodismo independiente, ni fuerza pública independiente ni nada de nada que pueda constituir una casa común para ella, sus seguidores y sus adversarios. Porque hay un brecha insondable e insuperable entre que ella se imponga y nos gobierne o que quede fuera del poder y porque lo que se llama justicia, periodismo y policía si lo maneja ella es poder popular y si no lo maneja es pura mentira y opresión.

 

Hasta ahí el guión y la foto que el discurso de la ex presidenta, reunida con quienes aun la adoran, nos dejó.

 

Pero lo que pasó en los tribunales y sus alrededores este 13 de abril fue por lejos algo mucho más importante que ese acto. Y ni siquiera lo más importante del acto está en esas palabras y gestos.

 

Porque nada indica que Cristina esté retomando realmente protagonismo: al contrario, lo sucedido en Comodoro Py muestra que ahora es una revoltosa pero en última instancia impotente pieza de una historia que van escribiendo otros.

 

En primer lugar, porque ni el peronismo territorial ni el sindical se hicieron presentes para apoyarla. La convocatoria fue mucho menor a la esperada incluso por el gobierno nacional. Y esa soledad en que va quedando el kirchnerismo, evidenciada ya suficientemente tanto en el Parlamento como en la estructura del PJ, a todas luces no tiene remedio ni en esos ni en ningún otro plano: ni siquiera los más audaces lances judiciales contra la “jefa” parecen poder recrear la solidaridad perdida, ni siquiera alcanzan a lograr ese objetivo el marco favorable que ofrecieron estas semanas los tarifazos o los patinazos y desprolijidades en que incurre el nuevo gobierno; dos motivos menos para que tanto en el Ejecutivo como en los tribunales se sigan demorando iniciativas que terminarán con lo que queda del relato sobre las bondades del anterior modelo. Y muy probablemente con un buen número de ex funcionarios y amigotes presos.

 

En segundo lugar porque el kirchnerismo fracasó en mover los hilos de viejas complicidades palaciegas para que Bonadío, y a continuación Marijuan y todos los demás funcionarios judiciales mínimamente decididos a hacer su trabajo, fueran corridos a un lado. También fracasó en instalar una distinción entre política pública opinable y actos judicializables: no podía ser de otro modo porque mandó a Kicillof y Zaffaroni a hacer ese trabajo.

El ex ministro y el ex juez sostuvieron el principio de incertidumbre sobre los resultados para hacernos creer que ni Cristina ni Vanoli, y tampoco el propio Kicillof, podían saber que iba a producirse un perjuicio para el estado cuando lo que vendieron a 10 hubiera que recomprarlo a 15. Y que era por completo legítimo y hasta loable que el gobierno anterior defendiera el valor de la moneda nacional, negándose a refrendar una devaluación que todos daban por descontada. Olvidan alevosamente reconocer que lo que por orden de Cristina Vanoli vendió a 10 ya en ese momento valía 15, no tuvieron que esperar ni un minuto los afortunados compradores para hacerse de una pingüe ganancia a costa del erario público; y también callan el hecho de que para no convalidar una devaluación bastaba que el gobierno kirchnerista se negara a vender futuros a 15, no hacía para nada falta que los vendiera a 10. La discusión sobre las responsabilidades, así, ha quedado bien definida dentro del marco en que la planteó Bonadío: como fraude contra el estado.

 

Por último, aunque el kirchnerismo probó que todavía puede dominar ocasionalmente el espacio público, la calle, pagó un precio demasiado alto para lograrlo y ese precio sin duda ya subió para las próximas ocasiones en que deba afrontarlo.

 

La imagen que ofreció de un cerco patotero sobre los tribunales ni alcanzó a amedrentar a periodistas ni oficiales de justicia, ni facilita la tarea de volver a mostrar solidaridad con la jefa en circunstancias similares en el futuro. Que es inevitable que se produzcan.

 

Skolar, en nombre de Justicia Legítima, se las ingenió para volcar a la Cámara de Casación a favor de dejarle el terreno despejado a los camporistas. Y es probable que ello haya coincidido con el temor padre que tenían en los ministerios de Justicia y de Seguridad a una manifestación muy masiva que terminara con algún episodio de represión o algo parecido. Ahora estos temores se desactivan, junto con la poca razonabilidad que pudo haber acompañado la idea de declarar zona liberada los alrededores y hasta los pasillos de los tribunales.

 

En esta perspectiva lo que vimos se parecería entonces más que a la evidencia de un persistente y admirable poder de movilización, a un postrero y virulento estertor.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 14/4/16

Posted in Política.