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Macri quiere comunicar mejor un método de gestión que cree infalible, aunque ya falló

¿El presidente defiende su autoridad o se revela sordo a las señales de alarma? Puede que haya un poco de las dos cosas: está obligado a jugarse por la suba del gas, pero podría a la vez corregir problemas de coordinación ya evidentes.

Tras la tormenta interna y las críticas públicas desatadas por el freno judicial a los tarifazos el presidente parece haber adoptado una vía que combina cierta corrección comunicacional con la insistencia en el método y los criterios de gestión que viene utilizando tanto en esta materia como en el resto de su administración: “hablaré más y hablarán otros, pero lo demás”, nos dice, “va a seguir igual”.

La respuesta presidencial a la primera crisis seria que enfrenta en el cargo tiene un costado razonable y lógico: Macri entendió bien que lo primero que estaba en juego no era el calor popular (en ninguno de sus sentidos) ni el ajuste fiscal, sino su autoridad, y se jugó para preservarla saliendo a la palestra a respaldar las medidas adoptadas y a sus colaboradores.

Parece decirnos así que si acaso se ve obligado en algún momento a hacer cambios en su gabinete y en su programa de acción no los hará bajo presión de los opositores, ni de los jueces ni de la prensa, ni siquiera apurado por las encuestas o las cacerolas. Se tomará su tiempo y los decidirá cuando más le convenga.

Todo esto puede estar bien pero no agota el problema. Porque al mismo tiempo está marcando un límite a la “disposición a corregirse” tan celebrada hasta aquí: nos está diciendo también que puede revisar esta o aquella medida puntual, por ejemplo en este caso poner un límite a los aumentos, pero no va a corregir el modo en que le gusta y ha decidido hacer las cosas; el método es intocable. Tal vez porque se lo considera infalible. O tal vez porque tema que si empieza a meter mano ahí, en el motor de su administración, el prestigio del gobierno se debilite en vez de fortalecerse, es decir, suceda lo contrario de lo que pasa cuando se muestra dispuesto a corregir medidas puntuales.

¿Se justifica este temor? Probablemente no. Porque ni la infalibilidad ni la fragilidad están demostradas. Al contrario, si tomamos como bueno el antecedente de la ciudad, podríamos incluso concluir lo contrario: allí Macri tardó en ocasiones demasiado en reemplazar funcionarios que no funcionaban y cambiar métodos de trabajo; y cuando finalmente lo hizo no sufrió mayores inconvenientes, ni de dentro ni de fuera de su coalición.

Por otro lado, es cierto que puede haber déficits de comunicación que complican más las cosas. Pero no habría que exagerar su importancia, ni mucho menos usarlos como tapadera para no considerar los problemas de gestión. Ni siquiera en los casos en que esos errores se volvieron algo escandalosos, como cuando Durán Barba, Aranguren y hasta el en general más cuidado Prat Gay se fueron de boca sobre la pobreza, el derrame y cosas por el estilo.

Se supone que una ventaja del gobierno de Macri respecto al anterior es que nos dice la verdad, no minimiza ni oculta los problemas. En ese marco, los despistes de esos y otros funcionarios podrían considerarse “excesos de sinceridad” y revelar más que una condición “socialmente insensible”, como acusa la oposición, un cierto exceso de virtud, una sincera renuencia a dorarnos la píldora, y no ser por tanto demasiado graves ni demasiado reprochables.

Nada de esto obsta que se atienda a un agujero negro de la estrategia oficial sobre las tarifas: el hecho de que se ignoró que entre los que reciben el beneficio de las tarifas sociales y los que pueden pagar los aumentos sin demasiadas dificultades, es decir entre los pobres y los ricos, hay unos cuantos millones de personas que sufrirán y mucho por los aumentos, y unos cuantos miles de comerciantes y empresarios PyMEs que están en parecidas condiciones. El gobierno tiene que resolver los problemas de estos sectores, antes que ninguna otra cosa, lo que requiere de una mucho más cuidada coordinación de información y recursos de la que ha demostrado hasta aquí, después si le queda tiempo puede comunicar mejor.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 26/7/16

Posted in Política.